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Deportes FÚTBOL

CF Reus: Albístegui asoma en la cocina

El centrocampista rojinegro transita por la sala de máquinas de puntillas y con sencillez. Ha jugado los últimos tres partidos

Marc Libiano Pijoan

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Albístegui celebra un gol del CF Reus junto a Miramón. Foto: Alfredo González

Albístegui celebra un gol del CF Reus junto a Miramón. Foto: Alfredo González

Imanol Idiákez se enamoró de la sencillez de Álex Albístegui (Eibar, 1987) y le colocó en el eje circular de aquel Toledo que peleó por el ascenso a Segunda en junio de 2014. En el camino chocó con el práctico Lleida de Seligrat y el sueño quedó estéril. En todo caso, Albístegui había coronado 40 apariciones solventes, bajo ese trote silencioso, de caballo manso, de chico suyo, en el mundo interior de los introvertidos. Álex detesta molestar y eso lo ejemplifica en su juego. Toca fácil y se mueve, no complica su rostro en tareas que se encuentran a años luz de su naturaleza. Su fisonomía le permite ocupar espacios amplios, aunque cuesta definirle. Se encuentra a a dos aguas entre el pivote defensivo y el interior combinativo. No se trata de un miura agresivo.

Idiákez se lo llevó en la maleta de promesas cumplidas rumbo a Lleida, donde prestó servicios durante dos temporadas (2014-16), con la etiqueta de indiscutible colgada a su espalda. De hecho, a nadie le pareció mal en el Camp d’Esports, territorio de culto para hinchas exigentes. También merodeó el ascenso a la categoría de plata, aunque la puerta no se terminó de abrir. Salió Idiákez de Lleida este verano. También Albístegui, aunque sus horizontes iban a separarse.

Natal de Eibar, ese lugar fetiche del fútbol modesto que no conoce imposibles, Álex es un producto de la fábrica de la Real Sociedad, con la que llegó a debutar un 19 de junio de 2010. Martín Larrasate, el técnico que le otorgó ese privilegio.

Natxo le había analizado con detalle y una lupa milimétrica en tiempos de bronce. Convenció a la dirección deportiva para que cazaran al futbolista en los meses de fuego en las oficinas. El Reus peinaba el mercado para completar la cocina con un chef más. Garai, Folch y Rafa ya se habían comprometido para un año más de degustaciones. Albístegui se sumó a esa lista de inquilinos en una operación sin matices ni sospechas.

Este centrocampista de trote más que de cambios violentos de comportamiento, no ha necesitado demasiado para hallar minutaje. Su actitud siempre se asocia a la intendencia. Juega para el bien común, no para el postureo personal. Valor innegociable para esos elaboradores en la transición defensa-ataque.

La llave de la confianza se llama continuidad y Álex la ha encontrado en los últimos tres domingos de teatro. Los ha disfrutado al completo en Murcia, en el Estadi ante el Lugo y en Huesca. Dos victorias y una derrota, aunque las prestaciones van más allá del crudo resultado.

Es de esos tipos que parecen invisibles porque se aleja del adorno. No resulta sencillo que su fútbol entre fácil por los ojos, pero a Natxo se le ve conforme. Lo mezcla con Garai o Folch según necesidades o contratiempos. En realidad resume una lista larga de recursos en un plantel con muchos obreros y cero vedettismo. Albístegui es una muestra.

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