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CRÓNICA NÀSTIC: Cada vez más difícil

Nàstic y Alcorcón empatan a uno, en un encuentro que deja a los granas más lejos de la permanencia

Juanfran Moreno

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El Nàstic se la juega ante el Alcorcón. Foto: Las Provincias

El Nàstic se la juega ante el Alcorcón. Foto: Las Provincias

El Nàstic necesitaba ganar al Alcorcón para mantener vivas sus opciones de salvación. Era el primero de los dos partidos consecutivos en el Nou Estadi y la última ocasión para reengancharse al grupo de equipos que marcan el corte de la permanencia. Una vez más malograron la oportunidad.

Igual que sucedió con el Sevilla Atlético o el Huesca hace quince días, los granas fueron incapaces de ganar. Esta vez fue aún peor que las anteriores, puesto que desperdiciaron la ventaja en el marcador que Juan Delgado logró en el minuto 15. Bakic igualó la contienda 20 minutos después en una nueva jugada de estrategia pésimamente defendida por el conjunto tarraconense.

Tras el gol, el equipo dejó entrever síntomas de descomposición. Perdieron discurso. Ni Emaná, que empezó en el banquillo arreglaron una imagen que le acerca cada vez más a Segunda B.

Merino corrió a coger el último tren hacia la salvación sin uno de sus baluartes, Achille Emaná. Lo dejó en el banquillo de manera incomprensible. Intentar cualquier hazaña sin el mejor jugador de la plantilla es una temeridad.

El camerunés había demostrado tener más hambre que nadie en los últimos partidos capitalizando todo el ataque grana. Igual que volvió a hacerlo cuando salió en la segunda mitad.

Pero Achille no encajaba en el 4-4-2 que planteó el entrenador gaditano. Azuzado por los problemas de creación que aquejaron al equipo ante el Huesca, Merino dio un paso adelante aunque lo hizo a costa de Achille Emaná.

Si el mayor de los Emaná se quedaba en el banquillo, el que saltaba al campo era su hermano pequeño, Stephane recuperado ya de sus molestias musculares. Su dinamismo provocó alergias constantes a los centrales del Alcorcón que no sabían por dónde se les iba a aparecer el escurridizo camerunés. Sus movimientos, acompasados con los de Juan Delgado, su compañero de línea, revalorizaron el fútbol vertical de Merino en el arranque de partido.

La presencia de Tejera en zona adelantada contribuyeron a inyectar maldad en el juego del Nàstic durante los primeros compases del encuentro. La posesión iba aderezada de peligro y generaba ocasiones suficientes para acomplejar al Alcorcón.

Pero no fue el control plácido del balón lo que trajo el gol, sino la estrategia. Hacía mucho tiempo que el laboratorio no daba puntos. El fichaje de Perone ha supuesto ganar altura y más pegada en las jugadas a balón parado. A los quince minutos de juego, el brasileño cabeceó en el segundo palo un saque de esquina para asistir a Delgado en el 1-0. El golpeo de volea del chileno resultó imparable.

Molina complicó la tarde. Cometió una falta ridícula que el Nàstic defendió fatal. Dejaron solo a Bakic en el balcón del área y enganchó un latigazo imposible.

El Nàstic no supo encajar en el nuevo escenario. El gol alfarero desconectó al equipo grana que perdió el protagonismo del choque. Sus jugadas se espesaron. Delgado y Stephane Emaná perdían gasolina y las mejores oportunidades pasaron a ser del Alcorcón. Los madrileños amenazaban con el segundo cuando llegó el descanso, un respiro para los locales.

Merino tardó dos minutos, los que bastaron para que José Carlos hiciera volar a Dmitrovic a la escuadra para evitar el gol local, en sacar a Achille Emaná. Necesitaba volver a llevar el partido a su terreno y eso con el camerunés en el césped resulta más sencillo.

Achille impuso su jerarquía para ganar balones por presencia. A trompicones fue llevando al equipo hacia arriba. Él solo fue capaz de insuflar energía e ilusión al equipo y a la grada. Pero el equipo necesitó de orden para atacar. Madurar mejor las acciones para trastornar las líneas defensivas madrileñas.

Merino hizo lo que se le pedía hacía semanas, arriesgar para ganar. Situó a cuatro delanteros calibrando el riesgo que ello conlleva para el equilibrio. El principal era que David Rodríguez tenía espacio para correr a la espalda de la zaga tarraconense. El delantero puso a prueba la concentración de Reina con un remate complicado que el meta malagueño replicó con reflejos felinos.

Pudo hacer más daño al contragolpe el Alcorcón pero se encontró con un Bruno Perone inconmensurable. Resolvió todas las dudas defensivas de la zaga tarraconense con contundencia e higiene. Aguantó al equipo atrás.

Las pulsaciones del Nou Estadi no se pusieron a mil hasta los minutos finales cuando ni Achille, ni Stephane, ni Barreiro, ni tampoco Tejera acertaron a rematar entre los tres palos dentro del área. Una última ocasión metafórica con el Nàstic de esta temporada. Un equipo incapaz de ganar. Que desechó una de sus últimas opciones para reengancharse y pinta a Segunda B.

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