El Reus da un paso al frente

Hockey. Los rojinegros conquistan el derbi ante el Calafell (2-5) y se clasifican de forma matemática para la Copa del Rey 

Marc Libiano

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Foto: Pere Ferré

Foto: Pere Ferré

El derbi impulsó al Reus, que sumó muchas causas en el Joan Ortoll. Alcanzó un éxito de colectivo ante un Calafell efervescente en el primer acto, pero minimizado en el segundo. A todo esto, deberían declarar los derbis como patrimonio de la humanidad, son absolutamente imprescindibles para la salud y más si se celebran en el Ortoll, con la platea hasta los topes y un colorido maravilloso. Esta vez, la madurez rojinegra, mejorada con respecto al inicio del curso, otorgó al Reus tres puntos que le aportan mucho, primero porque ya ha sacado el billete para la Copa y segundo porque le ayudará a progresar como grupo.

Hubo en el equipo de Garcia dos fuerzas dominantes que cosieron el trabajo. Por un lado, Checo Compagno protagonizó la actuación que imaginó la noche antes arropado en su almohada. Manejó el juego como un director de la sinfónica y además aportó carácter y goles. Dos sumó a su nómina de servicios. 

A la personalidad del italiano se añadió el precoz Diego Rojas, que ingresó sobre la pista como rotación, pero su partido resultó tan jerárquico que Garcia decidió no estorbarle demasiado con descansos. Rojas siempre toma buenas decisiones y eso, a su edad, cuesta de encontrar. Puede actuar en cualquier rol porque es inteligente para interpretar cada escenario. No pierde una bola. Si logra dar una mayor regularidad a su rendimiento y alcanza más contundencia en la definición estamos ante un hallazgo de época. Veremos. 

Ida y vuelta
En todo caso fue Jan Escala quien agitó el derbi. Perforó la portería de Martí Zapater a los cuatro minutos y se abrió la veda. No hubo respiro ni tregua, en un episodio inicial frenético, con intercambio de golpes, tensión y salsa picante. Idílico para un duelo de características punzantes. 

Esta vez, el Reus no se derrumbó cuando le golpearon. En lugar de instalarse en la depresión, se arropó en la firmeza del plan de partido que su entrenador había diseñado. Nadie se separó de la misión. En plena marejada de llegadas en las dos áreas, Garcia encontró auxilio en su banquillo, curiosamente en los jóvenes, a los que no les pesó el decorado ni tampoco les pudo la responsabilidad. Una noticia magnífica para el futuro. Ferran, con su pala, igualó el marcador, se besó el escudo con rabia y dinamitó al Reus, que desde el 1-1 no soltó las riendas del juego.

Con el desenlace en un alambre, Marc Julià halló un tesoro en tierra movediza, ya en el capítulo final. El ataque del Reus merodeaba el pasivo y el atacante se enredó en una aventura de apariencia estéril. Exhibió pillería entre un mar de defensores y Xano Edo, el arquero del Calafell, para culminar una acción mentirosa. El 1-2 dejó a los locales tocados.

Ferrran López, el técnico, exprime al máximo a los seis jugadores de pista que dispone, porque el fondo de armario ha quedado limitado por las inclemencias físicas. Quizás, el entusiasmo verdiblanco disminuyó ante un Reus más entero en este registro. Lo cierto es que el ritmo local nunca fue el mismo.

Compagno definió al ángulo la décima falta del Calafell, justo después de que Marín mandara al limbo otra. No lo lamentó el Reus, que se sentía fuerte. Su actitud defensiva se convirtió en otra de las llaves de la conquista. Se replegó como un ejército alemán.

Ni siquiera la diana de Xaus, también de falta directa, provocó tembleque en el rival rojinegro. Gelmà, tras un servicio excelente de Diego Rojas, y Compagno, ya cuando agonizaba el envite, certificaron una victoria de supervivencia y evolución del Reus, que completa dos semanas consecutivas de firmeza. Su rostro ha modificado el ánimo.

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