Càndid Ballart, experto en herencias

Hockey. El arquero relevó con éxito a un histórico como Roger Torelló en el Voltregà y en Reus ha hecho lo mismo con Pedro Henriques. Ya es indiscutible en el arc

Marc Libiano

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Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Càndid Ballart (Manlleu, 27 años) fue un valiente. No llegó al Reus en tiempo de escasez, sino en la máxima exigencia. El equipo acababa de ganar la Champions en 2017, con un protagonista indiscutible bajo el arco, el portugués Pedro Henriques, adorado por los hinchas y llorado cuando decidió volver al Benfica. La determinación del portugués provocó que el Reus necesitara acudir al mercado sin demasiado dinero y con la presión de cerrar una operación de garantías. En el hockey, los proyectos que desean pelear por los premios más golosos, precisan contar con un arquero determinante. 

El Reus cerró a Càndid Ballart, entonces en el Voltregà y con dos cursos de experiencia en la OK Liga. Había enseñado excelentes condiciones, pero en el ambiente pesaba una duda; cómo iba a adaptarse a las obligaciones y a las urgencias de un campeón europeo.

Ditu, como le conocen en la caseta del templo, apareció con un rostro casi despreocupado, como si el foco no le discutiera ni un solo minuto de su tiempo. En lugar de pensar en la dificultad de su elección, pensó en vivirla. Convirtió su fichaje por el Reus en un «carpe diem» en toda regla. El consumo de los días y su progreso le han dado la razón. Acumula tres temporadas en el club y ya nadie le discute su condición. En muchas ocasiones, el fino paladar de los hinchas ya corean su nombre. No existe mayor credibilidad en Reus que la bendición de sus aficionados. Y la del club, que le acaba de ampliar el contrato hasta 2024, como espina dorsal del futuro.

Càndid Ballart resistió a una primera aparición con las sospechas que genera cualquier novedad. Les ocurrió a Vadillo o Trabal, dos de los últimos mitos que han defendido el arco del Reus. La portería rojinegra no es cualquier cosa, cuenta con un embrujo especial y un millón de ojos analíticos cada noche. Sólo Pedro Henriques destrozó cualquier límite espacial de adaptación. La tranquilidad y el equilibrio que enseñó Ballart para evitar la depresión le han llevado hacia el confort actual.

Càndid ya había heredado otra responsabilidad mayúscula en el Voltregà, por el que fichó con apenas 22 años y sin trayecto en la máxima categoría. Se había probado en la Primera Nacional con el Arenys de Munt, con el que levantó una Copa Princesa, su máximo aval materialista hasta entonces. El fichaje por el Voltregà implicaba coger el testigo de Roger Torelló, uno de los actores con mayor credibilidad en la historia del club. Todo un emblema. La rebeldía y ese aroma juvenil con el que tomó el cargo le permitieron superar la dificultad con nota. Para Ricardo Ares, actual seleccionador y técnico de Ballart en aquellos días, no hubo discusión. Llegó para ser titular. En dos años ya se había catapultado a un grande del mostrador hockístico europeo.

La renovación hasta 2024 implica no sólo confianza con sus servicios, también arraigo. El portero de Manlleu nunca ha escondido la comodidad que siente en Reus, no sólo en la entidad, también en la ciudad. El nuevo contrato le va a colgar la etiqueta de emblema siempre y cuando su nivel de juego mantenga el carisma y la evolución de las últimos años. Como Vadillo y Guillem Trabal, el nombre de Ballart puede ganarse un hueco en el e

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