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Deportes Hockey

Crónica Vendrell-Reus (6-3). 'Tierra del Moritz'

El Moritz Vendrell se lleva el derbi ante el Reus en un partido repleto de alternativas, aunque mejor jugado por los de Varias, sobre todo en el segundo tiempo
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Los aficionados locales celebran uno de los goles de anoche.

Los aficionados locales celebran uno de los goles de anoche.

 

En tierra del Moritz ganó el Vendrell. Lo hizo en otro derbi repleto de alternativas en el primer acto y de color local en el segundo. Manejó varios registros el equipo de Varias. Corrió cuando lo necesitó y sesteó con el poder de la ventaja. Fue riguroso y rescató la mejor versión de su arquero, Guillem Fox. Por eso ganó. Al Reus le faltó un punto de atención defensiva. Cometió errores que pagó. Cuando quiso volver no pudo.
Miras se encargó de abrir fuego en la puesta en escena. Recibía para encarar siempre. La defensa del Reus necesitaba ayudarse. Ser solidaria para impedir el desequilibrio del jugador franquicia del Moritz. Lo hizo con cierta coherencia. Esa opción entraba en el diseño del partido inicial. 
El entusiasmo del Moritz creció.Buscó el gobierno del derbi con un juego vertical, no ofrecía respiro. Tampoco le importó a su rival. Le gustaba ese escenario al Reus. Si de algo ha presumido es de su pasión por el contragolpe. Fox y Molina, losdos arqueros, se intercambiaron protagonismo. Las llegadas al gol eran frecuentes. No había tregua. La noche era dulce para los hinchas.
El Vendrell encontró el premio curiosamente en algo ajenano al juego. Lo hizo en una falta que sirvió Miras. La barrera reusense se abrió y Molina no adivinó la dirección del disparo. A los 15 minutos. El vértigo del partido obligaba a pensar en que aquel gol era sólo el principio de algo maravilloso. Los dos querían jugar. Sentirse protagonistas. No apareció ni un resquicio para el conformismo.El Reus mantuvo la firmeza. No se descosió con la desventaja. Por eso halló un empate que era oro. A tres del descanso, Coy agarró una bola en media pista, dibujó una diagonal y su pala mandó esa pelota al ángulo. Imposible para Fox. Muy tapado.
En todo caso, el ojo clínico de Miras sirvió para enviar al Moritz con botín al descanso. Encontró un penalti, especialidad de la casa, para batir a Molina, aunque el derbi estaba por definirse.
Mitjans no esperó para dibujar una acción  repleta de lujo. Con muchos aficionadostodavía pidiendo las pipas en el bar. Salió de detrásde la portería amagó lacuchara y giró. Sólo con ese movimiento dejó al defensor sin respuesta. Luego definió como los ángeles. Con destreza. Sin apoderarse de ansiedad. El 3-1 abría un nuevo panorama. El Reus necesitaba más riesgo. Y eso era sinónimo de peligro.
Temblaron los visitantes por primera vez en la noche. Se arroparon en Molina para permanecer con vida. El arquero necesitó de su estado más superlativo para achicar agua. Mientras, Fox sólo necesitaba atención. El Reus no le generaba excesiva inquietud.
Máxima tensión
Ni siquiera el gol de Costa, de espaldas y con un toque delicioso, permitió a los de Domínguez crear pánico. Rápido respondió Jordi Ferrer con el 4-2, con poco más de 14 minutos por delante. Fue entonces cuando los locales se agarraron a su hockey más cerebral para cerrar la pelea. Corrieron menos, pero también dejaron menos opciones para que el Reus corriera. El cuatro contra cuatro, el ataque estático, atascaba al Reus.
Éste debía cambiarle el paso al derbi si quería regresar, pelear por el éxito. Sus opciones se dismunían con el paso del tiempo. Cada minuto consumido era un dolor de cabeza. Una llamada a la precipitación. Justo hasta que Costa volvió a ser el más listo dentro del área. En el juego de intendenciano hay otro como él.  Cazó otra bola muerta para poner el derbi en un infarto. El Reus se llenó de fe, pero Coy se la quitó con una azul inorportuna a tres minutos del final. En la falta directa, Mitjans dibujó la gloria. Incluso la adornó al 

En tierra del Moritz ganó el Vendrell. Lo hizo en otro derbi repleto de alternativas en el primer acto y de color local en el segundo. Manejó varios registros el equipo de Varias. Corrió cuando lo necesitó y sesteó con el poder de la ventaja. Fue riguroso y rescató la mejor versión de su arquero, Guillem Fox. Por eso ganó. Al Reus le faltó un punto de atención defensiva. Cometió errores que pagó. Cuando quiso volver no pudo.

Miras se encargó de abrir fuego en la puesta en escena. Recibía para encarar siempre. La defensa del Reus necesitaba ayudarse. Ser solidaria para impedir el desequilibrio del jugador franquicia del Moritz. Lo hizo con cierta coherencia. Esa opción entraba en el diseño inicial del partido. 

El entusiasmo del Moritz creció. Buscó el gobierno del derbi con un juego vertical, no ofrecía respiro. Tampoco le importó a su rival. Le gustaba ese escenario al Reus. Si de algo ha presumido es de su pasión por el contragolpe. Fox y Molina, los dos arqueros, se intercambiaron protagonismo. Las llegadas al gol eran frecuentes. No había tregua. La noche era dulce para los hinchas.

El Vendrell encontró el premio curiosamente en algo ajenano al juego. Lo hizo en una falta que sirvió Miras. La barrera reusense se abrió y Molina no adivinó la dirección del disparo. A los 15 minutos. El vértigo del partido obligaba a pensar en que aquel gol era sólo el principio de algo maravilloso. Los dos querían jugar. Sentirse protagonistas. No apareció ni un resquicio para el conformismo.El Reus mantuvo la firmeza. No se descosió con la desventaja. Por eso halló un empate que era oro. A tres del descanso, Coy agarró una bola en media pista, marcó la diagonal y su pala mandó esa pelota al ángulo. Imposible para Fox. Muy tapado.

En todo caso, el ojo clínico de Miras sirvió para enviar al Moritz con botín al descanso. Encontró un penalti, especialidad de la casa, para batir a Molina, aunque el derbi estaba por definirse.

Mitjans no esperó para dibujar una acción repleta de lujo. Con muchos aficionados todavía pidiendo las pipas en el bar. Salió de detrás de la portería amagó lacuchara y giró. Sólo con ese movimiento dejó al defensor sin respuesta. Luego definió como los ángeles. Con destreza. Sin apoderarse de ansiedad. El 3-1 abría un nuevo panorama. El Reus necesitaba más riesgo. Y eso era sinónimo de peligro.

Temblaron los visitantes por primera vez en la noche. Se arroparon en Molina para permanecer con vida. El arquero necesitó de su estado más superlativo para achicar agua. Mientras, Fox sólo necesitaba atención. El Reus no le generaba excesiva inquietud.

Máxima tensión

Ni siquiera el gol de Costa, de espaldas y con un toque delicioso, permitió a los de Domínguez crear pánico. Rápido respondió Jordi Ferrer con el 4-2, con poco más de 14 minutos por delante. Fue entonces cuando los locales se agarraron a su hockey más cerebral para cerrar la pelea. Corrieron menos, pero también dejaron menos opciones para que el Reus corriera. El cuatro contra cuatro, el ataque estático, atascaba al Reus.

Éste debía cambiarle el paso al derbi si quería regresar, pelear por el éxito. Sus opciones se dismunían con el paso del tiempo. Cada minuto consumido era un dolor de cabeza. Una llamada a la precipitación. Justo hasta que Costa volvió a ser el más listo dentro del área. En el juego de intendencia no hay otro como él.  Cazó otra bola muerta para poner el derbi en un infarto. El Reus se llenó de fe, pero Coy se la quitó con una azul inorportuna a tres minutos del final. En la falta directa, Mitjans pintó la gloria. Incluso la adornó con éxtasis final.

 

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