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Deportes HOCKEY

Derbi Reus-Calafell. 'Dirección Europa'

El Reus recupera la cuarta plaza después de golear al Calafell (7-0), que ya tiene casi imposible la permanencia

Marc Libiano Pijoan

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Raúl Marín celebra uno de los goles que ha anotado ante el Calafell. Foto: Alfredo González

Raúl Marín celebra uno de los goles que ha anotado ante el Calafell. Foto: Alfredo González

 

La zona en la que se refugió el Calafell planteó dudas tácticas al Reus, demasiado nublado de ideas y con cierto aire de ansiedad. Macià quiso que el derbi huyera del vértigo y que sus jugadores gestionaran los minutos con inteligencia. Lo logró en la puesta en escena, con el Reus demasiado quisquilloso, indagando soluciones a sus problemas de interpretación. Ni siquiera el 1-0 de Salvat, gracias a un remate de interior, el perfil que muchas veces desea adoptar pero que no le acaba de quedar bien, modificó el escenario. Molina, el arquero del Reus, no andaba demasiado exigido por el rival, pero necesitaba ese grado de concentración excelso para aparecer en el momento oportuno. Con el partido en el alambre, sus compañeros le suplicaban precisión. 
Le costó 24 minutos al Reus romper la noche. Fue en un movimiento con bloqueo en media pista, muy protestado por el Calafell, que recriminó una falta en el contacto que los colegiados no castigaron. Marín quedó liberado y se presentó ante Arellano, compañero de aventuras en las inferiores rojinegras y en Vilanova. Esta vez, el atacante perforó su arco. En realidad, la historia del derbi terminó en la frontera del descanso. Para el Calafell, muy escaso de confianza, seguir creyendo en el plan se había convertido en utopía.
Goles por inercia
La estrategia tomó el rumbo decisivo que suele tomar en las segundas partes, con los equipos fatigados y penalizados de faltas. Marín, en lo de la pelota parada, se ha vestido de malabarista. Su porcentaje de acierto le encumbra. Ante Arenallo, con 29 minutos consumidos, convirtió al segundo intento.
Marín no entiende de excusas. Detesta las coartadas. Va de frente. Su equipo le pedía responsabilidad en un día señalado como el de ayer, cuando aparecía la oportunidad de recuperar el privilegio de Champions. Y Marín acostumbra a estar. El atacante vio como el rival se dejaba ir en exceso, como pidiendo a gritos el final, con la cabeza gacha, después de un curso de confusión y a veces cruel. El Calafell propone a menudo más de lo que recibe. Da la sensación de ser una escuadra incomprendida.
Coy compareció en la noche con esta sólo pidiendo decoración. Lo había intentado antes, pero gambeteos se quedaron a medio camino. A los 38 minutos, conquistó el área con un movimiento a una mano delicioso. Definió por bajo, ya con Arellano desesperado. A Marin le dio tiempo a acumular dos premios más a su lista de goles. Una de ellos, otra vez de tiro directo. Incluso se permitió el lujo de asistir a Marc Ollé en el séptimo. El canterano, al segundo palo, culminó de primeras.
El Reus recuperó cuarta plaza con una actuación firme. Su rival, en cambio, convive con la depresión. El cuerpo le pide pelear hasta el último segundo de vida, aunque parece que de alma ya está descendido.

La zona en la que se refugió el Calafell planteó dudas tácticas al Reus, demasiado nublado de ideas y con cierto aire de ansiedad. Macià quiso que el derbi huyera del vértigo y que sus jugadores gestionaran los minutos con inteligencia. Lo logró en la puesta en escena, con el Reus demasiado quisquilloso, indagando soluciones a sus problemas de interpretación. Ni siquiera el 1-0 de Salvat, gracias a un remate de interior, el perfil que muchas veces desea adoptar pero que no le acaba de quedar bien, modificó el escenario. Molina, el arquero del Reus, no andaba demasiado exigido por el rival, pero necesitaba ese grado de concentración excelso para aparecer en el momento oportuno. Con el partido en el alambre, sus compañeros le suplicaban precisión. 

Le costó 24 minutos al Reus romper la noche. Fue en un movimiento con bloqueo en media pista, muy protestado por el Calafell, que recriminó una falta en el contacto que los colegiados no castigaron. Marín quedó liberado y se presentó ante Arellano, compañero de aventuras en las inferiores rojinegras y en Vilanova. Esta vez, el atacante perforó su arco. En realidad, la historia del derbi terminó en la frontera del descanso. Para el Calafell, muy escaso de confianza, seguir creyendo en el plan se había convertido en utopía.

Goles por inercia

La estrategia tomó el rumbo decisivo que suele tomar en las segundas partes, con los equipos fatigados y penalizados de faltas. Marín, en lo de la pelota parada, se ha vestido de malabarista. Su porcentaje de acierto le encumbra. Ante Arenallo, con 29 minutos consumidos, convirtió al segundo intento.

Marín no entiende de excusas. Detesta las coartadas. Va de frente. Su equipo le pedía responsabilidad en un día señalado como el de ayer, cuando aparecía la oportunidad de recuperar el privilegio de Champions. Y Marín acostumbra a estar. El atacante vio como el rival se dejaba ir en exceso, como pidiendo a gritos el final, con la cabeza gacha, después de un curso de confusión y a veces cruel. El Calafell propone a menudo más de lo que recibe. Da la sensación de ser una escuadra incomprendida.

Coy compareció en la noche con ésta sólo pidiendo decoración. Lo había intentado antes, pero gambeteos se quedaron a medio camino. A los 38 minutos, conquistó el área con un movimiento a una mano delicioso. Definió por bajo, ya con Arellano desesperado. A Marin le dio tiempo a acumular dos premios más a su lista de goles. Una de ellos, otra vez de tiro directo. Incluso se permitió el lujo de asistir a Marc Ollé en el séptimo. El canterano, al segundo palo, culminó de primeras.

El Reus recuperó cuarta plaza con una actuación firme. Su rival, en cambio, convive con la depresión. El cuerpo le pide pelear hasta el último segundo de vida, aunque parece que de alma ya está descendido.

 

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