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El Nàstic da la talla ante un Barça desganado (1-1)

El conjunto grana fue superior al plan B con el que se presentó Valverde al Nou Estadi. Barreiro adelantó a los tarraconenses y Alcácer igualó el choque con un lanzamiento de falta

Jaume Aparicio

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Maikel Mesa y Sergi Roberto disputan un balón. Foto: Pere Ferré

Maikel Mesa y Sergi Roberto disputan un balón. Foto: Pere Ferré

El denostado y criticado Paco Alcácer salvó los muebles de un FC Barcelona que salió al Nou Estadi a pasearse. Con menos ganas que un entrenamiento. Ernesto Valverde tiró de equipo B con estrellas rutilantes, como Arda Turan, que ni siquiera respetaron el escudo del club que representan. Triste ver un conjunto azulgrana tan pobre. 

Enfrente se encontró a un Nàstic poderoso y enchufado. Los de Lluís Carreras fueron mucho mejores. Se tomaron el partido más en serio y merecieron ganar el choque.

Ya sea el Barça B, C o D jugar contra ellos motiva. Se notó ese olor a partido grande. En el campo y en la grada que rugió como en las mejores ocasiones. Un ambiente así en el 50% de los encuentros de liga te lleva en volandas a cualquier objetivo que se plantee. 

En el césped, el hambre que despertó en los jugadores granas tener enfrente a Mascherano, Sergi Roberto, Arda o Alcácer era descomunal. Todos se apresuraron a ofrecer su mejor versión posible. La de Omar Perdomo es brutal. 

El canario desplegó un catálogo de recursos que nada tenía que envidiar al de algunos de los jugadores que tenía enfrente. Algunos. Puso los malabarismos y la fantasía con una jugada descomunal. Sentó a Semedo (30 millones le ha costado al Barça este verano) y a Mascherano de una tacada. Apuró al máximo antes de dársela a Barreiro para que el gallego anotara el primer gol.

Molina ganaba todos los uno contra uno posibles. Maikel Mesa atrapaba balones echando mano de su acertada colocación y a una trabajada intuición que le permite adelantarse a la acción.

Djetei y Perone se postulan para ser los dos centrales titulares. El camerunés estuvo rápido y el brasileño seguro en el posicionamiento. Abraham daba cuenta de su solidaridad defensiva, mientras Tejera iba a lo suyo. Genialidad tras genialidad. Llega al inicio de liga mejor aún que como acabó la pasada. Mantenerlo en la plantilla es el mejor fichaje posible. Hasta Dimitrievski se lució con una parada ante Paco Alcácer.

En los anales de la historia el partido pasará por ser escenario de la enésima lesión del central azulgrana, Vermaelen. Tejera le cazó y puso en evidencia la fragilidad física del belga. Doce minutos aguantó sobre el campo antes de ser relevado por Marlon.

El Barça no dio el nivel. No lo hizo cuando decidió dejar a sus estrellas en casa, ni tampoco en una primera mitad dominada de principio a fin por los chicos de Lluís Carreras. El Nàstic asfixió al cuadro azulgrana -que vestían de celeste, su segunda equipación- con una colocación táctica rigurosa y una presión meticulosa y precisa. Samper, Sergi Roberto, Aleñá y Denis Suárez, los centrocampistas encargados de obrar en el medio del campo se diluían en la telaraña grana.

El Barça continuó a su trote en la segunda mitad. Desconectado. En plan entrenamiento, tal y como señaló en el comunicado “amistoso de entrenamiento”. Suerte tuvieron los azulgrana que sólo BarçaTV televisara el partido a trozos. La imagen hubiera preocupado a más de un culé. Su equipo B, o segunda unidad, no dio la talla. 

Ter Stegen fue de los únicos azulgranas que estuvo a la altura del compromiso por parte barcelonista. Evitó el gol de Juan Muñiz con una mano felina. Digna de uno de los tres mejores porteros del mundo. 

Stephane recogió el rechace para marcar a puerta vacía, pero el tanto fue anulado por fuera de juego.

El Nou Estadi vio el debut de Gerard Deulofeu en su regreso al FC Barcelona. El de Riudearenas dispuso de la ocasión más clara del partido para los de Valverde. Topó con el muro Dimitrievski que emuló a su homólogo en la otra portería. 

Alcácer empató con un gol de falta antológico. El portero macedonio ni se movió. Se quedó clavado viendo como el balón se colaba por la escuadra.

Jordi Alba, uno de los pocos titulares azulgranas presentes en el partido, recibió el cariño del Nou Estadi cuando entró en el terreno de juego, mediada la segunda mitad. Le abrazaron como el ídolo que fue vestido de grana. A su regreso a Tarragona el lateral había mostrado con un tweet su orgullo por haber lucido el escudo del Nàstic en la pechera. La grada le ovacionó y coreó su nombre.

Tras el empate culé, salió a relucir el cansancio grana. Se estaban quedando sin gasolina, mientras el Barça, menos desgastado, combinaba con sus mejores piezas (Deulofeu, Alba y Andre Gomes). 

Carreras reforzó la zaga con Carlos Blanco para acabar con una defensa de cinco y proteger el marcador. Cualquiera hubiera firmado empatar con el Barça. Aunque sea en pretemporada.

Al final buen resultado. El equipo gustó y la grada del Nou Estadi se divirtió en una noche de fútbol veraniego perfecto.

El Nàstic da buena pinta. Gusta y divierte. Las ilusiones se destapan a medida que se acerca el inicio de curso. 

 

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