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Con Tejera hasta el final (Nàstic 2 - Oviedo 2)

Un encuentro para el recuerdo del mediocentro, permite a los granas rascar un punto tras una desastrosa primera mitad

Juanfran Moreno

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Tejera fue decisivo en el empate ante el Oviedo.

Tejera fue decisivo en el empate ante el Oviedo.

Hay futbolistas que son capaces de levantar encuentros, alimentar esperanzas y corregir errores. Ayer, Tejera completó una actuación para el recuerdo. Nadie olvidará su choque. El Nàstic-Oviedo del 13 de mayo de 2017 le tendrá para siempre como protagonista. El ‘23’ merecía un partido así. Aúna técnica y pasión en cada uno de los segundos que pasa con la zamarra grana sobre el verde. Un héroe que lleva toda la temporada rindiendo a un nivel excelso. Ayer, rascó prácticamente sólo un punto que puede ser clave en el devenir de la temporada.

El fútbol está escrito. Hace mucho que sus entrañas quedaron expuestas. No tiene secretos. Los encuentros se ganan en las áreas. Si no se está contundente en ninguna de ellas, las posibilidades de perder son muy elevadas. Ayer, el Nàstic cimentó esta idea con su actuación en la primera mitad, donde cada golpe asturiano fue directo a su estómago. No hubo una sensación clara de agobio, pero sí de impotencia. Los asturianos no llegaron en exceso a los interiores del área, pero cada vez que lo hicieron, golpearon directamente en el estómago.

El Nàstic presentó un once que corría un serio peligro. Presentar dos torres en ataque era una idea que implicaba la posibilidad de convertir el juego directo en un credo errático. Y así fue, los granas se saltaron la medular durante toda la primera mitad. La mutilaron. Nada pasó por el centro. La línea de centrocampistas fue una mera espectadora del juego ofensivo. De la defensa a la punta del ataque. Lo que podía haber sido un recurso pasó a ser un tiro al pie.

En el aspecto defensivo, el Oviedo generó peligro con una sencillez imponente. No tenía que hacer grandes jugadas ni explotar al límite el talento que tienen sus hombres de ataque. Tiró de un pragmatismo demoledor. Así llegó el primer tanto de los asturianos, Susaeta lanzó uno de sus característicos centros esperando rematador. Carlitos embocó en el segundo palo sin oposición alguna. Demasiada pasividad a la hora defender una de las principales armas del Oviedo como son los centros de Susaeta.

Tras el gol, el Nàstic se vino abajo. No supo encajar el golpe. De repente, parecía que ni los propios jugadores creían en el plan inicial. Un plan que sorprendió. Todo lo contrario a lo que suele pasar fuera de casa, donde parece que todo se tiene mucho más claro. Los números lo demuestran. El Oviedo rápidamente atisbó que los granas eran un animal malherido. Volvieron a ser extremadamente certeros cuando el Nàstic no había sabido todavía ni encajar el golpe.

Un simple balón largo provocó una serie de infortunios que desembocaron en un catastrófico final. Reina y Bouzón no se entendieron y dejaron a Toché con la portería vacía con un Xavi Molina que intentó protegerla sin éxito alguno. El delantero murciano no perdonó. Fue contundente. Algo que los delanteros granas no están siendo en la mayoría de encuentros de esta temporada. Ni media hora había pasado y la sensación de dramatismo sobrevolaba el Nou Estadi. Aquello fue lo que tiró por la borda el planteamiento inicial del técnico linense. Era el momento de tomar soluciones drásticas. Lo hizo. Sentó a Bouzón y dio a entrada a Valentín en el lateral derecho. Intentó conectar a la medular con la delantera desde el flanco derecho. El experimento de los cuatro centrales había resultado un fiasco.

Giro de guión

En la segunda parte, Merino pareció entonar el ‘mea culpa’. Hizo un segundo cambio que fue clave en la resurrección grana. Sentó a Álex López y metió a Juan Delgado. Además, colocó a Jean Luc y Lobato a banda natural. Aquel movimiento de piezas ayudó a despertar la versión más imponente de Manu Barreiro. El Nàstic comenzó a embotellar a un Oviedo que volvió a demostrar su irregularidad sobre el verde. De repente, se quedó sin argumentos. El Nou Estadi pareció inclinarse hacia la meta asturiana.

Justo cuando más necesitaba el Nàstic un gol para meterse en el encuentro emergió la figura de Tejera. El barcelonés se convirtió en un martillo pilón. Fue constante, intenso y estuvo brillante tanto con cómo sin balón. De sus botas nacieron dos disparos milimétricos desde la frontal. Juan Carlos no pudo hacer nada en ninguno de ellos. Tan sólo observó abatido como un futbolista le había derrumbado su muro con un pragmatismo exquisito. Tal fue la reacción grana liderada por el ‘23’, que a punto estuvo de llevarse los tres puntos, pero Juan Delgado no materializó una contra cuando el partido ya agonizaba. Los granas se llevaron un punto inesperado y que puede ser vital en el devenir de la temporada.

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