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Dulce agonía (Badalona 0-1 Nàstic)

Un gol de Pedro Martín en el minuto 89 le da la primera victoria de la temporada como visitante a un conjunto grana que supo sufrir 

Juanfran Moreno

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El Nàstic celebra el triunfo ante el Badalona en vestuarios.

El Nàstic celebra el triunfo ante el Badalona en vestuarios.

Este Nàstic tiene el rostro de un equipo campeón. No se sabe qué le deparará el futuro, pero es una evidencia que su presente es inmejorable y que se auguran sonrisas al final de la primera fase, y quien sabe si al final de la temporada si esto sigue así. Hasta en los días más grises sale el sol para el conjunto de Toni Seligrat. Es lo que tiene cuando nunca se le pierde la cara al partido y se es consciente de que para puntuar o ganar hay que sufrir. Resiliencia en su máxima expresión.

Por fin llegó la primera victoria como visitante en lo que va de temporada ante un buen Badalona. El conjunto grana tachó de su lista las dos asignaturas pendientes que tenía: vencer lejos del Nou Estadi y dejar la portería a cero con José Aurelio Suárez como titular en su debut.  
Estaba siendo un partido tan complicado en Badalona que el punto ya se daba por bueno cuando emergió la figura de Pedro Martín para romper pronósticos y alimentar todavía más la fe y la ilusión de una afición tarraconense que no es todavía consciente de la suerte que tiene de contar con un equipo y un vestuario como este. 

Fue en una jugada de estrategia. Un córner botado por Joel Lasso desde el quesito derecho que el ariete malagueño aprovechó para conectar un cabezazo que colocó en la escuadra izquierda de la portería de Dorronsoro. 

El balón parado decidiendo partidos, ¡vaya novedad!. No hay categoría que resista a este aspecto del juego al que algunos le llaman suerte, pero que en realidad es trabajo y talento. Si se tienen buenos lanzadores y buenos cabeceadores se les suele sacar mucho rédito y el Nàstic se ha demostrado que cuenta con ambos actores.

La agonía le quitó dos puntos al conjunto grana en el Prat y en Lleida y se los devolvió en Badalona. Lo hizo en un día en el que el conjunto tarraconense quizás no mereció ganar y el empate hubiese sido lo más justo, pero ganó y créanme que eso es lo más importante. 
Cuando un equipo vence en un partido en el que ha tenido que resistir más que proponer es cuando se puede decir que ha alcanzado su pico máximo de madurez. Nada es casualidad y todo es fruto del trabajo y la piña que tiene la entidad tarraconense en su vestuario. Significativo fue el abrazo de Gerard Oliva nada más terminar el partido a su compañero Pedro Martín. Su rival por un puesto en la punta del ataque. Hay imágenes que reflejan evidencias.

Cierto fue que en la segunda mitad el Badalona llevó el ritmo del partido, pero no hay que olvidar que si alguien tuvo ocasiones para adelantarse en la primera parte fue el Nàstic. Faltó acierto en los granas y eso ya suele ser raro en el mejor equipo ofensivo de la categoría por números y sensaciones. 

Carbia, otra vez casi héroe

Fran Carbia fue otra vez el protagonista en ataque de los tarraconenses y a punto estuvo de volver a marcar en el primer minuto de partido. El atacante le cogió la espalda a la defensa escapulada y Brugui interpretó perfectamente el desmarque dejándole solo ante el Dorronsoro. Carbia se quedó mano a mano con el guardameta rival, pero no pudo salir triunfador en el duelo. Una pena, o no, porque ese comienzo tan perfecto quizás hubiese desdibujado una victoria épica que siempre sabe mejor para el vencedor.

Carbia en otro disparo cruzado y Brugui en una chilena desde la frontal fueron las dos otras ocasiones que tuvo un Nàstic que salió más enchufado al partido, aunque fuera de manera efímera porque con el paso de los minutos todo se igualó. 

El Badalona comenzó a ganar segundas jugadas y el dominio tarraconense se disipó. Amenazaron muchos los escapulados mediante diversos corneres que generaron nerviosismo en una defensa grana que aguantó cuando más tocaba.

En la segunda mitad el Nàstic fue  superado por un Badalona que obligó a ceder metros y a atrincherarse en bloque bajo con Fran Miranda incrustado entre los centrales. No había otra para un conjunto grana que solo vio esa manera de sobrevivir ante un Badalona que amenaza constantemente con sus carriles abiertos y sus centros laterales.

El Nàstic temió más por su racha de invicto en el minuto 60 en una jugada en la que Robert Simón perdonó cuando ya se vislumbraba el tanto del Badalona. El extremo derecho aprovechó un centro de Goyo y se anticipó a José Aurelio Suárez conectando un remate con la punta del pie. El cuero pasó cerca de la portería, pero no la encontró. 

Aquello fue el detonante para que Toni Seligrat agitara el banquillo dando entrada a Fausto Tienza, Pol Domingo y Pedro Martín. Los cambios le surgieron efecto a un conjunto grana que aceptó el barro y escondió la varita. Ahí estuvo la clave para conseguir el primer triunfo como visitante. Saber sufrir para saber ganar. 

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