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Costumbres rojinegras en el Nou Estadi (Nàstic 1-2 CF Reus)

El fusil de Vitor dictaminó sentencia en un derbi que se adelantó el Reus, por medio de Juan Domínguez, y que Álvaro Vázquez igualó de cabeza en la segunda mitad.

Jaume Aparicio

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El CF Reus sigue mandando en Tarragona. Los rojinegros se han acostumbrado a ganar en el Nou Estadi. Lo hicieron en el curso pasado y lo han vuelto a hacer esta temporada. La elegancia lusa de Vitor Silva, elevada a la perfección, dinamitó el derbi con un golazo de bandera. Una maravillosa rosca que se coló por la misma escuadra de Dimitrievski. Un épico final para un partido gobernado por los reusenses pero que se pudo inclinar para el Nàstic en los minutos finales.

Los del Baix Camp fueron mejores durante 70 minutos. Hasta el gol de Álvaro Vázquez impusieron su hegemonía en la medular. Ante ellos, el Nàstic volvía a mostrar su peor imagen en casa. No ganan desde el día del Sevilla Atlético, el 10 de diciembre. El Reus no sumaba el triunfo en terreno visitante desde su visita a Almería, el 22 de noviembre.  

El derbi no contó con el valor añadido de la fatalidad. Ese punto dramático que trae el tramo final de competición. Con toda la segunda vuelta aún por disputarse, el margen para corregir errores es muy grande. Todavía no hay esa mentalidad de que la liga se acaba y no hay tiempo. Un histrionismo que sí que se vivió el curso pasado. El Nàstic peleaba por la salvación y el Reus por asegurarse una permanencia sólida. Las prisas y la angustia local acabó pasando factura y el derbi se fue para Reus.

Tampoco tenía ese matiz de estar en alguna lucha. El CF Reus marca la zona de la permanencia, pero lejos del Barça B (5 puntos al inicio de la jornada), y aún más de los otros tres equipos con pasaporte a la B (Córdoba, Sevilla Atlético y Lorca).

Toda la pasión corrió a cargo del territorio. Decidir, una vez más, quien es el mejor club de la provincia. El Reus ha ejercido su dominio desde que aterrizó en Segunda. Hasta la victoria del Nàstic el jueves en Osasuna, no había habido ninguna jornada en la que los granas hubiesen estado por encima de sus vecinos. La categoría de plata había otorgado el dominio al Reus.

Y así siguió en los primeros minutos del partido. Los de Aritz López Garai plantearon un partido inteligente y atrevido. Acertó el técnico vasco al situar ese amplio centro del campo. Logró ahogar la salida de balón del Nàstic. Yoda, Juan Domínguez, Vitor y Carbonell exhibieron una colocación impecable que atraía balones y provocaba los errores locales. Gaztañaga, Juan Muñiz y Matilla no creaban pasillos de escapatoria. Maikel Mesa, ubicado en la mediapunta, se veía obligado a rescatar a los defensas cruzando la línea divisoria para generar superioridad. El canario también cayó en la espesa red rojinegra organizada sobre la medular del rectángulo grana.

A pesar del agobio continuo al que los reusenses sometían a los tarraconenses, fue Maikel Mesa el que gozó de la primera ocasión de peligro. Un pase largo, único recurso que les quedaba, que el centrocampista controló ante Edgar. Su disparo no cogió portería.

El CF Reus acusaba su falta de gol. Llegaba con facilidad a las proximidades del área grana, pero le faltaba acertar en el último pase. En esos metros decisivos fue donde mayores apuros pasó el cuadro rojinegro.

El Nàstic atacaba esporádicamente, aunque siempre amenazante. Tete Morente se inspiraba en la banda. Tocaba poca pelota, pero cuando lo hacía superaba rivales con dosis elevadas de talento.

Muñiz desesperaba con su descolocación e imprecisión. Podía haberse resarcido con un lanzamiento de falta que rozó el palo.

Al mejor planteamiento del Reus, se sumó una marcha más en intensidad que el Nàstic. En ese aspecto, que decide los balones divididos, los rojinegros anduvieron por delante. Detalle importante para que te salgan bien las cosas.

Los del Baix Camp disfrutaban, mientras los locales volvían a sufrir con su cara B, la ya habitual en el Nou Estadi. De nada sirven los triunfos en Vallecas o Pamplona si ante tu gente no das la talla.

La insistencia del Reus obtuvo el premio del gol en las postrimerías del primer acto. Medio tanto regalado por la defensa grana. Gaztañaga fue el primer responsable. Saltó sin convicción. Medio en broma. El balón le despeinó. Ningún zaguero del Nàstic se lo esperaba. Como tampoco que por el bosque de piernas apareciera Juan Domínguez para soltar un tiro raso que superó a Dimitrievski. Un resultado justo que iluminó el electrónico al descanso.

El repaso reusense siguió tras la reanudación. Los peloteros de López Garai gobernaban el juego. El control animó  los seguidores rojinegros a corear olés. Enjauló a un Nàstic enrabiado, pero siempre peligroso. Le faltó más atrevimiento al cuadro del Baix Camp. Se conformó a mantener el choque bajo control. Alejando al Nàstic de su área.

La salida de Dumitru y de Álvaro Vázquez rompió esos hilos que amordazaban a los jugadores de Rodri. El Reus se inquietó y comenzó a recular empujado por los arañazos locales. El empate se convirtió en inevitable. Álvaro Vázquez anotó su segundo tanto con la camiseta del Nàstic con un remate impecable de cabeza.

Se hizo el equilibrio en el verde. Un balance que se rompió a los cinco minutos para el final. Una jugada polémica que decantó el derbi para el Reus. Dumitru cae en el área atropellado por David Haro. Los jugadores granas levantan las manos pidiendo penalti. De la Fuente Ramos deja seguir. El contragolpe pilla al Nàstic desarmado. Vitor recoger el esférico en el borde del área y con la precisión de su bota derecha, la aloja allí donde dormitan las arañas. Un gol de fábrica de lujo. Un tanto que vuelve a poner al Reus por delante en la tabla, como casi siempre en Segunda.

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