Derrota regalada (Nàstic 1-2 Baleares)

El Nàstic malgasta su buen partido y un plan de partido atrevido con dos regalos que en Baleares tímido aprovechó para remontar y llevarse los 3 puntos 

Jaume Aparicio

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Derrota regalada (Nàstic 1-2 Baleares)

Derrota regalada (Nàstic 1-2 Baleares)

Por muy buen planteamiento que hagas y que lo ejecutes a la perfección si luego regalas dos goles es imposible ganar. Pero regalos, regalos. De esos que te encuentras en las fiestas de empresa (o de amigos) por sorpresa. No sabes ni cómo ha llegado hasta tí, pero te sabe a gloria. Así se marchó el Atlético Baleares del Nou Estadi. Sin haber hecho nada, ni siquiera los goles, se fue con los tres puntos y el liderato en el zurrón.

Recuerda las mejores jugadas del partido gracias al resumen ofrecido por Footters.

Primera derrota de la temporada en el Nou Estadi y quinta jornada sin ganar. Todas las miradas acudirán de nuevo al banquillo. A calcular el nivel de confianza de la directiva en las labores de Raül Agné en el partido que más y mejor hizo de entrenador. Le exigían cambios, oportunidades a otros jugadores, planteamientos atrevidos, desterrar la previsibilidad en la que se había convertido el equipo... y cumplió con todo ello. Lo que no contaba es con un gol en propia y que a Manu se le escapara de las manos un balón fatal.

Presentó un once con varias sorpresas. Aparecieron Albarrán, Del Campo y el más inesperado de todos, Pedro Martín, que se recuperó de las molestias que le impidieron viajar a Algeciras. Pero la  ‘revolución’ más que de nombres era de plan de partido. Quería un Nàstic protagonista con balón y para ello puso a los mejores peloteros posibles de la plantilla, los que más saben manejarse con el esférico en los pies: Pedro del Campo y Fullana. Ambos centrocampistas dieron el paso hacia adelante que se les pedía. Dominaron todas las facetas en la medular y ejercieron como líderes.

Junto a ellos formaron un Ribelles que volvió a completar un partido estelar y Jannick Buyla en una especie de rombo (4-1-3-2) con la firme intención de acumular hombres en la medular y conquistarla a base de superioridad numérica y buen toque. La profundidad por bandas pasó a ser cosa de los laterale, Joan Oriol y Carlos Albarrán, y de los dos delanteros Pedro y Carbia.

El Baleares se vio sorprendido. No se esperaba un movimiento táctico similar y se limitó a mantenerse unido defensivamente. Aunque ello supusiera tener a sus dos ‘cañones’, Vinicius Tanque y Dioni, aislados en zona de nadie.

Fueron unos minutos de dominio abrumador local que pudo acabar con un par de goles, fácilmente. Todas las segundas jugadas, debido a la superioridad en el medio del campo y a un mejor posicionamiento grana, iban a parar al Nàstic. Ribelles parecía tener un imán para recuperar balones. Llevaba al equipo hacia arriba en la presión y conseguía robar muy cerca del área. Así llegó el 1-0. Ganó el balón y se lo cedió a Jannick Buyla para que se sacara de la chistera el golazo de la semana. Controló y asestó un zapatazo al balón que ni dos porteros hubieran podido detenerlo. El premio pudo ser doble en esta fase del juego porque Quintanilla tuvo un remate franco en una acción a balón parado que inexplicablemente se fue desviado. Hasta Trilles tuvo el segundo con una chilena que atrapó René.

Pero cuando uno está de pega, está de pega. Un centro de la nada de Dioni acaba con Trilles desviándolo a su propia portería. El Atlético Baleares se encontraba con un empate que ni había buscado ni mucho menos merecido. Si al Nàstic todo le sale mal, a los baleares, líderes, el viento les sopla de cara.

Y bien que les siguió soplando en el segundo tiempo. Tras el paso por vestuarios el Nàstic mantuvo la posesión. El Baleares seguía sin poder salir desde atrás porque cada vez que arriesgaban se encontraban con Ribelles, principalmente pero los movimientos tácticos de su entrenador en el descanso, con un cambio incluido, daban sus frutos en la parcela defensiva. Buyla se vio más tapado, y Fullana y Del Campo no encontraban tantos espacios para generar ocasiones.

En este batalla táctica con lo que no se esperaban ni un banquillo ni otro fue con el error de Manu García. Para el Baleares una bendición, para el Nàstic una maldición. En un centro fácil, el arquero atrapa el cuero pero se le escapa de las manos. Lo peor no fue eso, sino que el esférico le cayera a Vinicius Tanque que solo tuvo que ceder a su costado para que Canario anotara a placer el 1-2.

Con el marcador en contra toda la claridad que se había tenido para entender el partido que hacía falta se convirtió en prisas y de ahí, a los mismos vicios de siempre. Volvieron las bandas, con Robert Simón y el delantero de referencia, Edgar, para buscar los centros laterales. Todos fáciles para un Baleares le habían hecho el trabajo sucio y que solo tenía que centrarse en mantener el botín a salvo. Pudo girársele en contra con un penalti claro por agarraón a Edgar que el árbitro no pitó.

La derrota es un jarro de agua fría para la afición y para un Nàstic que ha entendido que está en un punto que por muy bien que lo haga siempre habrá algo que saldrá mal. Lo complicado es romper con esa dinámica. Y hacerlo pronto. Porque las alarmas están encendidas.

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