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CF Reus: 'Jorge, en las entrañas de El Collao'

El extremo voló en el peculiar estadio del Alcoyano, con cierto aire británico. Convivió con el grana Xavi Molina, su vecino y confidente en los días oscuros. El ascenso a Segunda A en 2011 coronó el sueño
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Jorge, de espalda y cogido en brazos, celebra el ascenso de 2011 con compañeros y aficionados. Foto: DT

Jorge, de espalda y cogido en brazos, celebra el ascenso de 2011 con compañeros y aficionados. Foto: DT

 

Un ambiente especial distingue al estadio de El Collao, la casa del Alcoyano. El escenario desprende cierto aire británico. Coqueto, todavía con las columnas de hierro en la tribuna. Mantiene el encanto del fútbol de antaño. Los hinchas disfrutan del privilegio de casi tocar a los futbolistas desde la grada. Y la afición blanquiazul no es precisamente fría.La ciudad vive el fútbol de forma especial. En Alcoy, ni Barça ni Madrid. El primer equipo es el Alcoyano.
Bajo ese clima de fútbol puro, el rojinegro Jorge Giménez (Bétera, 1985) vivió un trayecto especial. En verano de 2010 aterrizó en Alcoy después deacumular buenos números en el Dénia, siempre en Segunda B. Ocho goles y 33 partidos se convirtieron en su mejor carta de presentación. A Jorge le entusiasmó verse en El Collao, con el césped rápido, volando. Aclamado por los hinchas. Lo logró, aunque aparecieron las dificultades.
Una lesión en el pubis le cortó el camino durante tres meses. Jorge se refugió en Xavi Molina, actual futbolista del Nàstic. Más bien esa relación retroalimentó a los dos. Molina se rompió el cruzado y también sufrió la soledad de la camilla. Los protagonistas no sólo compartían aventura futbolística. Eran vecinos. Puerta con puerta. Aquella sociedad rozó lo familiar.
Jorge y Molina también aprendieron el significado  de vestir la camiseta de un club peculiar, habituado a cierta inestabilidad. En aquel curso quedó demostrado. La directiva, a falta de cuatro jornadas para terminar la fase regular y con el equipo tercero en la tabla, decidió prescindir del técnico Paco López. Se hizo cargo del grupo David Porras. La fortaleza y la unión que había en el vestuario resultaron claves para superar aquel contratiempo. El Alcoyano se mantuvo en los puestos de privilegio y entró en la lucha por la gloria.
Jorge, por aquel entonces, volvía a disfrutar de su profesión. No era fijo, pero sí protagonista. Su perfil gustaba. Rápido, definitivo en el uno contra uno. La banda derecha de El Collao parecía tener nombre y apellidos. 
El Alcoyano mantenía una plantilla con buenos futbolistas. Berna, Paco Esteban, Fabiani, Diego Jiménez, Adrià Granell, Fernando Martín y el eterno arquero Maestro definían el plantel. Sólo sobreviven en la actualidad Devesa y César Remón, que se medirán al Reus este domingo.
La unión era tal que uno de los veteranos, muy creyente, ‘obligaba’ al resto a rezar un padre nuestro antes de cada partido. Surgió efecto. Ascendió el Alcoyano y eso que, a priori, nadie contaba con él para ese baile. En la fase decisiva eliminó al Castilla de Toril, en el que ya enseñaban virtudes Morata, Nacho y un juvenil llamado Jesé. Eibar y Lugo fueron las otras dos víctimas. Nadie paró al Alcoyano.
Este domingo, Jorge regresa a El Collao como rival y eso nunca fue fácil. Los hinchas  no regalan nada, por muy ex que sea. No hay memoria en 90 minutos. Giménez ya lo comprobó la temporada pasada, víctima de la presión insistente del público.
Ayer, el extremo conoció que va a ser padre de una niña en abril, junto a su pareja Lorena. Quiere completar esa felicidad personal con un puesto en el once, en la batalla de El Collao. Si marca habrá homenaje a las dos mujeres de casa. Jorge ha sido suplente en las dos últimas citas, pero no se rinde. Como cuenta la canción ‘Enemigo yo’ de Supersubmarina, su grupo favorito, «aprendí a caer y a chocar con la pared».

Un ambiente especial distingue al estadio de El Collao, la casa del Alcoyano. El escenario desprende cierto aire británico. Coqueto, todavía con las columnas de hierro en la tribuna. Mantiene el encanto del fútbol de antaño. Los hinchas disfrutan del privilegio de casi tocar a los futbolistas desde la grada. Y la afición blanquiazul no es precisamente fría.La ciudad vive el fútbol de forma especial. En Alcoy, ni Barça ni Madrid. El primer equipo es el Alcoyano.

Bajo ese clima de fútbol puro, el jugador del Reus Jorge Giménez (Bétera, 1985) vivió un trayecto especial. En verano de 2010 aterrizó en Alcoy después de acumular buenos números en el Dénia, siempre en Segunda B. Ocho goles y 33 partidos se convirtieron en su mejor carta de presentación. A Jorge le entusiasmó verse en El Collao, con el césped rápido, volando. Aclamado por los hinchas. Lo logró, aunque aparecieron las dificultades.

Una lesión en el pubis le cortó el camino durante tres meses. Jorge se refugió en Xavi Molina, actual futbolista del Nàstic. Más bien esa relación retroalimentó a los dos. Molina se rompió el cruzado y también sufrió la soledad de la camilla. Los protagonistas no sólo compartían aventura futbolística. Eran vecinos. Puerta con puerta. Aquella sociedad rozó lo familiar.

Jorge y Molina también aprendieron el significado  de vestir la camiseta de un club peculiar, habituado a cierta inestabilidad. En aquel curso quedó demostrado. La directiva, a falta de cuatro jornadas para terminar la fase regular y con el equipo tercero en la tabla, decidió prescindir del técnico Paco López. Se hizo cargo del grupo David Porras. La fortaleza y la unión que había en el vestuario resultaron claves para superar aquel contratiempo. El Alcoyano se mantuvo en los puestos de privilegio y entró en la lucha por la gloria.

Jorge, por aquel entonces, volvía a disfrutar de su profesión. No era fijo, pero sí protagonista. Su perfil gustaba. Rápido, definitivo en el uno contra uno. La banda derecha de El Collao parecía tener nombre y apellidos. 

El Alcoyano mantenía una plantilla con buenos futbolistas. Berna, Paco Esteban, Fabiani, Diego Jiménez, Adrià Granell, Fernando Martín y el eterno arquero Maestro definían el plantel. Sólo sobreviven en la actualidad Devesa y César Remón, que se medirán al Reus este domingo.

La unión era tal que uno de los veteranos, muy creyente, ‘obligaba’ al resto a rezar un padre nuestro antes de cada partido. Surgió efecto. Ascendió el Alcoyano y eso que, a priori, nadie contaba con él para ese baile. En la fase decisiva eliminó al Castilla de Toril, en el que ya enseñaban virtudes Morata, Nacho y un juvenil llamado Jesé. Eibar y Lugo fueron las otras dos víctimas. Nadie paró al Alcoyano.

Este domingo, regresa a El Collao como rival y eso nunca fue fácil. Los hinchas  no regalan nada, por muy ex que sea. No hay memoria en 90 minutos. Giménez ya lo comprobó la temporada pasada, víctima de la presión insistente del público.

Hoy, el extremo ha conocido que va a ser padre de una niña en abril, junto a su pareja Lorena. Quiere completar esa felicidad personal con un puesto en el once, en la batalla de El Collao. Si marca habrá homenaje a las dos mujeres de casa.

Jorge participó poco ante Hércules y Mestalla, pero no se rinde. Como cuenta la canción ‘Enemigo yo’ de Supersubmarina, su grupo favorito, «aprendí a caer y a chocar con la pared».

 

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