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El Nàstic nunca deja de creer

Otra vez, los compases finales le dieron a los granas un valioso empate acorde a lo visto sobre el terreno de juego

Juanfran Moreno

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Los más jóvenes pudieron hacerse una foto con el once inicial.   Foto: pere ferré

Los más jóvenes pudieron hacerse una foto con el once inicial. Foto: pere ferré

Puede sonar redundante a lo largo de la temporada, pero este encuentro tenía un aura de importancia revoloteando a su alrededor de forma incontrolada. Sólo se llevan tres jornadas, pero cuando te visita el líder y lo hace siendo el único equipo con seis puntos en el casillero y encima es un recién descendido al que su afición empuja y obliga a ascender, sobran los argumentos. No hacía falta tener una vista de lince, para atisbar en la Preferente superior a los 300 aficionados levantinistas que se dejaron la garganta a lo largo del encuentro.

La afición grana no tuvo nada que envidiarles. El Nou Estadi rugió con fuerza en determinadas fases del encuentro. Pérez Monero, el colegiado del partido, fue la dosis de gasolina que necesitaba la antorcha grana para encenderse. Lejos de intentar calmar el fuego, lo siguió avivando con sus decisiones. El «árbitro, que malo eres» retumbó con fuerza entre los asistentes.

Avellaneda apoyó a Saja

Hubo un jugador al que el feudo grana le teletransportó a un escenario clave en su pasado, concretamente al Estadio Presidente Perón, donde Racing Club juega sus partidos como local. Saja era aquel futbolista. Un mural albiceleste en Gol Mar representando los colores de Racing destacaba en el graderío. Su pasado en el club argentino es imborrable, la peña de Barcelona de Racing no quiso desaprovechar la ocasión para ver a uno de sus ídolos en directo. No pudo lucirse, pues el gol fue inapelable y la mayoría de los disparos granotas se fueron muy desviados.

La curiosidad del partido fue el prólogo al gol grana. La red de la portería defendida por Koke se destensó obligando a tener que tensarla. Pocos instantes después, Muñiz se iba a encargar de dar el visto bueno a la maniobra realizada. El asturiano clavó el balón en la escuadra derecha, por donde se había destensado la red, desatando el delirio entre los asistentes. El Nàstic lo había vuelto a hacer. El empatar en los instantes finales seguía siendo un credo. Sólo Roger logró silenciar al Nou Estadi con su ocasión clara al final del encuentro. Sin embargo, el destino volvió a echarle una mano al Nàstic. El karma parece estar obcecado en devolverle la ilusión que le quitó la temporada pasada con el no ascenso. Ahora no hay tiempo para descansar. El miércoles viene el Numancia para disputar la segunda ronda de la Copa. Un partido tranquilo no vendría mal...

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