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Baño de realidad (Nàstic 1-3 Elche)

El Nàstic encaja una goleada ante el Elche después de un pésimo partido del equipo que en 30 minutos encajó tres goles

Jaume Aparicio López

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Baño de realidad (Nàstic 1-3 Elche)

Baño de realidad (Nàstic 1-3 Elche)

A la plantilla del Nàstic o le va el riesgo o es tan torpe como para tropezar dos veces en la misma piedra. No hay otra explicación posible para el pésimo partido que ofrecieron ante el Elche. Tenían ante sí un escenario idílico para dar un ‘sorpaso’ a la tabla. Pero acabó en naufragio por una media hora en el que se rozó el ridículo con tres goles en contra. Si no fue el peor encuentro del curso, cerca estuvo de serlo. Hubo una ausencia total de juego y unaconcatenación de malas decisiones.

El resultado no fue otro que una cura de humildad para todos. O de realidad, como se prefiera. Quien pensase que el sufrimiento y las penurias habían acabado, estaba muy equivocado. Se habrán mitigado por los últimos resultados, pero nada más. Hay todavía mucha tela que cortar antes que celebrar la ansiada permanencia. Un objetivo que requiere tenacidad y mantener estables los pies en el suelo.

Merino lo llevaba diciendo hacía semanas. Repitiendo el mensaje cada vez que tenía oportunidad. «Nada está hecho», «no podemos relajarnos», «cada partido es una final», «hay que mantener la humildad». Sus avisos no eran tomados en serio. Incluso se le miraba como un aguafiestas por no compartir la felicidad de dejar atrás las posiciones de descenso. Algunos ponían cava en la nevera y se llenaban los bolsillos de confeti susurrando la palabra ‘play-off’.

De nada servían las advertencias de Merino que algo debía de ver en sus jugadores para que mantener todas las alarmas encendidas. Sus palabras fueron un prefacio de lo que ocurrió ante el Elche. El equipo se desmoronó ante los ojos atónitos de la hinchada que no daba crédito al repaso táctico, físico y psicológico que sufrían los suyos ante el cuadro de Toril.

El Nàstic hizo aguas por todos lados. Los cambios defensivos resultaron un desastre. Mossa y Djetei no hicieron olvidar los errores defensivos de Bouzon y Suzuki. Todo lo contrario. Agravaron los problemas. Mostraron una falta de acople total. O demasiado abiertos o muy replegados. Hicieran lo que hicieran, regalaban golosos espacios a un Elche que se puso las botas en veloces contragolpes por los flancos, el punto débil del 1-3-5-2.

La brecha más escandalosa estaba en la izquierda. Lobato no estuvo. Sencillamente. Fue su peor versión posible. Entró bien, pero a los diez minutos estaba asfixiado. Perdido en cada transición. Llegaba tarde a tapar a Hervías, dejando a Mossa en inferioridad, y tampoco acudía en ataque para ofrecerse abriendo el campo. Gerard, la otra novedad en el once respecto a los últimos partidos, también acabó en fiasco. Un par de incursiones marca de la casa, pero nada más.

Si en defensa el caos era absoluto, en ataque no era mejor el panorama. La línea creativa Cordero-Tejera estaba demasiado lejos para convertirse en alternativa para la salida de balón. Achille Emana y Juan Delgado peleaban en solitario y sin esperanzas de sacar nada positivo.

El naufragio comenzó con un golazo de Fabian que conllevaba cierta apatía del conjunto local. Dejaron que el jugador rival decidiera qué hacer. Con todo el tiempo del mundo, el futbolista ilicitano se acercó a zona de disparo, levantó la vista y cargó la pierna para enmarcar una diana de museo.

Abierta la lata, el equipo de Toril explotó todo su arsenal ofensivo a la contra. Hervías corría libremente por la derecha para poner el cuero raso al interior del área pequeña. Cada centro era medio gol. El otro medio lo puso Djetei, con un rebote desafortunado y Nino. El infatigable delantero almeriense elevaba la cuenta a tres en el minuto 30.

Quedaba el recuerdo del partido de ida en el Martínez Valero. El Nàstic empezó perdiendo 3-0, remontó 3-4 y concedió el 4-4 al final. Pero esta vez, faltaba cintura para asumir todas las novedades e interpretar los acordes del partido como hizo el Elche en el mismo moento en que descubrió los descosidos locales.

Tocaba hacer cambios en el descanso. No estaba el asunto para esperar cuatro minutos como suele hacer Merino. Emaná y Gerard se quedaron en el vestuario con una cruz en su espalda. Aunque sus relevos no solucionaron nada de nada. Si acaso se redujeron los problemas en defensa, pero con 0-3 al Elche tampoco le hacía falta atacar más. Prefirió centrarse en el repliegue.

Mossa volvió a su sitio de carrilero izquierdo y Lobato a la derecha. Manu Barreiro y Álex López tomaron el relevo para liderar el aspecto ofensivo. Funcionó para retocar el marcador con un testarazo de Barreiro a centro de Lobato. Era el minuto 85 y pensar en la heroica era más fruto del recuerdo reciente de la remontada del Barça ante el PSG que de confianza en sus jugadores. Y la verdad es que con más corazón que cabeza el Nàstic generó más ocasiones. Para hacérselo mirar, también.

Tejera llevó a Juan Carlos a aparecer por primera vez con una falta. Y ya con en las últimas bocanadas del duelo, Mossa estrelló el balón en el palo. Un oásis final en un partido pésimo que vuelve a colocar a los grana a las puertas del Averno. Aunque, mirándolo con perspectiva, ¿quién no hubiera firmado hace un mes estar en esta situación?

Queda ahora encajar el revés cuanto antes y de la mejor manera. Digerir el mal trago y, al mismo tiempo, tomar nota. Todos. Dentro y fuera. No hay más cálculos que los 50 puntos. Quedan 17. Eso es lo único que cuenta.

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