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Edgar evita el vacío (CF Reus 0 - 0 Lleida)

El Reus salva un punto ante el Lleida gracias a otra actuación estelar del meta, que impide el éxito visitante en el segundo tiempo. El partido ofrece alternativas, pero ninguno de los dos protagonistas es contundente en ataque
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Rubén Semedo, a la derecha, intenta un remate de cabeza, durante el partido de ayer.  Foto: Alba Mariné

Rubén Semedo, a la derecha, intenta un remate de cabeza, durante el partido de ayer. Foto: Alba Mariné

Miramón llegó como un avión, se desplegó poderoso. Recortó, armó la pierna y no pensó. Sólo ejecutó. Su latigazo alcanzó una violencia feroz. Miramón sabía que ese disparo, desde dentro del área, era sinónimo de gloria. La del Lleida, en este caso. Con golpeo limpio, sin obstáculos que sortear. No pensó ni por asomo en una respuesta tan superior como la que ofreció Edgar Badia, el arquero del Reus. Sólo un milagro podía evitar el gol.

El acto reflejo del portero resultó deslumbrante. Su reacción, supersónica. A mano cambiada evitó el castigo. El rechace de Edgar se cargó de drama porque la pelota, caprichosa ella, decidió chocar con el poste y alterar el corazón de los hinchas.

Aquel remate marcó una pelea con aires de partida de ajedrez en el primer tiempo y con arreones de vértigo en el segundo. Los dos aspirantes se intercambiaron alternativas y fue el Lleida el que se acercó más al éxito. En parte, porque halló muchos espacios para contragolpear y atacar la espalda de la zaga reusense. El Reus colaboró ‘generosamente’ con pérdidas imperdonables. En zonas de máximo riesgo.

La poca contundencia en las dos áreas, en la definición, propició un resultado que no define nada. Queda la sensación rara del «depende cómo lo mires». La produce la temprana época que vivimos. Resta un mundo por delante. Muchos estados de ánimo que superar. El equilibrio emocional ha tomado un papel determinante en esta carrera de fondo. Lo saben Reus y Lleida.

Los de Natxo protagonizaron una puesta en escena firme. Le quitaron la pelota a un rival experto en esas artes, aunque la posesión se convirtió en estéril durante muchos momentos. El equipo careció de movimiento por delante del balón. El Lleida se encontró hasta cómodo en su sistema defensivo. Muy ordenado, sin prisa para hallar su oportunidad. Ésta no apareció durante todo el primer parcial. Tampoco generó demasiado el Reus.

Jorge emergió en un primer intento que sólo se quedó en eso. Cazó una pelota muerta y disparó de lejos. No encontró portería. El extremo de Bétera desprendía energía en cada uno de sus arranques. Quería ser protagonista, aunque a veces tanto ímpetu le hacía caer en la imprecisión.

Jesús Olmo, que inició de lateral derecho, reclamó penalti tras una estrategia. El colegio decidió hacer la vista gorda. No quiso ni escuchar. Salió corriendo.

Ni eso alteró el sistema nervioso de los dos equipos. Nadie quería equivocarse. Se concedió poco. Más bien nada. Así murió el primer parcial. Sin abrirse el fuego. Sólo un remate de Jorge obligó a intervenir a Pau Torres. Reaccionó con solvencia el arquero. Ni pestañeó.

 

Se abre la veda

Jorge alegró al Reus con dos apariciones consecutivas que cambiaron el escenario tras el intermedio. El primer centro del valenciano situó al portugués Vítor en zona caliente. Su remate de primeras salió alto. Al segundo servicio de Jorge le faltó un ejecutor.

El Lleida captó el mensaje del Reus y también decidió soltar sus cadenas tácticas. Cambiarlas por la ambición. La batalla se hizo más agradable. Entró mejor por los ojos. Hubo poco espacio para el respiro.

Edgar Hernández se vistió de especialista en un lanzamiento de libre directo desde la frontal. Se perfiló y apostó por la colocación. La pelota lamió la madera.

El Lleida se desbocó cuando su rival empezó a desorganizarse. Sobre todo a través de los despistes en las entregas. Se metió en un lío el Reus. Los ilerdenses ocuparon bien los espacios por detrás de la zaga y crearon pánico. Chamorro, la referencia ofensiva de Idiakez, inició el arreón visitante. Edgar le adivinó el disparo. A los 61 minutos, Miramón progresó por la derecha, tras una pérdida de Moyano. Armó la pierna y Edgar necesitó de la parada más genial para rescatar al Reus. El bagaje del Lleida no terminó ahí.

Un desmarque profundo de Diego generó desequilibrio. Su centro al segundo poste lo corrigió Olmo, aunque el rechace cayó en Miramón. Folch, en plan médico, se tiró al suelo para evitar el 0-1. El agobio del Lleida en el suspiro final no impidió al Reus salvar un punto. Edgar Badia evitó el vacío.

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