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Bautizo idílico (Mallorca 0 - Reus 1)

El Reus suma la primera victoria de su historia en Segunda División en Mallorca, gracias a un gol maravilloso de Alberto Benito en el minuto 89. Migue García y el local Moutinho, expulsados

Marc Libiano Pijoan

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Los jugadores del Reus celebran el tanto de Benito al fondo de la imagen, ante el desolado cambrilense del Mallorca Joan Oriol. Foto: Última Hora

Los jugadores del Reus celebran el tanto de Benito al fondo de la imagen, ante el desolado cambrilense del Mallorca Joan Oriol. Foto: Última Hora

Bunbury avisó con un repertorio de emociones incontenibles en el escenario de Sonamar. Convirtió la previa en una mezcla de sentimientos encontrados y nostalgia infinita. El rockero consiguió provocar vértigo entre sus fans, les hizo levitar al ritmo de sus himnos. Su memorable aparición se convirtió en una premonición deslumbrante. 24 horas después asomó el Reus en otra platea elegida. El Iberostar Estadi de Palma, a un puñado de kilómetros de Sonamar, le daba la bienvenida al fútbol lujoso, ese mundo de los sueños que a menudo se aleja demasiado de la tierra, de la realidad humana. Benito pareció no olvidar el derroche de energía del músico aragonés. Provocó emociones parecidas gracias a un derechazo delicioso y una actuación repleta de firmeza.

El lateral diestro se había instalado en la izquierda, después del precoz castigo que recibió Migue a la media hora. La doble amarilla le penalizó con extrema dureza. Ingresó Melli para disfrazarse de carrilero derecho. Alberto emigró hacia el otro lado. La naturalidad le delató. Transformó ese pequeño marrón en una rutina del oficio. Su rendimiento no quedó limitado. Benito eligió con inteligencia cada uno de sus despliegues, consciente de que con inferioridad había prioridades más urgentes que volar hacia el fondo enemigo. Esperó. Cuentan a menudo que saber esperar suele traer beneficios definitivos.

Mallorca y Reus instalaron una bandera blanca mentirosa con la pelea cerca de morir. Folch apareció en el 89’ para asociarse. Nadie mejor que el capitán para combinar, para crear sociedades en baldosas de medio centímetro. Ramon abrió una salida para el despegue de Benito, que se había guardado ese último esfuerzo para alcanzar la gloria. El lateral conquistó tres cuartos de cancha y se perfiló para su pierna de seguridad. Con la derecha armó un disparo maravilloso. La curva alejó la pelota de Santamaría, el arquero local, que se estiraba como un chicle. Imposible. El balón perforó el ángulo izquierdo.

La expulsión

Se desató un éxtasis incontenible. Estalló el Reus, que antes manejó el juego con más madurez que belleza. Sorprendió esa capacidad para interpretar los momentos. Se refugió en el orden del ejército en épocas de achique de agua y carencias numéricas. En igualdad se arropó en el balón para expresarse. Sólo la timidez ofensiva le consumió. Benito, eso sí, no andaba para poses introvertidas.

Lago Júnior le amargó la tarde a Migue en dos acciones que le sacaron del partido. Acompañadas las dos con amarillas delatadoras. Con la vida en el horizonte, el Reus se enfrentó a problemas de envergadura superior. Antes, Miramón y Chrisantus se acercaron a Santamaría con miradas de amenaza. El meta respondió con autoridad. Colunga y el supersónico Brandon respondieron en la otra orilla. Nadie logró cambiarle el aire a la tarde en un lugar fetiche que hervía. El Iberostar se asemejó a un incendio de temperatura insoportable.

El orden y la solidaridad distinguieron al Reus en ese ejercicio de supervivencia al que necesitó acudir con 10. Sólo con una actitud fiel se podía hallar el éxito. Desconcertó el apagón del Mallorca. Cuando se le abrió el paraíso acudió al infierno. Sus ataques se contaminaron de excesiva lentitud. Badia no se separó de la atención jamás, pero sobrevivió a la crisis con cierta tranquilidad. El rival desesperó más a sus hinchas, cada vez más hartos e impacientes, que al propio Reus, que llegó al respiro entero y fiable, sin nudos en la garganta ni sustos cardíacos en su rostro.

Cambio de tendencia

Miramón exhibió en su puesta en escena detalles deslumbrantes. En zonas intermedias ocupa bien los espacios y suele elegir con criterio. Emergió para quedarse el balón cuando el enemigo asfixiaba. Construyó una vía de escape extraordinaria para sus compañeros.

El Reus se encontró con una noticia que no esperaba en el plan intermedio. Recién inaugurado el parcial definitivo, Moutinho cometió la torpeza de recibir dos cartulinas sin apenas respiro. Igualó en fichas la partida de ajedrez y mandó un mensaje de debilidad. El Mallorca quedó noqueado.

Vázquez acudió a la rotación para modificar el ritmo, un guión que se asemejaba más a lo que el Reus imaginó en su pizarra. La apuesta de Lekic no le funcionó. Perdió más movimiento ofensivo y capacidad de sorpresa el Mallorca, que con el balón se estrellaba en el campo de minas que el Reus había fabricado. En el otro banco, Natxo, soltó a dos velocistas como Ricardo y Querol en esos minutos quisquillosos, en los que cada error suelta vasos de veneno.

Querol enseñó su zancada de piernas interminables cuando ya nadie era capaz casi ni de suspirar. El control final, el decisivo, el que le hubiera ofrecido la definición, no resultó preciso y la acción terminó en estéril.No importó demasiado.

Alberto Benito escogió la zona de la ejecución final como un francotirador minucioso. En el momento preciso, cuando nadie esperaba nada. Su disparo heló almas y encendió un tormento de protestas en el estadio. Mientras, de Reus se intuyeron botes de alegría, abrazos e incluso lágrimas emocionantes. Como Bunbury en Sonamar. Sólo 24 horas antes.

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