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Babic, bautizo imperial

El central serbio del CF Reus lució condiciones en Son Moix, escenario que le vio debutar con excelencia. Poder aéreo, colocación y buena salida del balón, sus mejores virtudes

Marc Libiano Pijoan

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El central serbio del CF Reus, Babic, persigue a Dalmau durante el partido del pasado miércoles en Mallorca. Foto: Última Hora

El central serbio del CF Reus, Babic, persigue a Dalmau durante el partido del pasado miércoles en Mallorca. Foto: Última Hora

Solo 20 años contemplan a Srdjan Babic, uno de esos defensores de anatomía abrumadora, de condiciones físicas elegidas. Aterrizó en Reus casi sin poder abrir boca ni opinar sobre su futuro, en ese último día de mercado veraniego, entre el vértigo de las operaciones relámpago. Sin apenas toser ni respirar. En cuestión de 24 horas abandonó Donosti y pisó la capital del Baix Camp en carácter de prestado. La Real Sociedad necesita que coja vuelo. De ahí esa cesión por una temporada. En Anoeta le siguen al milímetro porque la apuesta por este chico, con rostro de gigante, fue bestial. Un millón de euros costó. El traspaso se dio con el Vojvodina, su club de procedencia. En Serbia, su país de orígen, le ven como el diamante de la nueva generación. Ha completado ciclos de forma natural, siempre como internacional en las inferiores. Su caché en el mercado acumuló puntos tras convertirse en campeón del Mundo sub-20 en 2015, con una aparición interesante en Nueva Zelanda.

Babic enseñó ambiciones en la sala de prensa del Estadi, recién llegado a su nueva casa. «Quiero hablar en el campo, no aquí», aseguró. En Son Moix, el pasado miércoles, disfrutó de su primera noche. Natxo le entregó la titularidad en Copa, a pesar de la ternura en la adaptación. Ni una semana de trabajo con sus nuevos colegas. No importó.

Pareja fiable

El serbio se arropó en la experiencia de Melli, ese defensor con las espaldas anchas, acostumbrado a un millón de situaciones límite, para exhibir parte de ese potencial que le distingue. Asombró su inteligencia para interpretar los registros defensivos, el poder en las alturas se le presume. La coordinación en cada uno de sus movimientos contradice la grandeza de su aspecto. Engaña. Luego ofrece limpieza en la salida del balón. Con los pies suma más que resta.

Babic y Melli, que no habían mezclado jamás, completaron 120 minutos de buen concierto, sólo empañados por ese gol cruel de Brandon en la prórroga, con Reus y Mallorca consumidos de fatiga, aunque titánicos en el esfuerzo. La eliminación prematura en Copa no empañó el bautizo de Babic, que transformó sospechas en entusiasmo.

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