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CF Reus: Sergi Masqué, 'El último espejo de la cantera'

El mediapunta reusense deja el CF Reus tras 11 temporadas y dos ascensos a Segunda B
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Junto a Sangrà, Ferran, Álvaro y Taranilla logró dos ascensos a la categoría de bronce (2005, 2011)

Junto a Sangrà, Ferran, Álvaro y Taranilla logró dos ascensos a la categoría de bronce (2005, 2011)

En marzo de 2015 anotó su último gol de rojinegro. De hecho marcó dos ante el Elche Ilicitano.

En marzo de 2015 anotó su último gol de rojinegro. De hecho marcó dos ante el Elche Ilicitano.

En 2003 formó parte de la primera plantilla del CF Reus por primera vez.

En 2003 formó parte de la primera plantilla del CF Reus por primera vez.

Fue capitán en los últimos duelos ante el Nàstic del pasado curso. En la imagen, junto a su amigo Xavi Molina.

Fue capitán en los últimos duelos ante el Nàstic del pasado curso. En la imagen, junto a su amigo Xavi Molina.

 

Aquel niño delgado y espigado que ingresó en las inferiores del CF Reus con apenas siete años necesitó convivir con el peso de un apellido prestigioso. Le ayudó su personalidad. Sergi Masqué (Reus, 1985) oculta bajo su timidez una enorme seguridad en sí mismo. Se trata de un tipo tranquilo, alejado del estereotipo de futbolista-vedette. Licenciado en Ingeniería Electrónica, esa capacidad intelectual le ayudó a mantener el equilibrio en los días oscuros. Los hubo, como en cualquier trayecto.
Masqué completó  las fases de formación con precocidad. Se convirtió en ojito derecho de la cantera. Allí empezó a construir amistades en compañeros de viaje como Xavi Molina (Nàstic) e Iván Taranilla (Jesus i Maria).  El reusense ya había enseñado privilegios técnicos en el Col-legi La Presentació. El germen de su historia. En el Reus los pulió y creció como persona. Justo hasta que en 2003, Josep Maria  Golzalvo le presentó con la primera plantilla. Ya no se bajó del buque. Su hermosa novela con el Reus sólo sufrió un desliz. En 2006 fichó por el Sant Andreu, pero no fructificó la aventura. Volvió a casa previo fugaz paso por la Rapitenca. Fue como un delirio de juventud.
El desgaste del tiempo le ha ayudado a engordar registros. Con 153 apariciones es el futbolista con más partidos con el Reus en Segunda B. Debutó en la categoría de bronce un 28 de agosto de 2005 ante el Peralta. Marcó uno de los tres goles rojinegros. Curioso, Natxo  era el míster de aquel equipo. El fútbol, a veces, imita a la vida. Existen los desencuentros.
Masqué se lleva dos ascensos a Segunda B (2005, 2011) para su baúl de recuerdos, además del histórico y reciente play off a Segunda, cuando lució capitanía como relevo de su  amigo, Ferran Asensio. «Me siento orgulloso de lo que he conseguido y de haber podido defender al equipo de mi ciudad», confiesa el protagonista, justo horas después de confirmarse su marcha tras 11 temporadas. El reusense cierra un ciclo. Se ha convertido en el último superviviente de una generación histórica de futbolistas con aire familiar que hizo reflotar al club en tiempos de guerra. «Me hubiera gustado retirarme en el Reus, pero eso, a veces, no lo podemos elegir», admite un Masqué que ha huido del ruido rencoroso en su despedida. Lo ha hecho a su manera. Con elegancia y discreción.  
Cornellà le espera con los brazos abiertos. Con 30 años recién cumplidos se unirá al proyecto que dirige Jordi Roger. 
El próximo 3 de enero, el excapitán pisará de nuevo el Estadi, en una vuelta repleta de nostalgia. Ideal para una despedida a la altura del último espejo de la cantera. El resto sólo es cosa del negocio del fútbol, que transita a velocidad de vértigo y olvida rápido. Demasiado.

Aquel niño delgado y espigado que ingresó en las inferiores del CF Reus con apenas siete años necesitó convivir con el peso de un apellido prestigioso. Le ayudó su personalidad. Sergi Masqué (Reus, 1985) oculta bajo su timidez una enorme seguridad en sí mismo. Se trata de un tipo tranquilo, alejado del estereotipo de futbolista-vedette. Licenciado en Ingeniería Electrónica, esa capacidad intelectual le ayudó a mantener el equilibrio en los días oscuros. Los hubo, como en cualquier trayecto.

Masqué completó  las fases de formación con precocidad. Se convirtió en ojito derecho de la cantera. Allí empezó a construir amistades en compañeros de viaje como Xavi Molina (Nàstic) e Iván Taranilla (Jesus i Maria).  El reusense ya había enseñado privilegios técnicos en el Col-legi La Presentació. El germen de su historia. En el Reus los pulió y creció como persona. Justo hasta que en 2003, Josep Maria  Golzalvo le presentó con la primera plantilla. Ya no se bajó del buque. Su hermosa novela con el Reus sólo sufrió un desliz. En 2006 fichó por el Sant Andreu, pero no fructificó la aventura. Volvió a casa previo fugaz paso por la Rapitenca. Fue como un delirio de juventud.

El desgaste del tiempo le ha ayudado a engordar registros. Con 153 apariciones es el futbolista con más partidos con el Reus en Segunda B. Debutó en la categoría de bronce un 28 de agosto de 2005 ante el Peralta. Marcó uno de los tres goles rojinegros. Curioso, Natxo  era el míster de aquel equipo. El fútbol, a veces, imita a la vida. Existen los desencuentros.

Masqué se lleva dos ascensos a Segunda B (2005, 2011) para su baúl de recuerdos, además del pionero y reciente play off a Segunda, cuando lució capitanía como relevo de su  amigo, Ferran Asensio. «Me siento orgulloso de lo que he conseguido y de haber podido defender al equipo de mi ciudad», confiesa el protagonista, justo horas después de confirmarse su marcha tras 11 temporadas. El reusense cierra un ciclo. Se ha convertido en el último superviviente de una generación histórica de futbolistas con aire familiar que hizo reflotar a la entidad en tiempos de guerra. «Me hubiera gustado retirarme en el Reus, pero eso no lo podemos elegir», admite un Masqué que ha huido del ruido rencoroso en su despedida. Lo ha hecho a su manera. Con elegancia y discreción.  

Cornellà le espera con los brazos abiertos. Con 30 años recién cumplidos se unirá al proyecto que dirige Jordi Roger. 

El próximo 3 de enero, el excapitán pisará de nuevo el Estadi, en una vuelta repleta de nostalgia. Ideal para una despedida a la altura del último espejo de la cantera. El resto sólo es cosa del negocio del fútbol, que tritura sentimientos a velocidad de vértigo y olvida rápido. Demasiado.

 

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