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El Nàstic cae en Cádiz (2-0) y peligra Carreras

Barral y Álvaro liquidan a un Nàstic que aguantó la primera mitad pero recuperó su desconcierto habitual en la segunda

Jaume Aparicio

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Carreras sumó una nueva derrota en su curriculum con el Nàstic. Puede que la última. Un punto en cuatro partidos y eliminados de la Copa del Rey es un balance malo. Si encima, el juego no está a la altura. No evoluciona favorablemente en tantas jornadas, lo normal es que la espada de Damocles se acerque peligrosamente sino es que caiga.

Y eso que no fue el peor partido del Nàstic de Carreras. Todo lo contrario. El equipo mostró seriedad en los primeros 45 minutos. Incluso con una alineación sorprendente, por la presencia de jugadores defensivos y con Manu Barreiro en el banquillo, los granas aguantaron bien el tipo. Hasta que Barral marcó el 1-0, a los diez minutos del segundo tiempo. Desde ahí, hasta el final del partido, volvió al desconcierto habitual.

El Carranza es un estadio de vértigo. De esos campos que exigen una primera reacción de embobamiento. Impresiona con esas gradas que semejan paredes alpinas de tan empinadas que son. Y eso vacío. Cuando el amarillo conquista sus asientos y las palmas comienzan a sonar te acoge una sensación de fútbol en formato XXL.

Se preparó el Nàstic para pasar una calurosa noche en Cádiz ante un equipo que fue menos fiero del que se preveía. Mérito, en buena parte, de la labor defensiva del equipo de Carreras. El técnico granate lleva semanas repitiendo que el primer paso de la construcción es la defensa. La imagen del Nàstic en las primeras jornadas de liga era de una vulnerabilidad extrema. El Sporting de Gijón explotó esa fragilidad y destapó todos los descosidos que todavía andan sueltos. Ante el Lugo, ya dieron un pequeño paso. Ayudado por la indolencia de los gallegos. En Cádiz, Carreras no quiso pasar mayores vergüenzas. Acumuló futbolistas defensivos para maniatar a un previsible Cádiz.

El conjunto de Álvaro Cervera no encontraba los huecos que había descubierto fácilmente en los videos de los primeros encuentros del Nàstic.

Tal vez, si hubieran repasado los partidos de pretemporada hubieran descubierto que con Djetei, Carreras ya había dibujado ese 1-5-3-2. La lesión del camerunés llevó a modificar ese planteamiento. El entrenador de Sant Pol no veía preparado a Carlos Blanco como pieza de encaje en ese sistema. Después de ver en acción al jugador barcelonés en Copa del Rey, optó por darle cabida en Cádiz y recuperar la idea inicial.

Todo el equipo mejoró en consistencia. Maikel Mesa tiró del equipo con un Eddy Silvestre que anduvo extraño en su antiguo estadio. Como empeñado en dar más de lo que podía. Suyo fue el error que propició el segundo con una pérdida en el medio del campo. No supo controlar un pase sencillo y le entregó medio tanto a Álvaro.

En el primer tiempo, el Nàstic se demostró que podía contener y jugar al mismo tiempo. Y hacerlo con criterio. Sin agotar el balonazo. Tampoco tenía muchas opciones para usarlo. Uche no está hecho para esos quehaceres. Del mismo modo que Juan Delgado. El chileno no ha hecho ni la mitad que Manu Barreiro, pero fue el gallego calentó banquillo. Inexplicable.

Hubo que esperar al segundo tiempo para ver por fin juntos a Uche y Manu Barreiro. Aunque para entonces el partido estaba sentenciado.

Los dos carrileros, Javi Jiménez y Kakabdze protagonizaron las dos primeras ocasiones de peligro del Nàstic. Dos jugadas individuales de esas que requieren potencia, habilidad en el regate y engaño. Llegaron a zona de disparo y probaron a Cifuentes. El meta gaditano respondió a ambas con acierto.

Maikel Mesa asumió la función de líder. Guía del equipo con conducciones y asociaciones jugosas. Accedió a zona de disparo tras deshacerse de dos rivales. Cargó la pierna desde el vértice del área pero Cifuentes despejó. El rebote aún fue a parar a pies de Uche que la enganchó desde el balcón de la zona de castigo. La pelota tocó en un defensor y la ralentizó para que fuera mansamente a los guantes del meta.

El Cádiz no estuvo muy inspirado tampoco en ataque. En los primeros 45 minutos apenas se acercaron a Dimitrievski. Lo más peligroso un remate de Álvaro fácil para el portero macedonio y un remate desviado de Salvi.

Todo se torció en el minuto 54. El gol de Barral. La acción nace de una falta inexistente de Maikel Mesa en una zona excelente para Aitor. El especialista de los gaditanos le pegó estupendamente y obligó a Dimitrievski a volar con una estirada imposible para despejar. Se durmió la defensa grana que dejó a Barral libre para recoger el rebote y fusilar a Dimi.

El castillo se cayó. El Cádiz cocinó su juego, al tiempo que el Nàstic iba cayendo en el desconcierto. Los cambios ayudaron a generar el desorden. Con Silvestre de mediocentro defensivo, Omar Muñiz y Mesa campaban por la mediapunta y Uche y Manu trataban de agarrar algo que llevarse a la boca.

El equipo no mejoró y la era de Carreras toca a su fin.

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