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Deportes NÀSTIC

El Nàstic se aferra a un clavo ardiendo

A pesar de la enorme dificultad que supone recortar ocho puntos, el club, plantilla y aficionados mantienen una luz de esperanza, una semana más

Jaume Aparicio

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Champagne, portero del Oviedo, se estira para despejar un remate de Fali.  FOTO: real oviedo

Champagne, portero del Oviedo, se estira para despejar un remate de Fali. FOTO: real oviedo

Despedirse de Segunda División es muy difícil. Nadie quiere hacerlo. Aunque todo indique que el final está a la vuelta de la esquina. Perder el derecho de permanecer en la liga profesional supone rebajar el nivel de ingresos directos e indirectos, además de una disminución de interés deportivo general, que no el del aficionado fiel y eterno.

Por esa cuesta tanto que el Nàstic, tanto el vestuario, como sobre todo la directiva y el entorno del club, asuman a falta de poco menos de tres meses para la conclusión del campeonato un descenso inevitable. Nadie niega que la situación es muy complicada. Que hace falta un milagro para salvar la categoría. Aún mayor que el de los últimos años. Pero la fe irracional del fútbol mantiene la confianza en la plantilla. Un equipo, reformado en invierno, que ha manifestado un alto carácter competitivo en todos los partidos y que no está dispuesto a arrojar la toalla hasta que las matemáticas le obliguen a ello.

Y los números aún no dejan claro que los tres conjuntos situados en la zona de descenso (Extremadura, Nàstic y Córdoba, además del ta descendido CF Reus) sean carne de Segunda B. Al menos, no en el caso del Nàstic. Los de Enrique Martín cierran este domingo (16.00 horas) ante el Málaga un Tourmalet de seis partidos que por ahora, a falta de uno, ha saldado con cuatro puntos (una victoria, un empate y tres derrotas). Un balance no del todo justo con el rendimiento ofrecido por los granas. Ante Deportivo pudieron sumar los tres puntos, contra el Cádiz hicieron méritos para al menos igualar el choque, lo mismo que en Pamplona, donde cayeron derrotados por un gol fantasma. Incluso en Oviedo el 2-0 fue resultado más de la efectividad en el remate asturiano (el Nàstic envió dos balones al palo y Champagne, meta local, salvó un gol seguro de Fali) que de una superioridad manifiesta sobre el césped.

Queda el partido ante el Málaga en el Nou Estadi y es en el feudo grana, donde el club y la plantilla confían en ganarse la permanencia. Sumar los tres puntos ante los andaluces permitiría, como mínimo, evitar un distanciamiento definitivo con la salvación. La directiva tarraconense creen, igual que ha expresado en varios momentos el técnico Enrique Martín, que si el equipo llega a las últimos seis jornadas con un margen de cuatro cinco puntos, se puede hacer valer el factor campo. Y es que cuatro de las últimas seis jornadas ligueras serán en el Nou Estadi frente a rivales directos o en una situación tranquila en la tabla clasificatoria. Eso sí, hay que llegar vivos.

La afición no es tan optimista. Por las redes sociales impera el pesimismo lógico. Los números son los que son. Tampoco el entrenador navarro despierta simpatías entre los nastiqueros. Ha perdido toda la confianza que muchos habían depositado en su llegada y los mensajes de optimismo que generó su llegada se han convertido en críticas abiertas sobre sus planteamientos. Sin ir más lejos reprochan al técnico la propuesta defensiva que presentó en Oviedo. El plan de esperar al rival en campo propio y atacarle al espacio en el momento justo, alabado en muchas otras ocasiones, se le giró en contra. Aunque en número de ocasiones, asturianos y tarraconenses tuvieran las mismas. El momento y las circunstancias llevan a lecturas diferentes y exigen soluciones rápidas que no vendrán ni por la vía ofensiva ni por la defensiva, sino por el equilibrio de paciencia y nerviosismo.

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