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Dos planes en uno

Carreras ha logrado acomodar a su equipo en la mutabilidad pudiendo desplegar sin problemas tanto el 4-3-3 como el 3-4-1-2 
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El Nàstic jugó con el 4-3-3 hasta el minuto 30.

El Nàstic jugó con el 4-3-3 hasta el minuto 30.

Ante el Real Zaragoza, el Nàstic jugó con dos sistemas. El clásico 4-3-3 que tiró de inicio y un 3-4-1-2 que implantó a la media hora de juego. Los de Natxo González estaban dominando el juego y al cuadro tarraconense le costaba defender. El entrenador de Sant Pol lo achacó, entre otras cosas, a que los suyos corrieron menos de lo que debían. Pero, aún así, corrigió a su equipo a golpe de banquillo. 

Mandó a Djetei al central diestro, con Perone en el izquierdo y Suzuki en el centro. Omar Perdomo pasó a ser carrilero diestro con Javi Jiménez en la misma posición de la zurda. 

En el medio del campo, el triángulo Molina-Muñiz-Mesa se deshizo. El canario y el tarraconense pasaron a formar un doble pivote. Juan Muñiz se adelantó hacia la mediapunta para trabajar en ese espacio que queda entre líneas.

A la media hora carreras introdujo el 3-4-1-2.


Arriba Juan Delgado se pegó a Barreiro para asociarse en la clásica pareja en la que el gallego era el delantero-boya que concentraba centrales y el chileno actuó de ratón escurridizo que se cuela en la fiesta por el ‘backstage’. 

Los jugadores se sintieron cómodos defendiendo y atacaron apoyados en la velocidad y la efectividad de los hombres de arriba.

En la sala de prensa, Lluís Carreras explicó uno de los motivos que le llevaron a practicar esta pretemporada el sistema de tres centrales: «Tenemos tres centrales muy buenos y es difícil dejar fuera a uno». 

Carreras defiende la versatilidad. La capacidad del equipo para jugar con distintas composiciones con un sencillo baile de piezas. No casa con la filosofía del sistema único. «Hay que valorar lo que tenemos y en función del partido poder modificar el sistema sin cambiar jugadores. No podemos encabezonarnos en una única táctica y explotarla», comentó. El entrenador del Nàstic consiguió su propósito ante el Zaragoza. Le arrebató el control del partido y lo ejecutó con dos tantos de Maikel Mesa. 

La Segunda división es una categoría poliédrica. Sólo los equipos capaces de adaptarse a todas y cada una sobreviven. 

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