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Del cielo al infierno

El Nàstic pasó de competir hasta el último día del campeonato 2015/16 por ascender a Primera a verse como colista, una grave crisis que ha desembocado en la renuncia de Vicente Moreno

Jaume Aparicio López

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Los futbolistas del Nàstic, con Naranjo y Emaná en el centro, celebran un gol el año pasado. FOTO:  A.G.

Los futbolistas del Nàstic, con Naranjo y Emaná en el centro, celebran un gol el año pasado. FOTO: A.G.

El 2016 del Nàstic es un claro ejemplo de la volatilidad del fútbol. En el deporte rey toda conquista es efímera. Un día te ves a las puertas de Primera y al siguiente te das de bruces con la malsana realidad de tener que huir del descenso a Segunda B. La vida futbolera es así. Un tránsito constante entre el éxito y el fracaso.

En la Budallera, el 2016 entró con felicidad. El equipo de Vicente Moreno se situó entre los candidatos al ascenso de forma inesperada. Era la temporada de su regreso al profesionalismo después de tres años en el exilio de Segunda B. Pocos contemplaban la posibilidad de codearse con equipos más versados en la categoría como el Alavés o el Osasuna por un billete a la máxima competición.

El cuento de hadas


Sin hacer ruido, el Nàstic fue protagonista del cuento de hadas de la categoría de plata. Achille Emaná y José Naranjo comandaron el buque grana que soñó con ingresar de nuevo, diez años después, en la mejor liga del mundo.

El delantero camerunés fue la gran estrella del conjunto grana. Rechazado por todos los clubes importantes de Primera y Segunda por los que había pasado pidió asilo en Tarragona. Se le dio una oportunidad de resarcirse después de su etapa en Oriente Medio y México y el africano la aprovechó. Congenió con el grupo y la afición, que acabó idolatrándolo.

Junto a él un joven futbolista rechazado por el Villarreal se erigió como el jugador revelación de la temporada en Segunda. Tocado por la varita mágica, Naranjo convertía en gol todo lo que tocaba. El resto de la orquesta – Reina, Xisco Campos, Tejera, Madinda, Gerard, etc– acompañó con sus mejores galas.

Dos penaltis dejaron sin premio al Nàstic. El fallado por Emaná en el Nou Estadi ante el Leganés y el que erró Susaeta en Oviedo, también frente al conjunto madrileño. El último partido de liga fue una comparsa. El ‘Lega’ ganó en Miranda y ascendió directo a Primera, mientras el Nàstic se veía ‘condenado’ a disputar el play-off.

La dinámica ascendente de Osasuna acabó con las esperanzas tarraconenses. 3-1 en el Sadar y 2-3 en el Nou Estadi y el fin de una historia feliz.

El verano trajo cambios. Los dos protagonistas del curso se marcharon. El Celta se llevó al delantero onubense, previo pago jugoso para las arcas granas y los yenes japoneses al africano. Hubo otras ventas jugosas como la de Aburjania y despedidas llorosas. Xisco Campos se marchó a la Ponferradina y Marcos De la Espada a Hong Kong. Palanca y otros tantos dejaron sitio a Maloku, Rharsalla, José Carlos, Kakabadze, etc. El cambio ha resultado ser equivocado.

El Nàstic arrancó mal. No ganó su primer partido hasta la decimotercera jornada. Desde la quinta fecha ocupa el farolillo rojo de la tabla –a excepción de una– y ha acabado el 2016 a seis puntos de la salvación y con la renuncia de Vicente Moreno a seguir en el cargo. El partido de Copa en Vitoria frente al Alavés del pasado 22 de diciembre (3-0) cerró un ciclo de tres años del valenciano, que deja el club como uno de los mejores técnicos de la historia. Juan Merino será a partir de ahora su sustituto.

Perder la categoría sería un golpe demoledor ahora que el Consejo de la SAD había logrado la estabilidad económica y puesto fecha a la liquidación de la deuda en 2018.

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