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Cambio de dinámica

El Nàstic rompe con la mala racha y ahora hasta la suerte le sonríe. El gol de Barreiro en el 94' confirma el estado de gracia del equipo

Jaume Aparicio López

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Bruno Perone es uno de los rostros felices que han transformado al Nàstic. Foto: Pere Ferré

Bruno Perone es uno de los rostros felices que han transformado al Nàstic. Foto: Pere Ferré

Las dinámicas existen. Son reales. No son invenciones de los protagonistas del fútbol, sino que son responsables de un porcentaje elevado de resultados. Cuanto más igualdad hay entre los equipos, mayor es su incidencia porque los detalles que resuelven las contiendas caen siempre del lado por donde el viento sopla a favor. Y ahora, el Nàstic navega a barlovento.

Una realidad refrendada ante el Córdoba. Después de un asedio de 60 minutos contra la portería andaluza, el gol de Barreiro llegó en el último segundo del tiempo de descuento. De hecho, habían pasado los cuatro minutos de prolongación que había mostrado la pantalla del cuarto árbitro. El partido había entrado en el minuto extra que el colegiado Ais Reig había alargado de manera manual, con señas a su ayudante.

Había aficionados granas que ya habían dejado sus asientos. Algunos aún caminaban por los exteriores del Nou Estadi, maldiciendo la falta de llegada del equipo de Juan Merino y otros esperaban con pie y medio en la boca de salida al pitido final del árbitro. Cuando los cimientos del estadio retumbaron con el gol de Barreiro. Un tanto que en otro momento de la temporada no hubiera llegado.

Cuando el mal fario, y otros factores incontrolables, estaban de morros con el Nàstic el disparo cruzado de Aguza hubiera acabado alojado en el interior de la portería de Reina. El domingo se fue desviado lamiendo el poste del arco grana.

La flor del equipo de Merino ya se había exhibido en La Romareda. El Real Zaragoza estrelló hasta tres balones en el poste. Uno de Ángel con el 1-0 en el marcador y dos más en las postrimerías del partido, con el partido en las manos del Nàstic.

«La mente es muy poderosa», apuntaba Juan Merino en la sala de prensa cuando se le preguntó acerca de ese cambio de dinámica. El técnico gaditano ha conseguido levantar los ánimos de la plantilla. Ha recuperado una mentalidad ganadora, partiendo de esa virtud que considera tan importante para los éxitos, la «humildad». Y no quiere que sus chicos la pierdan ahora. Insistirá y les sacará los colores a todos y cada uno de sus ellos antes que permitir que se duerman en los laureles.

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