Castellón-Nàstic (1-1): Miedo a ganar

Ni Castellón, ni Nàstic supieron sacar rédito a sus momentos. Los locales durante su asedio inicial y los granas con media hora en superioridad numérica

Jaume Aparicio López

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Ribelles y César Díaz en una acción del encuentro en Castalia. FOTO: Marc Guidotti

Ribelles y César Díaz en una acción del encuentro en Castalia. FOTO: Marc Guidotti

Un empate en Castalia es un puntazo. El Castellón es un equipazo. Un conjunto plagado de estrellas y hecho para ascender. Como el Nàstic. De ahí que salir con algo en el bolsillo deba considerarse como positivo. Pero tras jugar más de media hora con un hombre más, pues el empate ya no sabe tan bien. Y más porque pareció que con el partido igualado (1-1) fueran los tarraconenses los que mostraron más miedo a ganar que los castellonenses a perder. Quizás ese es el problema del Nàstic visitante. Que juega con algo de miedo. Acongojado. Como si le faltara esa adrenalina del riesgo que le empuje y le lleve a ganar fuera de casa. Una victoria a domicilio que se le resiste.

Un Castellón-Nàstic, en un Castalia al 100% de aforo y la afición con unas ganas enormes de volverse a ver tras una dramática pandemia, es un partido de la élite. Ya le pueden llamar Primera División, Segunda División, Primera RFEF o como le dé la real gana a la Federación. Es fútbol en su esencia más pura. Una delicia y un privilegio poder vivir una vez más el ambiente de Castalia. Del fútbol de siempre.

Quintanilla y César Díaz pugnan por una pelota. FOTO: Marc Guidotti

Para el Nàstic las buenas noticias llegaron antes incluso del pitido inicial. Cuando el Castellón dio la lista de convocados y en ella no aparecía Pablo Hernández, el jugador franquicia. Un futbolista ídolo en Leeds que hace unos meses recorría las principales ciudades inglesas en la Premier League. Una lesión más que oportuna para los intereses del Nàstic. 

Pero el Castellón no es solo Pablo Hernández. Es Ortuño, es Kone o César Díaz, autor del primer gol del duelo en el minuto 2. Una falta inventada, un centro al área y dos remates que acababan con Manu García recogiendo el balón del fondo de la red. Así de simple hace el fútbol el Castellón. Y todo el plan de Agné por los aires.

El técnico había modificado su dibujo habitual de 4-4-2 para un 4-3-3 con el que intentar controlar el velocísimo juego que propone el Castellón con sus transiciones. Un propósito que no logró en ningún momento. 

Los jugadores granas agradecen el apoyo al medio centenar de aficionados granas desplazados a Castalia. Foto: Iñaki Delaurens

Los albinegros, como hicieron los andorranos hace quince días, sometieron durante más de media hora a un Nàstic frágil y desordenado. Todo lo opuesto al rocoso equipo que disfruta el Nou Estadi. Especialmente mal lo pasó Pol Domingo. Se las vio con miura como Koné que le ganaba todos los duelos. Lo leyó bien el Castellón que cargó su juego por ese costado. 

No se le pudo achacar al cuadro grana que no intentara reaccionar con tímidos acercamientos. Como un tiro de Joan Oriol que despejó de puños Campos. No sirvió para igualar pero sí fue el inicio de una nueva fase. Una más previsible. La que se esperaba encontrar el Nàstic en Castalia. Un Castellón ordenado que aguardaba para salir disparado en cuanto cogiera el balón. El plan habitual del cuadro de Sergi Escobar. Ese en el que cada cabalgada albinegra supone una agonía para el rival. La sensación cada vez que el balón llegaba a cualquiera de los tres era de pánico. Su asociación y verticalidad es exquisita. En apenas dos toques se plantó Ortuño ante Manu que aparecía otra vez para tapar el tiro y evitar el segundo. 

El Nàstic no se fue mal del todo al vestuario. El Castellón no había penalizado en exceso la mala salida grana. La desventaja era mínima (1-0) y la sensación era que el equipo grana había crecido con el paso de los minutos. Había asumido más posesión con acercamientos al área y una ocasión más o menos clara de empatar. Bonilla cazó un balón en el balcón del área y le pegó con una dureza que el portero local apenas pudo desviar mínimamente. Además, siempre estaba la esperanza de que este curso la segunda mitad siempre es mejor. 

Dani Torres dejó a su equipo con diez. FOTO: Marc Guidotti

Sobre todo si a los 15 minutos de la reanudación un jugador tan veterano como Dani Torres comete el error de sacar el brazo con una amarilla. Roja y oportunidad de oro para que el Nàstic se viniera arriba. Para entonces Edgar Hernández ya estaba en el verde. Listo para seguir sumando unidades a su casillero de goles. No tardó en hacerlo. En el minuto 70 exhibía sus dotes refinadas para dejar botar la pelota asistida por Carbia y esperar a que se venciera el portero para dar el pase a la red. 

El partido se ponía de cara. Con superioridad numérica y el Castellón dando pasos hacia atrás. Reculando para evitar males mayores. Un desastre para los locales que pudo consumarse en un cabezazo de Carbia que salvó el meta en la línea de gol. 

El Castellón buscó trabar el juego. Quemar el reloj con interrupciones constantes. Lo habitual en el fútbol español que ‘sancionó’ el árbitro con nueve minutos de prolongación. Un tiempo que el Nàstic no supo aprovechar. Se mostró como un equipo miedoso. Sin ideas. Acabó regalando todo el tiempo de alargue con precipitaciones. Los locales supieron gestionarlo mucho mejor. Mantuvieron al cuadro catalán lejos de su área e incluso amedrentaron a los visitantes con alguna ocasión. Al final reparto de puntos en una tarde del fútbol de siempre. 

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