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Ansu Fati y Vinicius, el clásico se quita las arrugas

Ambos jugadores lideran el relevo generacional en la colisión de gigantes que monopolizaron Messi y Cristiano Ronaldo durante la pasada década

ÓSCAR BELLOT

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Ansu Fati y Vinicius son las dos grandes esperanzas de Barça y Real Madrid. FOTO: EFE

Ansu Fati y Vinicius son las dos grandes esperanzas de Barça y Real Madrid. FOTO: EFE

Leo Messi y Cristiano Ronaldo monopolizaron un clásico que el domingo se quitará las arrugas. Ansu Fati y Vinicius lideran el relevo generacional del litigio con mayor resonancia del orbe. La salida de los astros que tiranizaron el deporte rey durante la pasada década ha dejado un vacío de poder que se aprestan a cubrir dos joyas con un futuro espléndido, pero capacitados ya para desnivelar el presente.

En La Masia encontró un diamante Ernesto Valverde, que el 25 de agosto de 2019 daba la alternativa a un querubín de mirada aviesa y cara de no haber roto un plato en su vida. Lo cocinaba Víctor Valdés en el juvenil azulgrana y le bastaron tres entrenamientos con el primer equipo para convencer al Txingurri de que ya estaba listo para salir del horno. Tenía 16 años y 280 días, pero los verdiblancos probaron su insolencia enseguida.

Acarició el gol con un remate que salió cerca del palo. Se desquitó seis días después. Ante Osasuna, y de cabeza, se convirtió en el goleador más joven del Barça en Liga. Tres meses y medio más tarde tumbó otra plusmarca. Con su diana ante el Inter, se erigió en el artillero más precoz en la historia de la Champions. «Es un sueño, todo está pasando muy rápido», reconocía.

No le faltaba razón. La Federación Española de Fútbol se movió rápido y, después de que obtuviese la nacionalidad española por carta de naturaleza, le apresó. El bisauguineano era un meteoro. Su paso por la sub-21 fue testimonial, porque Luis Enrique también se enamoró de sus condiciones y el 3 de septiembre de 2020 le alistó con la absoluta. Poco después llegó la lesión de rodilla que malograría el curso 2020-21 para la perla culé. El clásico del 24 de octubre en el Camp Nou fue de lo poco que salvó. Era el tercero para él y supuso su primer tanto frente al Real Madrid, aunque el Barça sucumbió.

Al fecundo vivero del Flamengo acudió el Real Madrid para reclutar a un gambeteador que suscitaba comparaciones con Neymar. El Barça le había birlado a los blancos al paulista años antes en una controvertida operación que aún colea. Florentino Pérez se adelantó esta vez a los azulgranas. Pagó 45 millones de euros por un futbolista que en mayo de 2017 contaba 16 primaveras y solo había participado en un puñado de partidos del Brasileirao.

Tuvo que esperar a la mayoría de edad para cruzar el charco. Rezumaba atrevimiento, pero carecía de la cocción adecuada. Así lo entendió al menos Julen Lopetegui, que le mandó al Castilla. Su estreno, testimonial, se produjo ante el Atlético. Santiago Solari le convirtió en bandera de su regeneración, aunque el proyecto del argentino murió pronto y Zinedine Zidane acogió al carioca con recelo: menos de 5.000 minutos en dos temporadas y media. Alborotaba como nadie, pero su forma de definir le hizo carne de memes. Por mucho menos han descarrillado carreras.

Mas el chaval mostró una personalidad enorme. Trabajo, trabajo y trabajo. Fue su mantra. Alternó unos pocos días de vino y rosas con jornadas languidecientes. Pero la marcha del marsellés, cuya condición de mito le abrumaba, y la llegada de Carlo Ancelotti movieron un resorte. El driblador inabordable que se apocaba en cuando pisaba el área mutó en un realizador venturoso. Antes solo acertaba de rebote, ahora hasta sella golazos maradonianos.

La madurez de Vinicius Junior y el regreso de Ansu Fati son como agua de mayo para un clásico que echará de menos a Cristiano y Messi. Libraron 30 duelos sin cuartel al mando de Real Madrid y Barça que son leyenda.

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