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CF Reus: Espíritu vacacional en Alcorcón

El Reus cierra la temporada con derrota en Alcorcón, en un partido sin trascendencia en el que sólo compite en la segunda mitad. Regresa Ricardo Vaz

Marc Libiano

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Llovía a mares en Alcorcón y el Reus se disponía a agotar las fechas del curso con el billete del paraíso vacacional en el bolsillo y las maletas con las bermudas y las camisas de flores bien planchadas. Lo de Santo Domingo fue un trámite de papeleo. Cumplir con la presencia e intentar no abandonar la esencia. Costó un mundo porque los futbolistas ya andan agotados de exigencia y aburridos de ese placer de competir por nada. Porque el Reus había cumplido hace semanas con el objetivo. Y la Segunda División penaliza el confort.

El Alcorcón, en cambio, andaba de nuevo amenazado por el abismo. Necesitaba un empate para no llorar un desastre. Sólo por intensidad, por deseo, superó al Reus, más tierno y contemplativo. El escenario, resbaladizo y peligroso para las piernas, tampoco invitaba mucho al disfrute. El Reus se guardó y el Alcorcón voló. El guión esperado. No sorprendió a nadie.

El camino alfarero se alumbró casi sin querer, en el primer suspiro del partido. El Reus no atendió con firmeza a un saque de esquina que remató al primer palo Dorca y que chocó en la espalda de Álvaro Giménez, anotador por accidente esta vez. Esa carambola poco exótica despistó a Badia. Sólo Fran respondió al 1-0 local con un remate alto que pudo ser gol. Debió serlo. Edgar Hernández le asistió con la testa de forma gourmet, pero el tiro de Carbia no cogió portería. Y eso que andaba liberado.

El primer acto se desgastó en el músculo del Alcorcón y en la conformidad del Reus, que tocaba con pereza, sin instinto caníbal. Sólo se cuenta el remate de Fran como amenaza reusense. Demasiado poco.

En cambio, el entusiasmo alfarero derrotó la insistencia del agua por enfangar su pequeña gloria. Álvaro Giménez se acercó a su segundo premio tras acompañar una chilena estética de Nono, demasiado efervescente en el juego, por momentos desquiciado. Giménez no logró conectar una culminación concreta. Murió la pelota a las manos de Badia.

Giménez careció de la delicadeza que sí enseñó Bruno Gama en el 2-0, ya al borde del respiro. Maniobró por la derecha, sorteó a Fran ya dentro del área, y colocó la pelota al palo largo de Badia. Gol de categoría. La dio tiempo al balón a darle un beso a la madera.

Garai modificó el rostro del equipo en el intervalo. Sacrificó a Vítor para dar chance a Lekic, en el banco de inicio. Con dos delanteros naturales, el Reus, por lo menos, recuperó el espíritu y recuperó la entereza. Incluso manejó el juego, con Guzzo y Gus Ledes de la mano en el eje de operaciones.

Al Reus le abandonó también la clemencia arbitral. El juez anuló un gol que pareció legal a Edgar Hernández. Había rematado Lekic desde el rascacielos ante la salida de Casto. Al segundo palo, Hernández la acarició a la red. Nadie vio orsay. Sólo el asistente. Gus, poco después, ejecutó desde la frontal con su zurda de oro. Casto la escupió a córner. La mejora del Reus, en una versión más reconocible, sujetó al Alcorcón, que se dedicó a gestionar el botín, muy amplio y decisivo. Nunca el Reus ha levantado tanta desventaja.

Al Reus le ha pesado el desenlace de la temporada, con esas cuatro fechas de comodidad que se ganó con su trabajo, como le pesaron los minutos finales de Alcorcón. Fatigados por el largo viaje de 42 fechas y la insoportable agua, los futbolistas pedían casi a gritos la conclusión. Antes precisaron soportar otro golpe de Álvaro Giménez, que, a campo abierto, recibió e Bruno Gama y convirtió ante Badia. El 3-0 inició los festejos en Santo Domingo. Se decretó noche de incendio. El Alcorcón permanecerá en la plata, otro vez en el alfiler de la jornada final.

Para Ricardo Vaz, eso sí, los diez minutos finales significaron un tesoro. El alivio de regresar a la profesión, el triunfo de siete meses de duro esfuerzo. La salud de una rodilla. Su salud. El portugués entró en escena para oler el césped y lucir ese 10 que en el futuro debe disponer de un peso crucial en la plantilla. Su arranque de temporada, antes del maldito día en Almería, a pleno mes de octubre, invita a creer en su fútbol. El compromiso siempre lo ha exhibido sin sospechas.

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