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El Reus salva un punto en una encrucijada

Tres goles de Marín en el segundo tiempo responden a la efectividad de los italianos y mantienen líder a los de Garcia (4-4)

Marc Libiano

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Los jugadores del Reus Deportiu celebran un gol ante el Viareggio. Foto: Reus Deportiu

Los jugadores del Reus Deportiu celebran un gol ante el Viareggio. Foto: Reus Deportiu

La efectividad de Marín y la rebeldía del Reus salvaron un punto para mantener el liderato en Europa, en una noche que se había vuelto una encrucijada. Viareggio planteó una de esas batallas de otro tiempo y llegó a poner en peligro la salud rojinegra.

En el mundo al revés, el Reus halló la ventaja pronto. A veces ocurren sobre una pista actos sin explicación. La inercia del juego llevó a Marín a gestar por fuera. Combinó  con Bancells y éste asistió al corazón del área. Casanovas convirtió como un artista circense. Tocó la pelota con dulzura a media altura. Casanovas y Bancells, dos actores de contención ejerciendo de definidores. Polivalencia lo llaman. 

Viareggio decidió protegerse con la defensa aculada, sin conceder espacios. Ni siquiera la desventaja le descosió. En cualquier resquicio, la escuadra italiana iba a golpear. Dispone de una nómina de elegidos que han vivido un millón de noches de incendio. Costa penalizó al Reus en una espalda que le cogió a Torra, cuando éste reclamaba, probablemente con razón, una falta en el origen. 

El exceso de cerebro llevó a los dos protagonistas a no desarmarse. Nunca abandonaron el libreto.Sólo hasta que amenazó respiro. La locura nació en una pena máxima que Casanovas no culminó. Una excepción en la regla. En la transición siguiente, Gavioli, de arrastre, situó en ventaja al Viareggio, que descorchó champán francés. Ventura hizo creer en la gloria a los italianos con un penalti que lanzó de cuchara.

Una exhibición de precisión de Marín ofreció al Reus aire cuando parecía bajo sospecha. Ya fue en el arranque del desenlace. En dos tiros directos especialidad de restaurante gourmet. Marín igualó con dos movimientos casi idénticos. Barozzí quedó vendido. El partido tomó aires de Champions. Incluso en la tensión de una pequeña pelea entre Torra y Mirko Bertolucci. Se pareció a lo que realmente significan estas noches europeas. La frialdad de l’Ateneu y la fecha, más propia de un parque de Navidad, le había quitado el encanto.

Gavioli mandó el partido al manicomio. Anotó después del amago de pelea. En eso, los italianos son unos maestros. Garcia encontró minutos de calidad en Àlex Rodríguez. El día que éste acabe la mitad de lo que genera se convertirá en un jugador de época.  La incompetencia de los jueces dibujó un final de esperpento. Con Costa en la mesa de castigados cuando sin ser culpable. Los equipos, desquiciados. Marín, en su bucle, decidió con la pala secuestrar un punto.

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