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CF Reus, el tiempo se ha acabado

A la crisis económica del club se ha añadido la deportiva, con cinco jornadas sin ganar y el equipo en zona de descenso. La difícil situación pide soluciones inmediatas para sobrevivir en Segunda . En el entorno se habla de que el Consejo podría pagar una de las dos nóminas que debe esta semana

Marc Libiano

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Joan Oliver, solo, en  el palco. Foto: Alfredo González

Joan Oliver, solo, en el palco. Foto: Alfredo González

El batacazo del Reus ante el Extremadura (1-4) ha acelerado las urgencias. A la crisis económica que padece el club se le ha sumado la deportiva. El equipo acumula cinco jornadas sin ganar y se ha instalado en esa zona que nunca había visitado; el descenso. Ni siquiera de casualidad. Ha llegado ese momento lógico. Lo deportivo ya no sostiene al club. Era de esperar porque la plantilla anda absolutamente mermada, con sólo 16 fichas del primer equipo y no todas sanas. El desgaste y la exigencia de la categoría han acabado engullendo al Reus. Por lo menos a fecha de 19 de noviembre. Los de Bartolo se han estancado en los 13 puntos, pero lo peor de todo es que da la impresión de que el Reus se encuentra en un declive preocupante. Se cae por agotamiento y por una rutina demoledora.

Los hinchas agradecieron con una sensible ovación el esfuerzo a sus jugadores, a pesar del 1-4, en un acto conmovedor, conscientes de que poco más se le puede pedir al equipo. Lucha hasta dónde le alcanzan sus recursos, escasos en argumentos para superar las adversidades. Los golpes ya pesan mucho. El 1-1 de Enric Gallego en el 44 del primer tiempo mandó a la lona esa resistencia emocional del Reus. Hoy, psicológicamente, la plantilla sufre de agotamiento. Decía un futbolista del Reus después del partido en una conversación privada que «yo juego a esto para divertirme y si además puedo ganar dinero, mejor. Pero ahora no hago ni una cosa ni la otra».

En cambio, el contraste con el césped, se dio en el palco y minutos después en el aparcamiento privado próximo al acceso a vestuarios. Joan Oliver, el máximo propietario del club, no rehuyó a los reproches de los críticos. Aguantó insultos de pie, solo, en la zona vip del Estadi. Muy al estilo Joan Gaspar, aquel polémico y peculiar presidente del Barcelona. Camino de su coche particular, unos 30 jóvenes le recriminaron la situación del club, mientras éste les pedía calma. Oliver se encuentra en esa búsqueda de una solución económica que permita un presente y un futuro de esperanza. O venta total de la SAD o de un paquete de acciones importante. Nada llega. Y da la impresión de que el tiempo se ha consumido, porque lo deportivo ya no dispone de gran recorrido.

El máximo accionista y su grupo (Laporta y Rafa Yuste) tienen al club en preconcurso de acreedores (con un máximo de 4 meses de plazo) y a jugadores, entrenadores y trabajadores con dos nóminas de retraso. La amenaza del mercado de invierno se ha posado sobre el presente del Reus. Si sus futbolistas dejan de percibir tres nóminas en diciembre, la ley les permite denunciar y quedar libres. La trama invita a soluciones inmediatas y en las últimas horas ha asomado la posibilidad de que esta semana, el Consejo abone, por lo menos, una paga de las dos que debe. Xavi Bartolo, el técnico, ha reiterado también con absoluta contundencia que «la situación se va a solucionar», pero queda por ver cómo y cuándo. 

El pago de una nómica tampoco ofrece demasiadas garantías. Es un parche para alargar una agonía insoportable. El Reus necesita fondo de armario con la inclusión de nuevos jugadores y para eso hace falta dinero, esa inversión que busca Oliver. Hablan de que no le han faltado propuestas, pero la realidad del Reus es toda en condicional. No se ha concretado ninguna operación que alivie la crisis. 
Sólo Oliver sabe a ciencia cierta hacia dónde camina el futuro. El resto utiliza en verbo «podría» ya demasiadas veces. Y el tiempo se ha agotado.

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