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De Tarragona a Las Vegas lanzando dardos

La jugadora tarraconense Montse Boronat ha sido plata en el Europeo, el mayor éxito de su vida. Además de ser subcampeona de Europa, su pericia le ha llevado a competir en un Campeonato del Mundo

Raúl Cosano

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La tarraconense Montse Boronat, durante su participación en el Campeonato del Mundo. Foto: DT

La tarraconense Montse Boronat, durante su participación en el Campeonato del Mundo. Foto: DT

Uno puede entrar a un bar, pedir una caña, animarse con los amigos al 501 y acabar aficionándose tanto a los dardos que termine en un campeonato del mundo.

A Montse Boronat (Tarragona, 47 años) le pasó algo similar. La modalidad le captó tarde, a los 32 años. «Conocí al que hoy es mi marido y me dijo: ‘Me gusta jugar a los dardos y no lo pienso dejar’. Me amoldé yo a eso, probé y me gustó», cuenta Montse y ahora, en lo más alto de su trayectoria, la anécdota sirve para mofarse y sacar pecho ante su pareja. «Siempre hacemos broma. Él siempre dice que me enseñó», cuenta. 

Montse está pletórica. Viene de proclamarse subcampeona de Europa de dardos electrónicos por parejas, junto a la albaceteña Almudena Fajardo, en un torneo disputado en Italia. «Me pude clasificar al ganar el Campeonato de España que se celebró en octubre en Peñíscola», recuerda. 

Ese título le abrió las puertas del Europeo. «Ha sido un subidón. Llevo muchos años compitiendo en el Campeonato de Europa y nunca había conseguido este resultado», admite. Después de 16 años en la especialidad, Montse ha hollado la elite. El título estatal le abrió las puertas de otra cita de altos vuelos en la que ha competido recientemente: el Mundial celebrado en la ampulosidad y los excesos de Las Vegas. «Aquello es otro mundo. Hay gente de muchísimo nivel», relata. Allí se quedó lejos de los primeros puestos pero se empapó de una experiencia inigualable para su currículum, jalonado de éxitos. En 2016 fue campeona de Catalunya en individual femenino, pero Montse acumula también una victoria  en un campeonato de España individual y cinco por equipos. 

¿Dónde está la clave para labrarse un palmarés así de esplendoroso?. «Me lo he tomado en serio. Me gusta, me llena y siempre quiero más. Cada vez quieres superarte y eso si eres una persona competitiva te marca», asume, después de pasar el hobby por el filtro de la disciplina y el rigor. 

A la ilusión hay que ponerle oficio y práctica. Horas y horas frente a las luces de la diana, ya sea jugando al 501 o al cricket, sus dos principales especialidades, que ella desarrolla en el marco de la Bullshooter Dart Federation.

Montse se ha fogueado en el bar el Taurino, de Reus, aunque cualquier local, del más popular al más elitista, es bueno para ensayar. «Tengo un bar al lado de casa y procuro bajar. Al menos intento entrenar una hora al día, para mantener el nivel», explica.

En este deporte de precisión cirujana, temple y nervios de acero, la parte física también cuenta. «Tu cuerpo debe tener aguante. En los campeonatos lanzas desde las 10 de la mañana hasta la una de la madrugada». 

Contra el ruido del bar
También es primordial conservar la calma en momentos que suelen ser de tensión y en un ambiente que puede volverse hostil. «La cabeza fría es importantísima. Si juegas con nervios, el brazo se mueve y el dardo no va allí donde quieres. Tienes que concentrarte y abstraerte, no escuchar lo que están chillando desde atrás. Mirada hacia adelante y a lo tuyo», comenta la jugadora. 

La fórmula surte efecto, porque a pesar de que los dardos electrónicos no están considerados deporte y la suerte se libra en el apogeo de un bar, el secreto es el mismo. «Para superarse la clave es el entrenamiento», dice Montse, también diestra en los dardos convencionales, los de toda la vida, que sí están amparados por una federación en Catalunya. 

La incansable Montse –trabaja y es madre de familia– no tiene bastante. Quiere progresar, afinar la puntería y rondar lo más cerca posible el centro de la diana, punto de fuga convertido en obsesión. Su próximo reto, un nuevo campeonato de España en Benidorm. Irá a por el título. 

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