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El 4-3-3 de Seligrat da sus frutos

El técnico valenciano apostó por este esquema desde el primer día de curso

Juanfran Moreno

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Los jugadores del Nàstic celebran el tanto de Brugui conseguido frente al Barça B. FOTO: PERE FERRÉ

Los jugadores del Nàstic celebran el tanto de Brugui conseguido frente al Barça B. FOTO: PERE FERRÉ

Toni Seligrat sorprendió desde el minuto uno de la temporada cuando arropó a su equipo en un marcado 4-3-3. Este esquema era una novedad en el libreto táctico del técnico valenciano, puesto que a lo largo de su carrera siempre había apostado mayormente por el 4-4-2. Siempre se ha dicho que estos dibujos tácticos le sirven más a la prensa y a los aficionados que a los propios profesionales del fútbol, pero no cabe duda de que algo de influencia tienen. En el Nàstic se está pudiendo apreciar claramente, puesto que poco tiene que ver el conjunto tarraconense que terminó la temporada pasada con el de ahora.

Hay una serie de características que definen a este Nàstic que se arropa bajo el 4-3-3 que es líder del subgrupo 3ª y que ya acumula diez jornadas consecutivas sin perder, no lo hace desde la primera fecha cuando cayó por 1-0 ante el Barça B. En todo caso, si hubiese que definir al conjunto grana con tres adjetivos serían los siguientes: agresivo, vertical y polifacético.

Laterales, claves en ataque

Uno de los aspectos que definen a este equipo tarraconense que vive un momento muy dulce es la influencia de los laterales en el juego ofensivo. El año pasado eran piezas defensivas que no buscaban la profundidad en ese férreo 4-4-2, mientras que este año no dudan en coger vuelo cuando hay espacio para ello. Carlos Albarrán y Joan Oriol actúan prácticamente de extremos cuando el Nàstic se posiciona en campo contrario. Ahí son constantes amenazas, ya que más allá de leer bien cuando deben subir también están demostrando ser dos especialistas en el arte del centro. No es casualidad que ambos acumulen varias asistencias en lo que va de temporada, siendo especialmente reseñable Albarrán en esta faceta en la que acumula cuatro asistencias en los dos últimos partidos.

Muchas opciones de remate

El hecho de contar con laterales tan abiertos y profundos prácticamente obliga a ocupar el área cuando estos centran con varias piezas. Ahí el Nàstic está acumulando muchos jugadores conscientes de que tiene un peligro real. Los tres atacantes suelen ocupar el área cuando el juego está abierto y uno de los dos interiores también suele aparecer de segunda línea. ¿Qué consigue el equipo tarraconense con eso? Que los centros que llegan desde los laterales sean tremendamente peligrosos porque la ocupación de espacios es múltiple y adecuada.

Mayor control del juego

Otro hecho que está marcando este 4-3-3 es que haya más gente por dentro y eso permita tener un mayor control del cuero en campo rival. El Nàstic es vertical, pero sabe meterle pausa a la jugada porque tiene jugadores para ello. Logra triángulos asociativos cuando instala al rival en campo contrario y eso le permite masticar las jugadas. En todo caso, el conjunto grana no es un equipo al que le guste demasiado el ritmo bajo de balón en los partidos y si tiene opción de verticalizar, lo hace.

Buena presión adelantada


Otro de los rasgos que define a este Nàstic es su capacidad para presionar en campo contrario. El 4-3-3 es un esquema que muchos técnicos utilizan para montar una presión alta y recuperar en la zona de iniciación del rival. Uno de los equipos de Europa que mejor borda esta faceta bajo este esquema es el Liverpool de Jürgen Klopp y el Nàstic de Toni Seligrat está demostrando ser uno de los mejores equipos de la categoría en este aspecto del juego. Los jugadores confían en este plan defensivo y por ello se les ve constantemente animando a sus compañeros para que lancen la presión en bloque alto cuando el rival intenta salir jugando desde atrás.

Dominio del bloque bajo

No obstante, este Nàstic ha demostrado ser un equipo que defiende bien cuando presiona, pero que también lo borda en bloque medio y bloque bajo. En este caso suele apostar por un esquema táctico como el 4-1-4-1 en el que Miranda se coloca por delante de los centrales, interiores y extremos forman una línea de cuatro y Gerard Oliva se queda solo como punta de lanza. Ante el Barça B en la segunda mitad apostaron por este posicionamiento y lo hicieron a la perfección, puesto que apenas concedieron grietas al ataque azulgrana.

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