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Clifton Onolfo y la ausencia de credibilidad

Fútbol. El todavía propietario americano del CF Reus ha anunciado nuevas iniciativas desde la cuenta del club en Twitter, pero en la ciudad no le creen. Todavía no ha invertido en la SAD 

Marc Libiano

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Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Clifton Onolfo mantiene la  luz del foco abierta, casi un año después de su primera aparición por Reus. Él y su socio Russell Platt, con sede en Londres,  anunciaron a bombo y platillo la compra de la Sociedad Anónima Deportiva el 21 de enero de 2019. Lo hicieron acompañados de una especie de show business muy típico de Estados Unidos. Incluyeron en el nuevo proyecto la construcción de un estadio y la instalación de un centro comercial y de un hotel en los alrededores. Esos aires de grandeza han quedado, de momento, en sombras. 

La credibilidad del propietario ha perdido vuelo en cada uno de los pasos que ha dado. Hasta el punto que pocas personas en la ciudad creen en él. La resolución del Tribunal Administrativo del Deporte, que el pasado mes de octubre ordenó la suspensión del descenso rojinegro a Tercera, ha abierto un nuevo escenario con respecto al futuro de la SAD. Esa determinación del TAD también ha provocado que Onolfo haya pasado de nuevo a la acción.

Si meses antes se había habilitado una cuenta personal de Twitter, en la que se dirigía a los aficionados con mensajes optimistas, esta vez, comunica sus acciones a través del perfil oficial del club. Lo hace desde año nuevo y en las últimas horas ha asegurado que emisarios y representantes del Toronto FC, de la Major League Soccer, visitarán Reus este mes para conocer de primera mano la situación de la Sociedad Anónima Deportiva. Ya había proclamado a todos los vientos que existía un acuerdo de colaboración con la entidad canadiense. Ha advertido que trabaja para devolver al Reus a Segunda A, que ha abierto una línea de diálogo con posibles nuevos inversores y que colabora con el administrador concursal, David López. El Reus se acogió a la ley concursal en marzo de 2019.

El problema es que las proclamas del empresario, con residencia en Miami, apenas causan revuelo. Desde muchos sectores, incluso desde las grandes administraciones públicas, se lo toman con cierto humor. 

Entre otras cosas porque Onolfo no fue capaz de pagar en verano los 200.000 euros que necesitaba para saldar la deuda con los antiguos exfutbolistas del filial, un condimento indispensable para salir a competir en Tercera División. La Federación Española había expulsado al Reus de Segunda B en agosto, porque el abono de 400.000 euros del aval que pedía el ente no se había ejecutado a tiempo, algo que el americano negó hasta el punto que aseguró que ese dinero existía en una cuenta federativa.

La resolución del TAD, del pasado 14 de octubre, responde a un recurso que el administrador, David López, había elaborado ya que consideraba que los procedimientos de actuación de la Federación para expulsar al Reus no se habían efectuado con corrección. El mismo David López tampoco cree demasiado en la fiabilidad del propietario. Muchas palabras y pocos hechos. Por lo menos, hasta hoy. Incluso, el actual responsable de la actividad de la SAD visitó en mayo a Russell Platt en Londres y éste le aseguró que el fondo de inversión no iba a poner dinero ni en Tercera ni en Primera Catalana.

La guerra y el espectáculo mediático que Onolfo y su exabogado, David Peña, generaron tras su separación tampoco ha ayudado a reforzar la confianza en el dirigente, que a pesar de todo conserva la actividad, aunque desde Estados Unidos, donde se encuentra actualmente.
En los últimos días, Clifton Onolfo ha contactado a través de mensaje con algunos de los extrabajadores del club para sondear su disponibilidad y con la gente que confió en él, como Ramon Maria Calderé. La respuestas al americano han contado con la misma dirección. Primero acciones y luego colaboración. Ha perdido la esperanza de los que le tenían fe.

Mientras el propietario lanza órdagos de futuro, la realidad de la Sociedad Anónima Deportiva sigue pidiendo inversión exterior para solucionar sus graves problemas financieros.

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