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'Cookies' al galope

Abril Rofes, Nahia Parra, Noelia Vega y Jana Bergadà forman el primer equipo Poussin Horseball de la hípica West-Fork de Reus

Jaume Aparicio López

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El equipo al completo posa para el ´Diari´. FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ

El equipo al completo posa para el ´Diari´. FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ FOTO: PERE FERRÉ

«¡Vamos, Filipino!», grita Abril Rofes, de 10 años. El pequeño pony obedece y acelera el trote para llevar a la joven jinete junto sus compañeras Noelia Vega (10 años), Jana Bergadà (10 años) y Nahia Parra (9 años). Juntas forman el primer equipo Poussin de horseball de Tarragona.

El horseball es un deporte por equipos que mezcla el baloncesto, el rugby y la equitación. Cuatro jugadores tratan de hacer pasar la pelota por el aro vertical tantas veces como sea posible.

Izaskun Igarreta fue la responsable de importar este deporte, adaptación europea del pato argentina, desde su Navarra natal hasta Tarragona cuando se trasladó a la Hípica West-Fork. Hace un par de años comenzó con el equipo sénior que compite en la Lliga Catalana. Su objetivo, a largo plazo, es crear una escuela de horseball, como las que prosperan en toda la zona de Girona, pero no imaginaba que pudiera montar un equipo de Poussins (8 a 10 años) tan pronto.

«Nahia, Jana, Abril y Noelia ya estaban en la escuela hípica cuando empezaron a ver a los mayores jugando a horseball. No se lo pensaron mucho cuando les dije si quería aprender. Enseguida se lanzaron», explica Izaskun.

Las cuatro jinetes desprenden energía a raudales a lomos de sus ponies. Ellas mismas fueron las encargadas de bautizarlos. Filipino, Oreo, Chiquilín y Donette eran los nombres perfectos para las ‘Cookies’ (galletas) de la Hípica West-Fork.

El horseball requiere valentía para plegarse en el caballo y recoger el balón por las tiras que lo rodean sin bajarse de la cabalgadura. Es espectacular como el jinete abandona su posición para rozar el suelo con la cabeza y agarrar la pelota. Es una de las peculiaridades más destacadas del juego. El miedo a caerse desapareció rápidamente. Unas pocas caídas fueron el mejor remedio para desprenderse del temor.

Las cookies se entienden. Se animan unas a otras y hasta tienen un ritual para antes de los partidos. Un baile rítmico de palmadas que acompañan con una canción personalizada.

Esos primeros días fueron difíciles. Jana reconoce culpa a su ‘pony malote’ de ese inicio complicado. La recogida de la pelota y los pases también exigieron concentración.

Como todo deporte, el horseball transmite cantidad de valores como «la disciplina con el árbitro», apunta Noelia. Sólo el capitán pueden conversar con el colegiado y siempre con respeto sino quieren recibir fuertes sanciones.

La inocencia la representa Noelia que se congratula de haber marcado un gol... en propia puerta. Un desliz que sus compañeras restan importancia. A estas edades las derrotas son efímeras. Duran más las victorias. Como tiene que ser.


Deporte completo
En la grada, los padres y madres de las ‘Cookies’ siguen con atención el entrenamiento. Kepa Parra, padre de Nahia, apunta los beneficios del horseball: «Es un deporte completo que requiere un trabajo psicomotriz con el animal y con uno mismo, así como el esfuerzo de tronco, que es bestial».

La relación con el caballo es estrecha. Ellos cuidan de ellas durante el juego y acatan sus órdenes dadas con las fustas –en las categorías inferiores no llevan espuelas–. A cambio las chicas miman a los ponies.

El equipo entrena los martes y los sábados y ya han competido en la Lliga Catalana. Han jugado seis partidos con un balance de cinco derrotas y una victoria. Tampoco las importa mucho. Para las cuatro la diversión en el campo es lo que cuenta. Diga lo que diga la tabla «somos las mejores». Un convencimiento fuerte que les ha hecho mejorar mucho en el poco tiempo que practican el horseball.

Acaban el entrenamiento con un suave paseo por los alrededores de la hípica. Las cuatro juntas. Charlando animadamente de su próximo partido. Mientras Chiquilín, Oreo, Donette y Filipino las acompañan como fieles escuderos. Juntos no hay rival que se les resista.

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