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Crónica hoquei: El docente del arco

Molina aprendió de Trabal y voló para volver. El Forte y El Vendrell le consagraron. Ahora vive su sueño en el Reus
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Roger Molina saluda al público del Palau d'Esports, tras una victoria de esta temporada.  Foto: Luis Velasco

Roger Molina saluda al público del Palau d'Esports, tras una victoria de esta temporada. Foto: Luis Velasco

La portería se ha convertido en un estilo de vida para Roger Molina (Reus, 1985). Aquel chaval que empezó a disfrutar en las categorías inferiores del Ploms y del Cambrils imparte magisterio en un proyecto que cuida como su obra maestra. OK Porters pretende generar talento. Ir más allá en la docencia de arqueros. Con el entusiasta Molina al frente. Creando escuela, porque pocas ideas poseen tanta pasión como ésta.

El amor por este oficio tan difícil como especial se gestó en los años de aprendizaje acelerado de Molina, siempre a la sombra del eterno Guillem Trabal, su maestro de ceremonias. El reusense cumplió el primer sueño de jovencito. Ingresó en la academia del Reus en plena época de formación. Con apenas 13 años. Con 18 alcanzó la primera plantilla como segundo meta. Al lado del histórico Joan Carles Vadillo. En 2004 pudo vivir el primer título. En Bassano, el Reus levantaba su segunda CERS consecutiva. Con Barceló como técnico. En aquel plantel también empezaba a asomar la cabeza un jovencísimo Raúl Marín. Garcia, Toni Sánchez, Gual, Teixidó, Caldú y compañía lideraban aquella plantilla.

Molina nunca destacó en las inferiores. Su talento no sobresalía, pero siempre exhibió una mente privilegiada. Es un tipo inteligente. Comunicativo. De mensaje rico. Entendió que para crecer necesitaba hacerse fuerte mentalmente. Por eso se arropó en Trabal. Con él comprendió que todo lo que ocurre en una cancha lleva un significado. Quería ir más allá. Interpretar el juego, no sólo limitarse a solucionar problemas debajo del arco. Por eso ahora es capaz de adivinar situaciones. Algo que le ha permitido situarse en la élite. La fuerza mental que ha adquirido le ha dado la opción de cumplir desafíos. Se ha situado en primera línea de fuego. Quizás con menos condiciones que muchos de sus ‘colegas’.

A pesar de que en 2009 levantó una Copa de Europa con aquel Reus de Gual, Pedro Gil y Figueroa, Molina entendió que necesitaba volar. Abrirse camino. En verano de 2010 firmó por el Forte de Marmi italiano. Recomendado por sus amigos Mirko y Alessandro Bertolucci. Para Roger era dar un paso al frente si quería vivir del hockey. Convivió con la presión y algún día oscuro. Superó la prueba. Hasta el punto que Guillem Cabestany y Carles López apostaron por él para su legendario Vendrell. Fichó en junio de 2011 y aprovechó el tiempo. Se consagró con títulos bajo el brazo. Una Copa y una CERS. El Reus no dudó en recuperarle. En 2013.

El regreso a casa coronó un trayecto más propio de un cuento de Hadas. Además lo hizo para sustituir al referente Trabal. No le tembló el pulso. Lo vio como un privilegio. Luce brazalete de capitán de la pandilla con orgullo. Como buen canterano. Como buen reusense de cuna. Eso sí, le duele en el alma la pérdida de hinchas. El exceso de cemento en el templo rojinegro, pero busca soluciones. Quiere regresar a aquel pasado tan maravilloso. Con el fervor de la Bombonera.

Mientras, combina su profesión con la enseñanza. Hace poco, Roger mantuvo un encuentro con otro apasionado de la formación de porteros. Se sentó con el preparador del CF Reus Yvan Castillo. Cuentan que la cita duró horas. Que encontraron muchas cosas en común a los dos ámbitos. En realidad se trata de dos locos de la profesión. Yvan ya es un habitual en el Palau d’Esports. Su ‘socio’ se desvive por los chavales. Por dar soluciones a sus inquietudes. Roger es el docente del arco.

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