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El Nàstic dice el último adiós a Jose María Grau

La familia grana despide al delegado del primer equipo  en el santuario del Loreto, que se quedó pequeño para la ocasión

Jaume Aparicio

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La plantilla del Nàstic, encabezada por el entrenador Gordillo y los capitanes, se despidió de su delegado. FOTO: Fabián Acidres

La plantilla del Nàstic, encabezada por el entrenador Gordillo y los capitanes, se despidió de su delegado. FOTO: Fabián Acidres

«Era la persona más indicada para asumir el cargo de delegado del equipo. Un hombre de la casa, forjado en el fútbol base con una bondad infinita». Josep Maria Nogués recuerda cómo Jose María Grau pasó a ocuparse de los quehaceres cotidianos de la primera plantilla del Nàstic.

FOTO: Fabián Acidres

Atrás quedaron esos días de domingo, de kilómetros arriba y abajo con la familia ‘Telerín’ (su mujer y sus hijas e hijo) para ver a su equipo en los campos más extraños posibles. El Nàstic le abría la puerta de su casa y le daba las llaves. Una casa que ayer quedó vacía para despedirle. Rendirle un último adiós y prometerle que aunque no esté, seguirá muy presente.

En todos y cada uno de los directivos y empleados del club, de los que su mujer Pili es uno más, que seguían incrédulos ante el repentino e inesperado desenlace. 

FOTO: Fabián Acidres

También en esos jugadores que lloraban la pérdida de su segundo padre. Para muchos de ellos Grau era su segundo padre. La persona que les hacía la vida más fácil. Que siempre respondía a sus dudas, a sus problemas resolviéndolos con una serenidad inalterable.

Ya podía estar el Nàstic al borde del descenso que Grau mantenía firme el rostro y soportaba estoicamente la tensión por dentro. Y eso que durante los años del ascenso y de Primera, Kiko Ramírez y Xavi Bartolo se preocupaban por su corazón: «Jose María, vete para el vestuario». Pero ahí estaba. Inamovible. Preocupado de sus chicos y también del árbitro.

«Cada jornada, antes de saltar al campo, me cogía y me decía el nombre del árbitro, al tiempo que me pedía que le ayudáramos, que le hiciéramos el partido fácil», recordaba Xisco Campos, que junto con Reina y Vicente Moreno viajaron de Mallorca para despedirse de Grau y estar junto a su familia y demás miembros de la plantilla.

Como Jordi Abella, Ernest Canete o Juan Andrés, con los que Grau ha pasado todos estos 18 años, pese a las turbulencias del club. Los tres, cortados por el mismo patrón de la discreción que aplicaba Jose María Grau, lloraban su pérdida en el Santuario Nuestra Señora de Loreto. Allí donde dirigía a las plantillas cada inicio de temporada para rezar por un buen curso. Un recinto incapaz de contener el dolor de toda la familia del Nàstic.

El carácter afable de Jose María Grau se granjeó un sinfín de amistades en el fútbol. Era imposible no quedarse impregnado de su trato cordial y amable. No son palabras de rigor, es la realidad pintada en el lienzo de su funeral. Desde Josep Mir, hasta Jordi Alba o Paco Flores, pasando por Felip Ortiz, Medina, José Sicart, Emilio Viqueira, José Luis Deus, Filgueira, etc. Una lista larguísima de personas y aficionados para despedirse del afable Jose María Grau.

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