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El Extremadura descose al CF Reus en el Municipal (1-4)

Los rojinegros se desploman ante el Extremadura en una tarde para el olvido, víctimas de la exhibición del punta Enric Gallego, que anota los cuatro goles del cuadro visitante

Marc Libiano

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FOTO: CF Reus

FOTO: CF Reus

Enric Gallego es un gigantón con ángel. Se mueve tan ágil que no parece que roce los dos metros de altura. Nacido en Barcelona ya es casi hijo adoptivo de Almendralejo. En Extremadura ha encontrado la plenitud profesional. No hay que olvidar que hace año y medio intentaba golear con el Cornellà, en la Segunda B. Enric se graduó en el Estadi para perforar a un Reus tierno, inseguro, metido en un estado depresivo que necesita un golpe de efecto con urgencia.

Gallego remató cinco veces en el partido. Las cinco fueron gol. Uno se anuló el juez en el arranque. Fue simplemente una declaración de intenciones. Completó una tarde perfecta, de servicio majestuoso para el Extremadura, que aparecía por Reus con la luz de alarma encendida. Enric inyectó medicina vital a su equipo.

Roberto Olabe se olvidó del retrovisor en una de esas entregas en la salida del balón con aroma a suicidio. El Reus le mordió, con Linares en primera línea de fuego. Secuestró el balón el delantero con pillería. Linares acumula tantos domingos de actuación que va sobrado de cicatrices. En lugar de caer en el manicomio, el atacante se armó de pausa e interpretó el movimiento de Ricardo Vaz en la zurda. Al espacio le sirvió la pelota. El bichito se perfiló hacia la diestra con un control orientado. El tiro besó la escuadra. De hecho, colisionó con la madera. Se habían consumido 11 minutos.

En realidad, Ricardo conectó al Reus, de nuevo demasiado tierno en el origen del partido. Esta vez no recibió gol porque Varón Aceitón, el juez del lío en Gijón, pensó que Enric Gallego había cometido falta sobre Badia, en una pelota que conquistó zona de definición, tras varias paredes del Extremadura. Chuli, un enganche talentoso y maléfico, descosió el repliegue rojinegro. Gallego cabeceó a gol, pero con penalización previa. A los siete minutos.

La energía de Vaz, enamorado de titularidad tras un puñado de lesiones con insomnio, modificó el escenario. Cabeceó en el segundo poste un centro de Bastos. Se le marchó tras su ejercicio asombroso de anticipación. El Estadi se incendió con el pequeño portugués. Vaz no sólo generó munición ofensiva, también provocó faltas, venció disputas, taquicardia para la zaga extremeña.

El Reus creció, sobre todo a través de su juego posicional, con la paciencia como aliada fundamental. Bartolo regresó a la hoja de ruta original. Diseñó el once para el 4-3-3 y todo pareció más natural, más coral. 

En todo caso, el Extremadura no pensó jamás en la rendición. Cuando se hallaba en el refugio, el Reus se olvidó de un balance defensivo tras mala entrega de Catena. Chuli descargó a la derecha y Valverde amagó entre un disparo y un centro. Badia se mostró atento, puntual. Escupió la pelota con las manos y ésta pasó peaje en la cruceta. El mensaje indicaba batalla. A la media hora de juego. Badia ofrece servicios 24 horas. No tardó en ejercer de Supermán tras una acción deliciosa de Chuli, que recortó dentro del área y culminó al palo carto. La respuesta de Edgar le sitúa en el templo de los elegidos. No se cansa de ganar puntos.

Al Reus le sobró ese suspiro previo al descanso. Pedía el auxilio porque no terminaba de estar cómodo. Recibió un golpe emocional en esos minutos psicológicos que duelen también en el alma. El extremeño Álex mandó un centro con curva gracias a su pierna derecha. Lo cazó con la testa en el rascacielos de New York el gigante Enric Gallego. El Reus protestó falta a Catena. Varón Aceitón no escucha demasiado.

Gallego confirmó el despegue del Extremadura con un segundo tiempo descomunal. Descosió al Reus con movimientos venosos. En la presión defensiva se convirtió en el primer soldado de Rodri. Del resto se encargó su apetito. Adelantó al Extremadura con otro cabezazo. Se quedó a media salida Badia en un centro mordido de Olabe. Voló Enric para acompañar la pelota a la red. Su exhibición añadió otro registro en la sentencia. Enseñó los colmillos en la salida de balón del Reus. Robó ante Gus Ledes, encaró a Badia y le superó con un auto pase. Convirtió abajo.

El delantero decoró su exhibición con una carrera imposible. Ante Catena y Olmo, los dos centrales, cruzó al palo largo para el 1-4. Se desplomó el Reus. Depresivo y sin aliento.

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