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Benaque, media vida dedicada al Nàstic

Miguel Benaque se jubila después de 35 años trabajando en el club. Comenzó en el 1982, con Nogués en el banquillo, y se marcha orgulloso de que la entidad haya dejado atrás las penurias

Jaume Aparicio

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Mique Benaque le ha dedicado media vida al Nàstic. 35 años ni más ni menos cuidando de todos los rincones de las instalaciones de la Budallera. Las oficinas, los anexos, el pabellón y, por supuesto, el Nou Estadi. 
Un campo del que conoce todos sus secretos. Cuidar del verde fue su primera atribución como trabajador de la sección de fútbol a la que llegó en 1982 procedente del Tenis. Eran épocas ancestrales. Ese césped que siempre ha sido rebelde. Eternamente peleado con el clima mediterráneo. Dejó de preocuparle cuando una empresa especializada se ocupó del terreno de juego. Síntoma del cambio que experimentaba el club. «Antes todo era más familiar. Ahora es mucho más técnico», relata Miguel Benaque desde su casa de Constantí.
En los 80 y 90 ya existían entrenadores minuciosos con el césped. Con peticiones precisas sobre cómo debería estar el césped. Benaque hacía lo que podía para contentarlos, pero siempre dentro de las posibilidades. «Económicamente no había potencial para acceder a según qué peticiones», detalla.
No era de extrañar que de vez en cuando hubiera conflictos. Decir que no a los técnicos, aunque sea por imposibilidad material para cumplir sus exigencias, siempre ha sido una tarea difícil de llevar a cabo. 
Por este motivo Miguel nunca ha querido tener un acercamiento con ningún entrenador del Nàstic. «He procurado no estar vinculados a ellos y hacer mi trabajo. No me gustaba intimar porque no quería coger confianza ya que de cara a sus exigencias siempre existían confrontaciones. Si mantienes la distancia es más sencillo decir que no».
Tampoco han habido graves conflictos, porque como destaca Benaque, «todos los entrenadores han sido conscientes de lo que había en el club y dónde no se podía llegar».
Con los jugadores tampoco ha llegado a tener una relación estrecha. «Con la mayoría sólo cruzaba un ‘Hola’ y un ‘adiós’, pero nada más. Sí que en Primera división hubo más amistad con algunos».
Tres décadas de servicio al Nàstic dan para mucho. Etapas negras y duras, y otras más felices. Las primeras sufre todo el club. Miguel Benaque ha padecido los recortes de las crisis, cuando el equipo estaba abajo y el club no tenía dinero para tirar hacia adelante. 
Se lleva muchos buenos recuerdos. Su primer ascenso a Segunda división con Nogués en la 2000/01. Por no hablar de la felicidad de tocar la Primera división. Él que había empezado con el Nàstic en el barro de Tercera, tenía ahora la tarea de poner a punto los vestuarios del Nou Estadi para recibir a los mejores jugadores del planeta.
A sus 65 años, Miguel ha dicho basta. El trabajador más veterano de la plantilla de profesionales que forman parte de la estructura de la SAE, Benaque da un paso al lado para disfrutar de su más que merecida jubilación. 
Miguel se lleva el cariño de todos. El presidente del Nàstic, Josep Maria Andreu, al que conoce desde hace muchos años, obsequio a Benaque con una camiseta oficial personalizada con su nombre. Además de una insignia de plata con el escudo del Nàstic para commeorar su trayectoria profesional y sentimental con el Nàstic.
La próxima vez que Benaque se asome a la grada del Nou Estadi lo verá diferente. Extraño. Como el regreso a la casa en la que uno creció de pequeño. 
Un sentimiento de orgullo le llenará cada poro de su piel. «Marcho con la sensación de que todo va bien y orgulloso de haber puesto mi granito de arena para que el club y el Nàstic vaya para arriba».

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