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Ballesteros al rescate (Nàstic 2-2 Cornellà)

Un gol del extremo de Vilassar en la agonía permite sumar un punto a un Nàstic que se adelantó con un tanto de Brugui, pero que en dos fallos individuales defensivo se dejó remontar en la recta final de la primera mitad

Juanfran Moreno

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Los jugadores del Nàstic celebran el gol de Ballesteros en el partido.

Los jugadores del Nàstic celebran el gol de Ballesteros en el partido.

Dicen que los minutos y las oportunidades se reclaman sobre el terreno de juego y no fuera de él. Eso lleva haciendo Pol Ballesteros desde el primer minuto de la temporada, pero parece que sus actuaciones caen en saco roto, al menos a la hora de conseguir un hueco en el once titular. Nadie entiende el porqué. Los que están por delante de él no aportan más y el de Vilassar cada vez que salta al terreno de juego desde el banquillo añade todo lo que le falta al Nàstic en el costado izquierdo. Busca el uno contra uno, sale vencedor de él y este año encima no perdona de cara a puerta. Cuatro goles en lo que va de curso le convierten en el máximo goleador del equipo junto a Brugui. El último llegó ayer en la agonía frente al Cornellà para rescatar un punto bajo la lluvia. El atacante grana conectó un bonito remate de volea que superó a Ramón tras un gran centro de Carlos Albarrán. Un empate frío por el clima y el trasfondo que permite al conjunto grana seguir líder en una clasificación tremendamente apretada que augura sufrimiento hasta el último suspiro de la primera fase. Abróchense los cinturones porque vienen curvas.

El partido comenzó con un Nàstic superior que supo instalar en campo rival con facilidad y progresar mediante el costado izquierdo. Javi Bonilla en el pasillo interior y Joan Oriol en el carril eran claves para zarandear a un Cornellà que andaba totalmente desajustado en esa zona del terreno de juego. Ni la defensa de cinco le permitía cerrar esa grieta, aunque la realidad es que la mordiente grana llegó por el otro costado. Albarrán avisó primero con un disparo seco desde la esquina del área que repelió Ramón. Fue el preludio al primer tanto. Era el minuto 22 cuando el carrilero diestro voló por la derecha aprovechando el pasillo que había dejado el rival en el costado izquierdo y metió un centro medido que Brugui remató en el primer palo con un suave remate. No era fácil, pero el gerundense sigue convirtiendo lo excelente en rutina. Cuatro goles van ya para un jugador que si está en rojo en la agenda de muchos clubes de Segunda División es por algo, si encima anda libre, pues ustedes verán.

Con el gol, el Cornellà se sintió inferior en juego y resultado. Nadie podía presagiar lo que sucedería antes del descanso. El 2-0 se veía más cerca que el 1-1, pero lo cierto es que terminó llegando lo segundo y no lo primero. No fue por mérito rival sino por demérito del Nàstic. Era el minuto 35 cuando Carlos Albarrán quiso progresar con el balón en una zona prohibida y terminó perdiendo un cuero que tras un disparo de Gila y un rebote de Chiki terminó en el fondo de la red.

Lo peor estaba por llegar. El Nàstic pareció remontarse al 2019 en la época de Xavi Bartolo en el banquillo en el que los fallos defensivos individuales eran constantes. Esta vez fue Quintanilla quien quiso controlar un cuero del cielo y terminó cediendo el balón a Agus Medina que le superó y no perdonó en el mano a mano ante Gonzi. Doble castigo de un Cornellà que se había encontrado con dos tesoros inesperados ante dos regalos del conjunto grana. Justo antes del final de la primera mitad y en una mañana de perros. Más inoportuno no podía ser.

La segunda mitad tenía el guion escrito. Un Nàstic en campo contrario buscando el empate y un Cornellà atrincherado bajando el ritmo de partido de manera constante para someterlo en la intrascendencia. Ese bloque de 5-4-1 en bloque bajo en el que se arropó el conjunto de Romo surtió su efecto. El conjunto tarraconense no lograba encontrarle los entresijos, ya que el rival había tapado algunos boquetes que si que dejaba en la primera parte y los de Toni Seligrat se aceleraron en exceso conscientes del paso del tiempo y la inferioridad en el marcador.

El técnico valenciano agitó al Nàstic mediante los cambios. Primero Fullana, posteriormente Pol Ballesteros y Joel Lasso y por último, Pol Prats y Fran Carbia le dieron oxígeno y piernas al equipo en metros finales. Sobre todo, el de Vilassar que supo recibir entre líneas y hallar espacios donde no los había gracias a su desborde. El tanto del empate llegaría con otra gran asistencia de Albarrán que Ballesteros aprovechaba en boca de gol.

El Nàstic buscó el gol de la victoria en una tromba final de fútbol y lluvia en la que no halló premio. El Nou Estadi sigue siendo un fortín, pero lo cierto es que el empate ante el Cornellà es un pinchazo y un mal comienzo de año. La primera vuelta ha llegado a su fin con el equipo líder, pero con una tabla clasificatoria tan ajustada como peligrosa.

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