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El Nàstic comienza la a vuelta con derrota en Tenerife (Tenerife 2-0 Nàstic)

Con goles de Suso y Jorge Sáenz el Tenerife superó a un Nàstic frágil en defensa y plano en ataque

Jaume Aparicio

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El Nàstic se está acostumbrando a ser el bufón de la categoría. El colista del que todos los equipos esperan sacarse una buena dósis de risas y goles. La mascota de la fiesta cargada de globos con forma de goles. Nadie da un duro por el Nàstic y confían en una victoria fácil. Como la de ayer. Una derrota para empezar mal la segunda vuelta que deja la salvación a siete puntos y cuestiona la necesidad de refuerzos.

Una imagen que avergüenza a los aficionados granas. Pero es lo que transmite su equipo. Un conjunto previsible y tedioso. La representación del descenso en pleno mes de enero.

El Tenerife acabó la primera vuelta con cierta desesperación. El equipo de Oltra no conseguía levantar el vuelo y cada vez se veía más encharcado en una pelea, la salvación, que no tenía que ser la suya. La reacción de la dirección deportiva, Víctor Moreno, fue incorporar a dos piezas frescas y creativas. El mediocentro cedido por el Valencia Racic y Borja Lasso, un tremendo mediapunta que se aburría en Sevilla, tras su soso paso por Osasuna. Ellos dos, más un Luis Milla en modo ‘playmaker’ (jugón), el Tenerife encontró esa brisa que necesitaba el equipo para liberarse.

El Nàstic lleva cuatro fichajes (Thioune, Pipa, Mikel Villanueva y el inédito Barrada) y todavía no ha conseguido generar esa sensación de cambio. Todo se ha quedado en sensaciones. Las que ofrecen un día sí y dos no. Lo que no se mejora es en lo realmente necesario: los resultados. Y sin ellos, es imposible. Hacen plantearse si vale la pena seguir hincando el diente en el mercado o centrarse ya en el curso que viene.

El técnico navarro perdió de manera voluntaria esa punta de velocidad que presumiblemente  iba a ofrecer el Tenerife al dejar a Luis Suárez en el banco. Su apuesta para acompañar a Barreiro fue un Manu del Moral que no jugaba desde el partido ante el Mallorca, hace dos encuentros.

Más jornadas llevaba parado Tete. Ocho jornadas en la grada acumulaba. Reapareció como relevo del sancionado Abraham. Su presencia era, en este sentido, la más lógica. Igual que su rendimiento. Escaso. Como el que lleva ofreciendo en Tarragona desde que llegó. Junto con Javi Jiménez convirtieron el costado izquierdo del Nàstic en una autopista para el Tenerife. Los canarios supieron aprovecharlo con suma facilidad. Por allí llegaron las primeras (y casi todas) ocasiones de peligro para el cuadro local.

La primera la neutralizó Bernabé con un intervención milagrosa a cabezazo de Jorge Sáenz. La segunda y la tercera fue el palo el aliado del Nàstic. Borja Lasso demostró por qué figuraba en la agenda de todos los equipos de Segunda División con un recorte seco sobre Imanol, que dejó al navarro clavado en el césped, y un zurdazo largo que se estrelló en el travesaño.

Igual destino encontró el lanzamiento de falta de Luis Milla. Golpeó la pelota con sutileza para superar la barrera antes de salir repelida por la madera.

Tanto iba el cántaro a la fuente que al final se rompió. Por la izquierda. Por allí llegó Borja Lasso que colgó al segundo palo donde un solo, solísimo, Suso empujó el balón con la cabeza. Imposible para Bernabé.

El partido volvía a ponerse cuesta arriba para un Nàstic que apenas se había dejado ver en los dominios de Dani Hernández en los primeros minutos. Los tarracnenses llegaron a reclamar, sin mucho énfasis, un penalti sobre Del Moral con el 0-0. Hubo agarrón, ligero, tanto para pitar como para no hacerlo. Varón Aceitón optó por lo segundo.

No mereció nada más. Los envíos largos, como en tiempos no tan lejanos, volvieron a ser el único recurso ofensivo. Precipitación e imprecisión fue la tónica general que incapacitó el ataque grana.

Pese a todo, el Nàstic rozó el empate tras el paso por el vestuario. Corrió a la contra, en superioridad clara, pero Pipa finalizó con un disparo cuando tenía mejores opciones. Los de Enrique Martín querían pero no podían. Resaltaron esa incapacidad generadora que lleva arrastrando desde casi principio de temporada. No sabe cómo hacerle daño al rival. Al final queda la frustración que acaba afectando toda la estructura. De adelanta a detrás. Del ataque a una defensa que quedó frágilmente retratada en el segundo gol local. Jorge Sáenz convirtió en un gol de bella expresión futbolística de Lasso y Racic.

La fiesta arrancó en Tenerife para convertirse en una nueva humillación.

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