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Deportes FÚTBOL

Crónica: Al borde del desahucio (UCAM 1-1 Nàstic)

El Nàstic empata en la Condomina y mantiene el farolillo rojo de colista. Luismi adelantó a los granas pero Natalio igualó el choque. Uche agredió a Morillas y vio la roja directa

Jaume Aparicio López

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Imagen del duelo de este sábado. Foto: La Opinión de Murcia

Imagen del duelo de este sábado. Foto: La Opinión de Murcia

Las autoexpulsiones deberían estar sancionadas. Da igual si hay provocación, rigor arbitral o cuentos chinos. Un jugador profesional debe controlarse. En frío y en caliente. Mirar por el equipo. Eso es lo único que debe ocupar los pensamientos de los futbolistas. Al menos los del Nàstic, los del resto importan un bledo. Quienes vistan los colores granas deben actuar acorde con la historia y la tradición de un club centenario. Y si no lo hacen, sanción al canto.

Ike Uche reaccionó pésimamente a la provocación de Morillas. Ese futbolista que celebró exultante el emparejamiento del Nàstic con el Huesca cuando pertenecía al conjunto oscense. Incitó al nigeriano, cruzándose por el medio e impidiéndole el avance en dos ocasiones, y le llevó al huerto. La agresión mereció la roja sin discusión. Una roja -la quinta en los últimos cuatro partidos jugados- que dejó al Nàstic sin posibilidad de disputar la victoria.

Hasta la autoexpulsión de Uche el equipo de Merino compitió. Desplegó oficio en el primer tramo del arranque y aprovechó una jugada de estrategia para adelantarse en el marcador. Merino planteó un segundo tiempo paciente, a la espera de un contragolpe que sentenciara el duelo. Pero llegó el empate de Natalio, la roja a Uche y la presión atacante del UCAM Murcia que dejó escapar con vida a un rival directo.

Tampoco le queda mucha al Nàstic. Suma 18 puntos, 32 de los famosos 50. Debería ganar la mitad de los partidos que quedan. Ahí es nada. La flexibilidad táctica de Juan Merino en función de la disponibilidad de sus mejores jugadores se plasmó en el cambio de dibujo respecto al partido de la pasada jornada. Sin Manu Barreiro, sancionado, el esquema se adaptó a jugar con un solo delantero, Uche.

El más beneficiado con el cambio fue Emaná. Achille prefiere la libertad del mediapunta al encorsetamiento de la banda izquierda. Su expresión futbolista requiere el mayor lienzo posible. Aunque aún no está para ofrecer cuadros de pinacoteca. El camerunés se tiró la primera media hora de juego contribuyendo a frenar el fuerte arranque universitario. Un esfuerzo para el que todavía no está preparado. Luego, cuando tuvo que encarar portería en una clara ocasión de gol antes del descanso, le fallaron las fuerzas. Remató flojo y alejado.

En la segunda mitad y el marcador a favor, Merino le adelantó unos metros para formar dpla en ataque con Uche. El técnico volvía así al 4-4-2. Le otorgaba mayor equilibrio de las líneas y la posibilidad de apurar el contragolpe con dos ases como Uche y Emaná.

El entrenador gaditano castigó la apatía de Jean Luc y premió la predisposición de José Carlos ante el Tenerife. El andaluz volvió a pasar el paño abrillantador por su deteriorada imagen con una actitud activa y colaboracionista en todas las facetas. Esa mentalidad entregada y enchufada desde el primer minuto le disipa dudas. Toma mejores decisiones y más acertadas. Todo la propuesta ofensiva grana en el primer tramo de partido salió de sus botas.

Pero si alguien volvió a destacar fue Luismi. Impecable en la recuperación, el andaluz mantuvo su discurso fácil en el juego. La idea guardiolana del ‘take the ball/pass the ball’ plasmada en el verde con sencillez. Sin alardes pretenciosos.

El gol fue secundario. Fruto de esa habilidad de llegar a la posición antes que nadie. Cazó el balón en el segundo palo después de un saque de esquina largo de Muñiz, que el portero local, se tragó. El primer remate lo repelió la defensa. El segundo, duro y al otro poste, fue imparable.

A Luismi le acompañó Tejera a la perfección. Se coordinaron idílicamente en la ocupación de los espacios. En el primer tiempo les costó encontrar la verticalidad. Menos por su capacidad de visualizar las líneas de pase que por la movilidad de los atacantes. Uche sigue espeso. No se encuentra cómodo en Tarragona. Expresó esa impotencia en una agresión absurda. Una estupidez impropia de un jugador de su experiencia que dejó a sus compañeros en una situación límite.

La línea defensiva se mantuvo intacta. Suzuki, Bruno, Bouzón y Mossa atendieron con presteza los minutos de presión a la que le mantuvo el UCAM al inicio del choque. Soportó hasta las ansiosas jugadas de estrategia. Tan incómodas en los últimos partidos. Bruno Perone aprovechó sus centímetros para imponerse. En ese aspecto, se dio un paso en solidez.

Se sufrió más por las bandas. Collantes, ese velocísimo y habilidoso extremo con un largo historial de ascensos a Segunda, mantuvo ocupado a Mossa. Cedrick también tuvo a Suzuki enfaenado buena parte del primer acto.

El rigor defensivo se despistó en una de las primeras acciones de la segunda mitad. Natalio fusiló a Reina tras un control de Jona. El UCAM comenzó a verlo todo de cara. Tuvo al Nàstic a su merced . Lo encerró. Remató infinidad de veces. Hasta topó con el palo. Evidenció su falta de gol y perdonó a un Nàstic que suma un punto insuficiente que le deja al borde del desahucio.

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