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El Reus se acostumbra a ganar

El equipo de Garcia conquista la Lliga Catalana por segundo año consecutivo tras vencer al Noia por 3-5. El técnico reservó a Albert Casanovas por unas molestias en la espalda

Marc Libiano

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El Reus se ha acostumbrado a ganar. Da igual que en qué escenario, da igual el lugar. Su historia le exige competir sin desmayo. También ganar. Lo volvió a hacer en la Lliga Catalana, el menor de los torneos, pero da igual. El equipo repitió el éxito de hace justo un año con el ADN que construyó el pasado curso. Jugadores habituados a regatear la presión, tipos que no han saciado su sed de conquistas. El nuevo tránsito se estrena como acabó el último, descorchando champán y a lomos de entusiastas con exceso de talento.

Ante el Noia, el Reus gravitó alrededor de Marc Torra, estratosférico. Participó en cuatro de los cinco goles, asumió responsabilidades cuando aparecieron las sospechas. Del nuevo libreto se intuye más cordura, aunque resulta imposible que Garcia pueda sujetar la voracidad por el ataque de este Reus. Tampoco lo pretende.

El Noia presenta un proyecto que mezcla generaciones antagónicas, aunque parece destinado a coronar el cuartel de elegidos. Varias disfruta de cuatro jugadores que pueden marcar el futuro. Nil Roca, Llorca, Martí Casas y Arnau Xaus gritan un lugar en el firmamento de estrellas. Precisan del valor final, el más decisivo, la madurez.

El Reus necesitó soportar la energía de un enemigo que además acertó en el primer bocado. Esteller forma parte de la vieja guardia de Sant Sadurní. Un interior puro, que no esconde sus virtudes. Todo lo que hace se halla dentro del cuatro enemigo. Huye de cualquier otra función. Esteller dispone de imán en su gancho. Acompañó a la red un servició cirujano de Nil, con el Reus desperezándose.

Los rojinegros precipitaron todos sus comportamientos, incómodos. Enseñaron deficiencia en la puesta en escena. Garcia, además, renunció por precaución a Casanovas, con dolencia en la espalda. El precoz Jan dispuso de espacio en la rotación. Torra, en una aventura contra el mundo, halló vida. Provocó un penalti que no fue de Nil y Bancells devolvió la fe con 1-1. Cambió el equipo, que modificó el paso al juego.

Bancells ha caído de pie en el Reus. Si no le hubieran presentado este verano, los puristas jurarían que ha vestido de rojinegro toda su vida. Ha aceptado el ida y vuelta, acostumbrado él a aquel Vic que se protegía y luego exponía. Sus prestaciones se arropan en el equilibrio. Además suma servicios en la bola parada. Torra creyó que se encontraba en Port Aventura cuando el Reus achicaba agua en una inferioridad. Ballart había sujetado la directa y con uno menos, el de Tordera inventó ventaja. Le respondió poco después Martí Casas, en un intercambio de golpes electrizante.

Con la amenaza del respiro, el Reus fue cerebral para atacar con criterio excelso una superioridad. Marín movió el triángulo rival y Álex sirvió de nuevo para Torra. Convirtió con una maniobra deliciosa. Remató a media altura cuando interpretó que Xus, el arquero del Noia, movía su rostro. Torra no desconectó en la caseta, tras un sorbo de agua, regresó al foco y creó de nuevo. Dividió a la defensa rival y sirvió al segundo poste. Esperaba Salvat. Clack. 2-4 y ventaja sideral.

El Noia derrochó personalidad para no destruirse. Se quedó para luchar hasta el segundo final. Mérito infinito. Obligó al Reus al desgaste, incluso le amenazó cuando Martí Casas, un interior diabólico, culminó desde la directa, especialidad de la casa. No le bastó, porque en el equipo de Garcia existen hábitos de supervivencia. También soldados que gestionan la agonía con una firmeza asombrosa. Incluso hubo espacio para que Salvat culminara el 3-5 con el Noia desbocado y sin armadura en la portería.

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