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CF Reus, el valor de la pandilla

El equipo rojinegro dio una lección de solidaridad colectiva para ganar en Almería, rasgo crucial para sobrevivir en la Segunda División

Marc Libiano

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Almería exponía a la luz la credibilidad de una idea y la integridad de un grupo. El examen se convertía en una sustancial prueba de madurez para el Reus. Venía el equipo de encontrarse con el hastío tras tropezar en la piedra del Rayo cuando su tránsito sólo prometía alegrías. Seis fechas sin perder y un paisaje esperanzador le contemplaban. El Rayo, en el Estadi, se encargó de anunciar obstáculos. La Segunda dispone de un misterio con rasgos surrealistas. Nunca entierra a los necesitados, avisa a los confiados. No sólo eso, les condena cuando se fuman un puro habano envueltos de confort. 

La metedura de pata ante los bukaneros advertía al Reus. Castigaba su autoestima por ese golpe ostentoso y repentino. Quedaron sospechas en el aire, también renacieron viejos debates. El fútbol es tierra sin equilibrios. Ensalza a la máxima expresión la letra de una de las bandas pop indie del momento, los Viva Suecia. «Hoy la cumbre, mañana el fango o esa insoportable mezcla entre ambos». Medio en el fango viajó el Reus a Almería. Entonces, esa pandilla que ahora maneja Garai mostró, ante la adversidad, el espíritu de supervivencia que siempre la distinguió. No se trata de un valor joven. Si el Reus compite con las altas esferas, mucha culpa de ello la tienen sus actos de fe. Un equipo experto en transformar partidos de fútbol en rebeliones de hermandad. En Almería, no sólo su dulce juego ocasional le coronó, también la lección de solidaridad colectiva que enseñó.

Muchos se preguntan en qué consiste eso en el argot futbolístico. Lo definió claramente Borja Fernández, el actor principal de esa victoria de quilates en el estadio Juegos Mediterráneos. «Defensivamente hemos trabajado juntos. Cada compañero lo daba todo por el que tenía al lado». El egoísmo, abundante ya a nivel vital, desaparece por el bien común. Cuando se puede jugar, jugamos juntos. Cuando no, apretamos los dientes juntos. Hábitos que el Reus ya exhibió en la obra de Natxo y que se prohíbe perder ahora. Resultaría un pecado capital. En un grupo en el que no abunda el exceso de recursos lujosos, se hace indispensable un nivel de compromiso exagerado.

Datos que hablan
Los registros reflejan el camino del Reus, un camino que dignifica la palabra equipo. 15 puntos en 11 fechas con sólo siete aciertos. Perdura la escasez, se acentúa la rentabilidad. Transita el Reus a lomos de una fiabilidad defensiva deslumbrante. Sólo nueve goles recibidos, segundo menos castigado del campeonato por detrás de Osasuna (8), actual líder. El sistema defensivo como punto de partida, aunque no como única hoja de ruta. Con el balón, el Reus va al frente. Si pueda jugar te ataca, con sus elementos y virtudes. Si no se repliega y utiliza la intendencia para protegerse.

Ante eso conviene no perder demasiado de vista la historia ni tampoco las posibilidades de tesorería. El Reus se encuentra entre los tres presupuestos más bajos de la categoría, no puede acudir a un mercado de elegidos. Diseña con ingenio y no con talonario. En el campo hay días que se puede y hay días que no. Interpretar bien cuándo forma parte del éxito.

En todo caso Garai, arropado por la figura de Bartolo, pretende darle una vuelta de tuerca más al plan. Con el 4-3-3 lucha para que su propósito pise amenace y genere máyor vértigo. No ha conseguido hasta el momento aumentar la contundencia ofensiva, aunque su equipo, sobre todo en casa, ha visitado con una frecuencia superior el área rival. Veremos hacia dónde viaja una propuesta de matices más intensos. El campeonato acaba de inaugurarse.

El entrenador vasco conoce, de antemano, que su Reus anda condenado a realizar esa especie de actos sociales que ofrece los domingos de actuación. No va a poder escapar de ello si quiere permanecer en el escaparate profesional. De ahí su pérdida de energía en reforzar la fascinante idea de pandilla.

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