El Nàstic cae eliminado de la Copa del Rey

El conjunto grana cayó en la tanda de penaltis (6-5) tras empatar a cero en el tiempo reglamentario

Juanfran Moreno

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Imagen del encuentro entre el Linares y el Nàstic. Foto: Ideal Jaén

Imagen del encuentro entre el Linares y el Nàstic. Foto: Ideal Jaén

Fue un encuentro con polémica, ocasiones y paradas. Pura esencia de la Copa del Rey. El Nàstic pudo sacar conclusiones positivas y negativas en Linares. El equipo compitió y generó más ocasiones como visitante que de costumbre. Sin embargo, volvió a cometer errores en área propia y adoleció de colmillo. Gonzi casi fue el héroe, paró un penalti inexistente en el tiempo reglamentario y uno en la tanda, pero los errores de Aythami y Ribelles se lo impidieron. Eliminados a la primeras de cambio de la primera ronda de la Copa del Rey y con la sensación de que la fortuna le ha dado la espalda al equipo.

Raül Agné decidió apostar por un once con algunas novedades, pero no con tantas como suele ser habitual en el torneo copero. Dio minutos a Gonzi y Nil, los menos habituales, y devolvió a la titularidad a Édgar Hernández y Aythami Artiles. De todas formas, era un once de garantías.

Solo rodar el cuero ya se supo que el Nàstic regresaba al origen con el 4-4-2 que le dio alegrías en el inicio del curso, pero que en las últimas semanas se había vuelto tan previsible como poco efectivo. Robert Simón y Javier Bonilla ocupaban los costados, mientras que Édgar Hernández y Fran Carbia se instalaban en el frente ofensivo.

Normalmente si el Nàstic ha jugado con solo dos mediocentros ha sido un equipo con menos pie y en consecuencia con menos balón, pero con más profundidad por bandas. Ante el Linares ya dio síntomas de ello en los primeros compases, pero eso no fue sinónimo de esterilidad, al menos en los primeros minutos. No lo fue por dos factores diferenciales: el balón parado y Édgar Hernández.

La primera ocasión, mejor dicho, el no gol de los granas, llegó mediante un Javier Bonilla que botó un córner cerrado que Fran Carbia remató en el segundo palo. Introdujo el cuero dentro, pero el árbitro señaló una falta en ataque sobre Razak que al menos desde la televisión no se pudo apenas apreciar. Muy polémico ese gol anulado. No obstante, el inicio era prometedor.

Apenas había dado tiempo para el suspiro y el lamento cuando el Nàstic volvió a generar peligro. Otra vez a balón. Otra vez con Bonilla como precursor. Esta vez fue Fran Carnicer el que evitó el gol al taponar un cabezazo de Trilles en el segundo palo que había salido muy bombeado y que se colaba en la portería del Linares.

La tromba inicial se rebajó durante unos minutos, pero luego volvió con fuerza porque Édgar Hernández emergió en esas tareas de delantero-organizador que tan bien hace. El Nàstic le encontró y gracias a ello pudo ser un equipo con mayor peligro en la transición. Unió todo lo que en los últimos partidos no se unía. Precisamente, el ariete de Gavà tuvo otra ocasión clara con un remate en el segundo palo que tocó en el palo y se marchó fuera.

Lo único negativo de la primera mitad fue la lesión de Robert Simón que tras un centro se tiró en el suelo y automáticamente sintió que algo no iba bien. En su lugar entró un Pol Ballesteros que aprovechó el cuarto de hora final para mostrarse. Existen pocos jugadores con el desequilibrio del de Vilassar en la plantilla.

Precisamente el extremo grana fue el primero en generar peligro en la segunda mitad. Un centro suyo desde la derecha se envenenó y pasó cerca de la portería de Razak. Un inicio prometedor para un Nàstic que seguía dejando esa sensación de peligro constante. Se echaba de menos, sobre todo fuera de casa.

El Linares intentó tener más el cuero para defenderse con él. Era consciente de que el Nàstic le estaba generando demasiado con quizás no tanto. Logró enfriar algo el encuentro, pero esa sensación de colmillo afilado por parte de los granas ya se había instalado. Otra vez apareció Édgar con el flotador para peinar un cuero que terminó con un centro de Pedro Martín que tocó en el defensa rival e hizo lucir reflejos a Razak. Por algo fue Carbia y no el de Gavà el sacrificado para la entrada del malagueño pocos minutos antes. Agné veía en Édgar una pieza diferencial para llevarse la eliminatoria.

Uno de los aspectos que han martirizado al Nàstic esta temporada son los errores individuales. Han cambiado guiones de encuentro y en consecuencia la dinámica. Marc Trilles cometió ayer otro en el 70’. Perdió el balón en la salida de pelota y el Linares montó su ataque con celeridad. El cuero acabó en el segundo palo y Sanchidrián remató, pero apareció Gonzi para sacar una mano salvadora.

Ya con los cinco cambios, Pedro Martín se dolió de los isquios. Quedaba un cuarto de hora por delante. Lo jugó a duras penas, renqueante y dejó al Nàstic con 11, pero como si estuviera con 10. La pesadilla se comenzaba a dibujar y el árbitro casi terminaba de colorearla. Pitó un penalti de Joan Oriol a Sanchidrián que por más tomas que pusieran no se veía por ningún lado. Vamos, igual que el gol a Carbia que había anulado en la primera mitad. Otra vez Gonzi apareció para sacarle la pena máxima a Etxaniz. Ya saben lo que dicen… penalti injusto, se falla.

Con ese error, ambos equipos parecían firmar inconscientemente la prórroga. 30 minutos más de carga para las piernas. Cuanto menos arriesgado habiendo partido este próximo fin de semana, pero era lo que había. Pero antes la tuvo el Nàstic con un remate de Joan Oriol que casi emboca Pol Ballesteros a portería vacía.

La prórroga trajo un regalo implícito para el Nàstic, ya que pudo realizar el sexto cambio y meter a Pol Prats por el lesionado Pedro Martín. Al igual que en la segunda mitad, el primer aviso fue de Pol Ballesteros. Édgar Hernández, en otra de sus recepciones, le filtró un balón al espacio que el de Vilassar interpretó con inteligencia para fijar al defensa contrario. Disparó al primer palo, pero no a puerta. Otra que se le escapaba al Nàstic.

Fue un tiempo extra sin tantas piernas y de arreones. De idas y venidas. Fútbol puro y sin hermetismos. En uno de esos impulsos en los primeros compases de la segunda mitad de la prórroga, la tuvo el Linares. Barbosa remató como pudo en el segundo palo un centro de Sanchidrián, pero su remate pegó en el palo. Sin apenas tiempo para la reacción, fue Gonzi el que sacó un disparo de Copete. Tremendo el encuentro del teórico portero suplente. Resarcido.

También la tuvo el Nàstic con una llegada de segunda línea de Pedro Del Campo que sacó Razak. La noche iba de porteros. Quedaba lo mejor. La muerte súbita en los penaltis. Pura esencia de la Copa.

En la tanda de penaltis hubo mucho acierto y poco error. Del lado grana solo dos, pero fueron suficientes. Aythami Artiles y Javier Ribelles, que erró el decisivo, dejaron a Gonzi sin la etiqueta de héroe. Una pena porque bien se la ganó. Ni en penaltis. A este Nàstic parece que le han echado un mal de ojo.

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