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El Real Zaragoza, un gigante herido

El conjunto zaragocista vive una temporada de pesadilla. Habían diseñado una plantilla para ascender y están peleando por evitar un descenso traumático

Juanfran Moreno

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Luis Suárez en el partido de ida ante el Zaragoza.

Luis Suárez en el partido de ida ante el Zaragoza.

Nadie vislumbraba un horizonte tan desalentador para el Zaragoza a principio del camino. La temporada pasada habían sentado las bases para convertir esta campaña en la predilecta para asaltar el regreso definitivo a la Primera División. Sin embargo, el fútbol no entiende de intenciones. Es más, castiga cuando uno menos lo espera.

A día 30 de marzo de 2019, el Zaragoza pelea por el descenso. Un dato tan terriblemente cierto como inesperado. El conjunto maño ocupa la 17ª plaza con 34 puntos, solo cuatro por encima del Extremadura, el último equipo que ocupa puestos de descenso. Tres entrenadores en lo que va de temporada (Imanol Idiakez, Lucas Alcaraz y ahora Victor Fernandez) terminan de reflejar la inestabilidad y el contexto de nerviosismo que respira el histórico club y la ciudad. 

El Zaragoza es una colección de nombres. Solo eso, tristemente. Un arsenal de talento individual que no ha llegado a mezclar como debería haberlo hecho durante toda la temporada. No ha encontrado inercias positivas en las que arroparse. Castigo tras castigo. Ahora vive con temor. Sabe que debe salvar el descenso. Probablemente, sino lo hace, la desaparición estará más cerca que nunca. 

Álvaro Vázquez, exjugador del Nàstic la pasada temporada, ejemplifica lo que está siendo el conjunto zaragocista temporada. Un delantero capaz de sumar siete goles en lo que va de curso, pero incapaz de encontrar la regularidad en su juego. Nadie duda de su talento, pero sí de su constancia. 

El ‘lobo’ es un fiel reflejo de lo que están aportando sus compañeros. Combinan buenas actuaciones con comparecencias desastrosas. Así, imposible mirar arriba. De hecho, es fácil mirar abajo. 

La inestabilidad en el banquillo maño anteriormente mencionada ha provocado que el Zaragoza haya sido un conjunto que ha adoptado diferentes ideas de juego a lo largo de la temporada.

Al principio de curso, con Imanol Idiakez al frente, el conjunto maño era un equipo asociativo, dominante, pero inseguro atrás. Precisamente, se apostó por la llegada de Lucas Alcaraz. Un entrenador conocido por su dominio de la fase defensiva. Lo cierto es que nunca llegó a funcionar. La explicación es sencilla: la plantilla del Zaragoza está hecha para construir y no destruir.

La última bala en el cartucho fue la de Víctor Fernández, un entrenador que ha llegado por un salario silmbólico y con la única intención de alejar al Zaragoza del infierno. El conjunto maño ha mejorado, pero no en exceso. Sigue siendo irregular, frágil atrás y sin ningún futbolista que le marque las diferencias en el frente ofensivo de manera constante. La sombra de Borja Iglesias es alargada. 

Nadie duda de que el Nàstic puede ganar en La Romareda. Al menos nadie debería dudarlo aunque la clasificación tenga al conjunto grana ya prácticamente sentenciado. En todo caso, tampoco nadie debe dudar de que el escenario maño es temible. Todo dependerá del trayecto que coja el partido. Si el Zaragoza sale fuerte y manda, La Romareda apretará para bien. Si el Nàstic sale y manda, La Romareda apretará para mal. Cuestión de sensaciones. Eso sí, no habrá una grada intrascendente. 

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