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¡Apaga y vámonos! (Nàstic 0-2 Córdoba)

El Nàstic encaja la décima derrota de la temporada en su estadio. El equipo de Nano mereció más

Jaume Aparicio

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Pocas palabras hay en el diccionario de la RAE para definir ya la situación del Gimnàstic en el Nou Estadi. Un campo que es puro elixir para los rivales. Nada mejor que visitar Tarragona para recargar energías. El Córdoba fue el décimo equipo que se llevó los tres puntos del feudo grana. Cuarta victoria consecutiva que le permite soñar con la salvación. Después de una temporada infame, hasta la llegada de Sandoval al banquillo, y dados por muertos, los blanquiverdes se meten de lleno en la batalla por la permanencia y de paso asestan un golpe doloroso a uno de sus rivales directos, el Nàstic.
 

No se lo mereció el equipo de Nano Rivas. Tuvo ocasiones como para, al menos, rascar un empate. Incluso anotó un gol legal, que el árbitro Díaz de Mero anuló por un fuera de juego más que dudoso. La labor del colegiado manchego influyó en la derrota grana. Dio validez al tanto de Aythami, en clara posición ilegal, y al tanto anulado de Kakabadze le sumó un penalti sobre Barreiro en la segunda mitad. El gafe del Nàstic en Tarragona ya viene por sí solo, tampoco es necesario que los árbitros colaboren en empeorarlo.
 

El escenario era idílico antes del duelo. Un rival directo al que una derrota alejaba hasta los once puntos, mientras que ponía tierra de por medio con la Cultural. No podía ofrecer mejores argumentos Nano Rivas para reencontrarse con la victoria en el Nou Estadi. Encajó en el césped a sus hombres más en forma en un 4-4-2, con doble pivote -Fali y Javi Márquez- y la dupla Álvaro y Barreiro arriba. Ni así.
 

Ninguno de los dos conjuntos alzó la bandera ofensiva. El Nàstic quiso importar el juego visitante en casa. Dejarse de esos clichés que obligan al equipo local a asumir riesgos para llevar la batuta del partido. Si se sienten cómodos en el repliegue y el contragolpe, ¿por qué liarse con otro plan más molesto y menos efectivo? Otra cosa es que la urgencia te obligue. Como pasó tras el gol del Córdoba. El partido estaba sumido en la improductividad. Escaseaban las llegadas. Una chilena de Pleguezuelo que Kieszek despejó acrobáticamente fue lo único anotable.
 

La disputa se estableció en la línea de trincheras. Allí erigió su reino José Antonio Reyes. Puede estar en el ocaso de su espléndida carrera. Al borde de la retirada. Pero sus botas siguen destilando un fútbol exquisito. Su pierna derecha sirvió un balón templado tan perfecto que ni el salto de Manu Barreiro, de 1,91 metros de altura, pudo frenarlo. Aythami, que partió junto con otros tres compañeros en fuera de juego, cabeceó para adelantar al Córdoba. Tres veces miró hacia el colegiado antes de convencerse de que el tanto subía al marcador.
 

Javi Márquez no daba a basto para frenar el juego andaluz liderado por Reyes. Cayó en los excesos para detener al futbolista blanquiverde. Se cobró la amarilla y se jugó la roja en la falta que precedió al tanto visitante. La lesión del utrerano le dio un respiro. El Córdoba perdió su referente en la creación y, con el marcador a favor, se guareció en la cueva, alrededor de Kieszek.


La réplica tarraconense no alcanzó hasta la irrupción de Fali en ataque. El valenciano recogió un rechace en la frontal y se animó a probar suerte con un misil que salió lamiendo el travesaño.
 

El juego colectivo no ofreció soluciones. Todo recayó en las individualidades. Kakabadze demostró que está llamado a convertirse en uno de los mejores laterales de la categoría (y algo más). Labró una jugada mesiánica. O Maradoniana, como se prefiera. Cosió el balón a su pie derecho y fue devorando millas al tiempo que dejaba rivales. Hasta cinco se pudieron contar. Soltó el balón en la frontal. Un pase profundo a Manu Barreiro que se la devolvió al georgiano. El balón acabó en la red, pero la árbitro asistente marcó un fuera de juego inexistente.
 

La reanudación trajo fuerzas renovadas. Javi Márquez no salió, dejando su sitio a un apático Tejera. Al centrocampista barcelonés se le exige mucho más. Es uno de los grandes ‘peloteros’ del Nàstic. Es el protagonista de innumerables tardes de gloria en Tarragona. Un pasado que le respalda pero no le exime de seguir ofreciendo rendimiento. Le faltó fluidez. Ofrecer líneas de pase y entregarla con criterio.
 

El equipo se cargó sobre las espaldas de Tete y Kakabadze. El andaluz destrozó a Javi Galán. Aportó el desequilibrio que requería el equipo. Le mandó un centro medido a Barreiro. Igual que en Granada el remate del gallego se estrelló en la madera.

Sandoval mandó cerrar filas. Escatimar espacios y rezar por que ninguno de sus defensores cometiera error alguno. Pleguezuelo tuvo el empate en un remate forzado. Y Kieszek le privó del gol del reencuentro a Dumitru.
 

No podía estar más volcado el Gimnàstic. Álvaro, Uche y Barreiro iban por el centro del ataque, y Tete y Dumitru por las bandas, con las incorporaciones de Kakabadze y Abraham.
 

Igual que le ha hecho el Nàstic en muchos encuentros fuera de casa, el Córdoba mató el partido en un contragolpe. Sergi Guardiola se metió entre los dos centrales para, en una posición similar a la de Manu Barreiro en el gol anulado al Nàstic, marcó el 0-2.

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