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Desayuno con estribos

El Club d'Equitació Torredembarra acogió este fin de semana una prueba del Concurso Nacional de Salto, una de las disciplinas deportivas más elegantes que existen gracias a los caballos y el séquito de seguidores de la hípica

Iñaki Delaurens

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Imagen de una de las competiciones que ayer se celebraron en el Club d´Equitació Torredembarra del Concurso Nacional de Salto. Foto: Lluís Milián

Imagen de una de las competiciones que ayer se celebraron en el Club d´Equitació Torredembarra del Concurso Nacional de Salto. Foto: Lluís Milián

Puede ser que la hípica sea un deporte considerado de clase alta. Sí, y qué. Al fin y al cabo todos los escalones sociales tienen sus ambientes y círculos en los que relacionarse, ya sea para el ocio o para cerrar negocios. Así es la vida. Por la razón que sea, la hípica es un deporte minoritario en nuestra sociedad. En Catalunya hay pocos clubs, y sus pruebas, a parte del interés deportivo, se convierten en auténticas convenciones sociales.

El Club d’Equitació Torredembarra (CET) acogió este fin de semana una cita de una estrella del Concurso Nacional de Salto, en la celebración de su 25 aniversario, con la participación de 150 jinetes acompañados de sus caballos. Durante el sábado y el domingo –las pruebas del viernes se anularon por lluvia– desfilaron sobre la nueva arena torrense los virtuosos en el arte de volar sobre los animales más elegantes del planeta.

Las instalaciones del CET se prepararon a conciencia para la cita. Humildes gradas, megafonía, carpas, cava, servicio de tentempiés. Incluso había un puesto de venta especializado en el prêt-a-porter hípico: botas, cascos, filetes –no de comer, sino para el caballo–, orejeras antiestrés para aislar al animal del ruido, monturas, estribos, mantillas, cabezadas, etc. en fin, un inventario de artilugios para facilitar el ejercicio sobre los peludos amigos de los jinetes.

La puesta de gala de los participantes ya refleja la distinción de la hípica. Con vestimentas más propias para cócteles que la práctica deportiva, esta disciplina lleva la finura y su gracia estilística a límites inimaginables. Reunió a la crème de la crème del mundo ecuestre del territorio. Algunos de sus jinetes parecen barones de chateux franceses. Pero al final no dejan de ser una extensión del caballo, caprichoso y glamuroso, quienes centran las miradas del público en la pista.

El alto nivel deportivo durante el fin de semana fue la tónica dominante, incluso con algunos jinetes venidos del Real Club de Polo de Barcelona. Las parejas –formadas por humano y animal– calientan en la pista superior, mientras en la inferior se alternan las actuaciones. Diferentes circuitos con varios obstáculos que van aumentando de altura a medida que pasan las horas. Desde un metro diez, hasta más de un metro treinta en el Gran Premio, que cerró la jornada.

Entre los vencedores de la prueba torrense, este domingo destacaron: Maya Torres, ganadora del GP dominical, a lomos de Under Pressure K y acompañada en el podio de Albert Hermoso y su caballo Nereo CP y de Ana Torres con Artosec - Z. En la categoría de 1.20, el podio estuvo completado por: Jordina Campos con su compañero Ursus logró el primer puesto; segundo fue Romane Baudat con Swilldy de St. Simeon; y tercero Nadia Ziani con Habib Ter Spelonck. En la modalidad de 1.10, Cristina Siegrist venció con Devony della Monica; seguido de Diego Muñoz, segundo y tercero, a lomos de Scooby y Calahari de Atalaya, respectivamente.

En la jornada del sábado, destacaron los nombres de Albert Hermoso (Nereo CP y Quilate 32,53%), Oliver Singleton (Centurion Z), Eugenio Corell (California de Katy), Ángel Cerdido (Brian) y Jaime Ártiz (Wansjoers).

Atareado entre las actuaciones de caballos y jinetes y vueltas de honor, Robert Pons, director del CET, atendió al Diari entre felicitaciones por la prueba: «Estamos muy contentos por la respuesta que hemos tenido, ya que han concursado cerca de 150 participantes». Acerca de la celebración de los 25 años del club torrense, explicó que «hay gente que ha venido al torneo desde la primera edición en 1992. En este sentido ha habido una progresión importante para promocionar la hípica en las comarcas de Tarragona, por la que seguiremos apostando».

Si Audrey Hepburn desayunaba su croissant mañanero admirando las joyas de Tiffany’s frente al escaparate, los amantes a la hípica tuvieron su momento glamuroso disfrutando de un snack mientras los jinetes arreaban a sus caballos a golpe de estribo.

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