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Deportes FÚTBOL

'Edgar sirve el gin-tonic' (CFReus 2- 1 Lleida)

Un gol con la testa del delantero, en el minuto 96 de la prórroga, le da al Reus la clasificación para octavos de final de la Copa del Rey. Allí le esperan Barça, Real Madrid, Atlético, Sevilla, Valencia, Villarreal o Athletic como posibles rivales

Marc Libiano Pijoan

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Edgar Hernández festeja su gol, que dedicó a su hijo Dante, nacido hace una semana. Foto: Alfredo González

Edgar Hernández festeja su gol, que dedicó a su hijo Dante, nacido hace una semana. Foto: Alfredo González

Edgar andaba renqueante, pero quería y los límites no existen cuando se quiere. Su confianza quedaba expuesta al tobillo maltrecho, en aquel pisotón descontrolado en Alcoy. Sólo han pasado 10 días desde entonces. El hambre le permitió llegar al caramelo de la Copa en el alambre. En la sesión previa, la inflamación no había desaparecido, pero se puso el primero de la fila para ayudar. El míster le sentó en el banco.

El de Gavà sigue sediento. No olvida. Las dudas sobre su categoría le mantienen alerta. Natxo tampoco quiso prescindir de un futbolista iluminado por momentos. Le soltó en la última media hora, con el desenlace de la eliminatoria por definirse y el Lleida en plan quisquilloso.

Edgar se acercó a la gloria cuando el 90 amenazaba. Colorado envió un balón venenoso con cariño andaluz. Fue de esos centros que van a zonas indefendibles. Cayó en la cabeza de Edgar, que no pudo orientar el remate. Cuando quiso, el balón se pegó como un imán a su frente. Le salió un despeje de central. No le molestó. Ni siquiera le trajo dudas. Ha escapado de ellas. El delantero se armó de paciencia para esperar y el que sabe esperar suele encontrar éxito. En el fútbol y en la vida.

Reus y Lleida luchaban contra la fatiga inmersos en un desgaste conmovedor. La prórroga alimenta los calambres y amenaza cualquier sistema nervioso. En cambio pareció que Ángel sentía calma inmensa. El lateral desafió a cualquier elemento natural y conquistó la izquierda. No sólo eso. Utilizó el criterio del futbolista más talentoso. Levantó la cabeza y sirvió una pelota con el lema del gol pintado en el cuero. Edgar llegaba, no estaba. Por eso sorprendió. Lo hizo con un remate poderoso. Con la testa. Nadie pudo parar el despliegue del gigante delantero. Habían pasado 96 minutos. Una eternidad. El 2-1 tomó un aire definitivo.

Vítor y su libreto

El cruce ante el Lleida, a todo o nada, pedía una dosis de rigurosidad infinita. En las finales se castigan los despistes. Por eso, los dos protagonistas evitaron conceder nada. El Reus halló en las botas de Vítor desahogo y pinceladas diferenciales. Fue de esas noches en las que luso ofrece magisterio con decisiones sencillas de apreciar, pero muy difíciles de plasmar.

Vítor entonó un Fado portugués maravilloso a los siete minutos. La prestigiosa voz de Carminha lo hubiera firmado. Su compatriota conectó con Fran en tres cuartos de cancha. El pequeño atacante se le devolvió de primeras. Vítor agilizó la maniobra con un control delicioso y se incrustó entre los dos centrales. Cambió el ritmo y culminó con la izquierda. Todo a velocidad de vértigo. La obra deleitó paladares e impulsó al Reus, al que se le abrió un escenario casi idílico. La realidad se encargó de callar el exceso de optimismo.

Los de Natxo hallaron confort con la ventaja. No necesitaban generar mucho y sobrevivían replegados, ante un Lleida con virtudes para manejar la pelota. Dio la sensación de que al rival se le apagaban las luces cada vez que precisaba cambiar el vuelo y pisar el área de Edgar Badia, el arquero del Reus. Eso sí, el mínimo botín no aseguraba nada. Y el fútbol es caprichoso. A menudo penaliza el conformismo. El Reus lo sufrió en sus carnes.

En una estrategia, Pau Bosch encontró el empate. Idiákez había dibujado ese movimiento en la pizarra meses antes. Salió al milímetro. El defensor arrastró hasta zona de definición y convirtió como un especialista del remate.

El respiro coronó la mejoría del Lleida, con la autoestima reforzada, aunque su rival dio un paso al frente. Asumió la responsabilidad y no se escondió ante la amenaza del fracaso. El Reus exhibió personalidad y sólo la escasez de puntería le impidió clasificarse antes del añadido.

Fernando y sobre todo Fran, tras un servicio de Óscar Rico, rozaron el segundo. Con el equipo desbocado, alentado por sus hinchas, que pedían fuego y máximo compromiso. En eso, esta plantilla nunca ha dejado sospechas. Nunca. En el día señalado, la actuación colectiva del Reus brilló en oro. Ángel acarició su noche perfecta con un remate repleto de violencia a la madera. Tras una estrategia. El lateral no hace ruido, pero ofrece rendimiento. Hace demasiadas cosas bien.

El pulso sin descanso del Reus alcanzó el éxtasis con en el arranque de un tiempo añadido con tintes dramáticos. Hernández allanó el camino y la demostración de fe colectiva posterior trajo fiesta. En ella, Edgar levantó la mano para servir el gin-tonic más elitista.

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