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Cirujano Lekic

El CF Reus conquista otra victoria ante el Sevilla Atlético (2-0), en un partido incómodo que desnivela el delantero serbio nada más ingresar en el césped

Marc Libiano

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Dejan Lekic celebra el gol con sus compañeros. Foto: Alfredo González

Dejan Lekic celebra el gol con sus compañeros. Foto: Alfredo González

Dejan Lekic (Loznica, 1985) observaba con cierto análisis y esa pose de calma infinita que desprende como el Reus no encendía la luz ante los cachorros del Sevilla. Desde el banco, el serbio disfrutó de una vista privilegiada de los hechos, refugiado del frío y esperando alguna señal de los jefes. Ésta apareció con el partido desgastado y el resultado en un alfiler misterioso. Lekic acudió a la banda para estirar músculos junto al profe David Pajón y el jolgorio del Estadi. Los hinchas veían en sus pies el gol que faltaba. Dejan, con esa media sonrisa de los Balcanes, pareció disponer de una pócima invisible.

Amaneció Lekic a los 60 minutos con la etiqueta del riesgo. Ingresó por Carbonell. Un creador por un depredador. El plan no invitaba a las sospechas ni tampoco a la contemplación. Máyor permaneció en el césped y retrasó unos metros su zona de influencia. Los dos puntas necesitaban no estorbarse, hallar espacios distintos para generar superioridades. Lekic no precisó si quiera entrar en contacto con el juego. La primera pelota que tocó fue gol. A los 68 minutos, sólo ocho después de su puesta en escena, recogió un centro al segundo palo de Máyor para convertir en dos toques. La maniobra, muy clásica, de libreto. Control orientado con el pecho e impacto con el alma y con la diestra. El paisaje se aclaró para el Reus, en una tarde de grises, de claroscuros. El rival puso mucho de su parte. El Sevilla Atlético se marchó del Estadi con el mayor de los respetos. Su delicada situación no le impidió actuar con valentía y belleza.

Si Lekic acaparó el foco en la consecución del éxito, Querol había activado su zancada y ese afán por desesperar a los rivales un rato antes, todavía con el juego parejo. El Reus andaba inmerso en una monotonía de bostezo. Trasladaba el balón a ritmo de pereza y no hallaba los caminos. Querol los abrió con desmarques al espacio supersónicos. En dos minutos disparó dos veces sin premio. No tardó en encontrar un tesoro indiscutible. 

Se había consumido media hora y cazó una pelota de apariencia estéril acostado en la zurda. A pierna cambiada, decidió recortar hacia adentro y utilizó ese arte que sólo los que aprenden en el barrio conocen. Cuando Cristian González estiró la pierna para evitar el avance, el reusense exhibió la puntita para adelantarse la pelota y acto seguido irse al suelo. Penalti. Tan absurdo como real. En todo caso, las penas máximas y el Reus no mantienen una relación de amistad idílica. Gus tomó el balón con entusiasmo, pero su ejecución no perforó a Ondoa, que recibió abrazos y un beso especial de Cristian.

El factor Badia
En el otro arco, Edgar Badia empezó a entender que la tarde pedía acudir al armario a rescatar el disfraz de Supermán. El Sevilla le amenazó con dos remates de Carlos Fernández y Pozo. Puro calentamiento para el portero, que agrandó su rostro para sujetar al Reus. Supermán voló en esos instantes de la verdad, cuando las pulsaciones conquistan el millón y el miedo encoge valentías. 

El visitante Curro inventó un servicio maravilloso de orilla a orilla. Sólo él vio cómo Pozo tomaba la espalda de Miramón. La bandeja de Curro liberó a su socio que acabó de primeras. Jamás pensó en una reacción meteórica como la de Edgar, que evitó el problemón y escupió la pelota. Esa parada precedió el 1-0 de Lekic. Badia, en realidad, es un conquistador de detalles de incalculable valor.

El acierto del serbio no evitó que el Reus esquivara el sufrimiento. Cada punto en Segunda División conlleva una dosis extra de rezo. El sevillista Curro se rebeló contra el mundo y se empeñó en torpedear el guateque en el Estadi. De libre directo y con un golpeo delicioso mandó la pelota a la madera izquierda de Badia. Entre sustos y algún espasmo, nadie imaginó un final tan dulce. 

El Sevilla llamó a la épica en ese último saque de esquina muy inglés. En Old Trafford lo hubieran celebrado a morir. Badia escupió la pelota como un gato entre un millón de piernas y, casi sin querer, construyó una contra diferencial. Ondoa, el meta del Sevilla se había incorporado al remate y mientras volvía a casa vio como Guzzo rozaba la gloria en su vuelta al verde. La sacó Cristian con la cabeza, pero Fran intuye los rechaces como cualquier niño un despiste de papá. Con la zurda encendió los fuegos artificiales. Del diagnóstico y de la cura de males se encargó en cirujano Lekic.

 

Ficha técnica.

CF Reus. Edgar Badia; Jorge Miramón, Olmo, Pichu Atienza, Álex Menéndez; Juan Domínguez, Gus Ledes, Álex Carbonell (Lekic, min. 61); Karim Yoda, Máyor (Guzzo, min. 77) y Querol (Carbia, min. 85).

Sevilla Atlético. Ondoa; Konyk, Berrocal (Muñoz, min. 35), Cristian González (Marc Gual, min. 79), Felipe Rodríguez; Eteki, Fede; Pozo, Curro, José Lara (Matos, min. 68); y Carlos.

Goles. 1-0, Lekic (68’), 2-0, Fran (90’).

Árbitro. Gorka Sagués Oscoz. Mostró cartulina amarilla a Olmo, Lekic, Guzzo ,Muñoz. Expulsó en el minuto 89 al visitante Carlos.

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