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Andreu Vergés, 67 años encima de unos patines

Hockey. El reusense es uno de los técnicos de base más históricos de Catalunya. Ya jubilado, todavía ejerce en las categorías inferiores del Vila-seca

Marc Libiano

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Andreu Vergés, 67 años encima de unos patines

Andreu Vergés, 67 años encima de unos patines

El hockey no solo se trata de un hobby funcional para Andreu Vergés, es casi un órgano vital de subsistencia. Lo vive desde que sus tíos, en Sabadell, le facilitaron unos patines cuando apenas acumulaba un puñado de años, todavía en edad infantil. «Yo veía a aquellos chicos que patinaban en el Reus Ploms y me llamaba la atención, pero simplemente empecé por pura coincidencia». Desde entonces, este reusense de 67 años, ya jubilado, ha construido una trayectoria fascinante, por su modestia y por su extrema dedicación. Incluso, ha formado una saga de hockístas envidiable. Sus dos hijos, Marc y Gerard, han alcanzado la élite. Su nieto, Biel, ya exhibe destreza en las categorías inferiores del Vila-seca.

No resulta nada extraño comprobar como Andreu todavía muestra sus virtudes de patinaje cuando se dirige a entrenar a sus equipos benjamín e infantil en Vila-seca. Transforma la edad en un solo número del documento nacional de identidad. Predica con el ejemplo. En ese benjamín, a menudo aparece Biel, su nieto, con el que no hace distinciones. Ya le ocurrió en el pasado, cuando entrenó a sus dos hijos, Marc y Gerard. «Aprendí mucho de aquella experiencia, necesitas abandonar un poco el papel de padre y limitarte a ser entrenador, aunque no es fácil al principio».

El técnico acumula más de 30 años en ese cargo que ha variado de rol. Ha pasado por todas las categorías de formación e incluso ha gestionado plantillas de mayores. Se inició en el Pla de Santa Maria, donde colgó los patines como jugador en activo. En su currículum como formador se encuentran clubs como el mismo Pla, el Reus Ploms. El Reus Deportiu, el Vila-seca y el Calafell. Ha recorrido media provincia y ha batallado mucho por la creación de talento en las canteras, un bien que escasea.

En el pabellón municipal de Vila-seca, Andreu apura sus pasos como educador deportivo. No ha pensado en dejarlo porque el hockey le mantiene vivo, creativo. Sigue disfrutando como en sus primeros días. «No me he cansado porque siento la mismo pasión que al principio», admite. Hasta el punto que calzarse los patines significa una rutina de normalidad. «Normalmente entreno con ellos puestos». 

El cambio en el juego
Los cambios y la evolución que ha experimentado el juego en los últimos tiempos, sobre todo con la implantación del nuevo reglamento, han propiciado que los técnicos de formación hayan necesitado reciclarse para no perder la comba de los nuevos métodos. «El hockey ha cambiado mucho y también la forma de educar a los niños. He tenido que ponerme al día», confirma un Vergés que ha combinado su motor deportivo con la profesión de fontanero electricista. Todavía reside en Reus, una de las cunas del hockey mundial.

La figura de este entusiasta entrenador se ha transformado como emblema dentro del panorama territorial del patinaje. En todas las pistas de la provincia es conocido su rostro y su forma de dirigir a los chicos. Incluso existen muy pocos casos como el suyo a nivel de Catalunya. Hace un tiempo, también expresaba su conocimiento por los pabellones otro reusense histórico, conocido como el señor Miguel. Dirigió hasta pasada la jubilación y se ganó la simpatía del mundillo. Con Vergés y su saga interminable ocurre algo similar. Tipos que dedican al hockey su tiempo sin ánimo de remuneración, simplemente por afición.

El entrenador comparte experiencia y emociones con los nuevos valores del Vila-seca, un club que, a pesar de las dificultades económicas, se conserva de pie y con el afán de seguir creciendo a través del trabajo de cantera. Una buena fórmula.

Su hijo Gerard, el primero en La Masia

La saga de los Vergés ha traspasado fronteras. Todo lo que empezó Andreu, el padre, en el Pla de Santa Maria, ha contado con un seguimiento casi fiel de sus dos hijos, Marc, el mayor, y Gerard. Los dos incluso han llegado a compartir equipo en la OK Liga, la máxima categoría del hockey nacional, en el Calafell. El relevo de los hermanos también parece andar asegurado. Bien, hijo de Marc y nieto de Andreu, ya corretea con unos patines en el equipo benjamín del Vila-seca. Su padre y su abuelo son sus actuales instructores.

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