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Con cariño, Tomeu

El meta balear visitará el Nou Estadi con el Albacete este domingo. Se fue del Nàstic hace dos años llevándose el aprecio de toda la afición grana

Jaume Aparicio

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Tomeu Nadal en un partido de su etapa en el Nàstic. Foto: Lluís Milián

Tomeu Nadal en un partido de su etapa en el Nàstic. Foto: Lluís Milián

Pocos exjugadores guardan tanto cariño de la afición del Nàstic como Tomeu Nadal. El portero balear estuvo dos temporadas y media en Tarragona y aunque su participación en el equipo resultó escasa (24 partidos) su despedida fue sentida. Tanto que la peña Orgull Grana no se olvidó de él cuando se concretó su salida con una pancarta en la que se leía ‘Gràcies Tomeu’. Un detalle que el meta jamás podrá olvidar. «Me impresionó que la afición del Nàstic se acordara de mí en la disputa de un partido tan importante frente al Tenerife», recuerda. 

La relación con la grada del Nou Estadi se fraguó en los aledaños del estadio. En la humildad que respiraba en el cara a cara y el trabajo profesional que realizaba en el campo de entrenamiento. Dos actitudes que le acompañaron y le ayudaron a superar uno de los peores momentos que puede soportar un futbolista. No poder competir por una cuestión burocrática. La gente empatizó con su arquero ‘suplente’, relegado a la grada por un mala ficha. «Se volcaron conmigo. Ya lo habían hecho desde el primer día, pero aquella injusticia les acercó más a mí», cuenta Tomeu Nadal, para el que el cariño es mutuo.

El balear pasó algunos de sus momentos más duros. Al hecho de no poder jugar se le unió la derrota en la final del play-off de ascenso a Segunda en Llagostera. Pero, aún así, guarda de Tarragona mucho más buenos recuerdos que malos. Como el ascenso o el partido disputado frente al Valencia en Copa del Rey. «Jugar en Mestalla es una de esas imágenes que a uno se le quedan grabadas en la memoria».

Tomeu dejó el Nàstic en invierno del 2015. Cansado de permanecer a la sombre de Reina. Necesitaba jugar. Sentirse importante. El Mallorca le hizo de transición durante seis meses hasta que el Albacete reclamó sus servicios. Como una apuesta firme. Y allá que se fue para encontrar el hueco que desde hace años el fútbol le tenía vetado.

«Tenía claro que necesitaba jugar. En Segunda o Segunda B, pero tenía que buscar un equipo y un entrenador que confiara en mí. Todo eso me lo ofreció el Albacete. Un club histórico con una estructura de Primera división», comenta.

En el Carlos Belmonte asentó su leyenda en un récord que concentró durante semanas la actualidad mediática. Con una racha de imbatibilidad de 577 minutos que le situaron durante tiempo como el portero menos goleado de Primera, Segunda y Segunda B. La apuesta salió a la perfección. En junio, Tomeu celebraba el segundo ascenso en su carrera después del que logró en Tarragona. Dos ascensos «bien distintos, porque en Albacete tuve protagonismo y cuando ayudas a lograrlo sientes una satisfacción enorme». Ambos, eso sí, los vivió intensamente, porque «los dos clubes se jugaban mucho».

La temporada 2016/17 le regaló además una venganza perfecta. En semifinales se midió al Atlético Baleares, el club que sacó a relucir el problema de su ficha en el Nàstic y le dejó sin jugar media temporada completa. Tomeu Nadal fue vital para que el Albacete superara esa eliminatoria y él pudiera «vengarme de aquello y sacarme esa espina clavada».

Este domingo regresa a un hogar que le sigue apreciando. Un sitio que le «ilusiona volver a pissar» y en el que «maduré como persona y futbolista y en la que tengo ganas de saludar a mucha gente que dejé». Seguro que tendrá un reconocimiento de la afición grana. 

Luego se pondrá los guantes para tratar de convertirse en la peor pesadilla de los delanteros granas. En el muro que un día prometió ser en Tarragona pero que las circunstancias lo impidieron

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