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Despedida amarga del 2017

Derrota del Nàstic ante el Huesca en el último partido del 2017. Chimy y Jair marcaron para los visitantes. Mesa, en el descuento, puso el 1-2

Jaume Aparicio

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El 2017 acaba tan mal como comenzó. Peor. Se abrió con un empate ante el Tenerife y se despide con una derrota ante el Huesca. El líder actuó como tal. Solvente. Seguro. Convencido del guión que debía ejecutar. El Nàstic fue un secundario. El clásico malo del thriller que se sabe va a morir al final. Chimy Ávila y Jair pusieron el partido de cara para los oscenses. Maikel Mesa puso emoción con un gol en el tiempo de descuento. Un tanto estéril.

 

El Huesca entró al choque con una marcha más que el Nàstic. Un punto de intensidad superior a los granas que les hacían ganar todos los duelos. La necesidad era local, pero no lo pareció. 

Cucho, ese colombiano que ha dejado con la boca abierta a toda la Segunda, comenzó de buen principio a exhibir esa calidad de incordio constante. Apretó hasta a Dimitrievski que estuvo afortunado de que su despeje, tapado por el delantero del Huesca, no acabara en su portería.

Solo con presión física, los oscenses pisaron área local. No para poner en serio peligro el arco de Dimitrievski, pero sí para empezar a madurar el encuentro y llevarlo a su terreno. 

Tardaron 15 minutos los tarraconenses en iniciar su propio relato del partido. 

Jean Luc salió con su cara A. La del diablillo de Tasmania. Ese jugador intrépido y alocado capaz de rebasar líneas rivales con una carrera irreverente e inesperada. 

Coincidió con una de las mejores versiones de Uche. El nigeriano decidió entrar en juego. Ayudar a su equipo en la elaboración. En esa asociación encontró el Nàstic su punto de partida para frenar al Huesca. Obligó a los oscenses a replegarse en transición. Uno de los pocos aspectos del juego que menos controla el cuadro de Rubi.

Maikel Mesa contó con dos buenas oportunidades llegando desde la segunda línea. No cogió ni la potencia ni la dirección adecuada. 

El partido parecía controlado. O al menos, con menos control oscense. Y llegó el tanto visitante. Una jugada simple. Pase a la banda a Cucho, en posible fuera de juego, que centra a Chimy. Suzuki puede despejar, pero se lía y el propio Chimy marca el 0-1.

Jarro de agua fría que se convirtió en helada cuando Uche se lesionaba justo antes del descanso.

En la reanudación, sin Uche ya, Rodri pudo abandonar el 4-4-2. Un corsé condicionado, como explicó el técnico en la previa, por la presencia de los dos delanteros. Así, con solo Barreiro en el campo y Juan Delgado sustituyendo a Uche, liberó a Maikel Mesa de la banda para resituarlo en la mediapunta. El empate estuvo a punto de llegar en un cabezazo del canario que Remiro rechazó. 

El Huesca cosía su fútbol con paciencia y mucha convicción. Saben a lo que juegan. Un fútbol combinativo efectivo por su clarividencia. Melero comanda y Cucho le añade el toque anárquico y explosivo.

Las conducciones de Kakabadze prometían pero no cumplían. Eddy Silvestre fue perdiendo fuelle. Rodri le dio el peso de la elaboración y el internacional azerí estuvo consistente. Poco a poco se fue contagiando de la empanada que llevaba su compañero en la medular, Jon Gaztañaga. Aunque el que acabó sustituido fue Eddy.

El ingreso de Delgado al campo ya vino acompañado de una fuerte crítica desde la grada. Críticas más que merecidas por lo que ha dado y por lo que volvió a ofrecer. Nada. Concentró 

La sentencia mereció llevar la firma de Cucho. Sentó a toda la defensa grana en una jugada que Dimitrievski despejó milagrosamente a córner. Un saque de esquina que supuso el 0-2 de Jair. Un gol reflejo de la actitud de ambos equipos. Los jugadores del Huesca llegaban antes a los rebotes y remataban una y otra vez. El Nàstic defendía por acumulación. A lo bruto. Achicando agua con las manos. Cuatro veces pudieron salvar el gol. Hasta que Jair conectó un tiro raso que llegó a la red.

El gol de Mesa quiso despertar los últimos ánimos que se fueron con el final del 2017.

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